SIMON BLAIRAl parecer, se le olvidó que asuntos de igual trascendencia como la separación entre la Iglesia y el Estado, igualdad de derechos y condiciones para los ciudadanos, sin importar sus orientaciones ideológicas o sexuales, también están plasmados en ese revoltijo de papel.

Por: Simón Blair

Hace un par de días salió la noticia sobre las opiniones que suscitaron en el procurador Ordoñez el segundo punto pactado en las negociaciones que se vienen adelantado en La Habana para poner punto final al conflicto armado con las FARC y ya era de suponerse lo que veríamos salir de su sacra boca: no ve por ningún lado un adelanto en este segundo pacto ya que todo lo tenía propuesto y en legítima compostura, la Constitución. Como si un papel (bonito, eso sí) pudiera determinar las acciones que los funcionarios públicos deben cumplir (y que deberían); pues se ha visto desde siempre que con o sin una Constitución Política se hace lo que mejor convenga.

Lo gracioso de las declaraciones del señor procurador es que promulgue lo que él nunca ha promulgado y más cuando se nota a leguas su desinterés en lograr el fin del conflicto armado. Ya lo había dicho antes, cuando por ejemplo, insultaba a Petro con las mismas palabras que él tanto odia: aborto, drogas, laicismo, igualdad y libertad. Ahora viene con el cuento de que no es nada sorprendente un acuerdo de participación política porque ya estaba estipulado. Al parecer, se le olvidó que asuntos de igual trascendencia como la separación entre la Iglesia y el Estado, igualdad de derechos y condiciones para los ciudadanos, sin importar sus orientaciones ideológicas o sexuales, también están plasmados en ese revoltijo de papel.

¿Qué viene entonces a pelear el procurador? Él, el inquisidor, también es el dueño de la contradicción. Imaginemos por un momento que se llegue a establecer el matrimonio gay pero sin condiciones; esto quiere decir una ley sólida que no permita a ningún luchador medieval como Ordoñez intervenir en estos asuntos, ¿qué podrá decir él? ¿Que no le sorprende porque ya estaba escrito en la Constitución política? Ni mucho menos, casi con certeza seremos testigos de su lucha contra ese estatuto como ya lo ha venido haciendo con las primeras parejas homosexuales que se casaron en Colombia, hasta el punto de perseguir la unión. Así que es poco lo que debemos creerle y podemos conjeturar que lo único que busca es hacer propaganda barata que, en un país conservador y católico, no dudarán en creerle.