ANDRES CALLE (MAMBRE)Aprenderemos a decir las cosas claras, a tener paciencia, a escucharlos y saldremos fortalecidos. Será un debate digno. No podemos insultar ni caer en trampas de palabras.
Por: Andrés Calle Noreña
Hoy, en Colombia,vamos a decir, a desear, a sentir, el Pacífico año nuevo que nos llega.
Decir y desear próspero año nuevo, además de ser un lugar común, no nos lleva a cuestionar ciertas prosperidades mal habidas, concentradas y que no son democráticas, que se aprovechan de lo público. Aquí hay gente próspera, a la que no le interesa la suerte del país, a quienes les va bien aunque al país le vaya mal. Qué bueno que una gran mayoría viva mejor, que tenga condiciones para tener la vida querida. Sí es bueno que haya prosperidad, pero es más deseable que haya un país en el que la gente tenga derecho a lo elemental, a satisfacer sus necesidades básicas, a tener seguridad alimentaria, agua, a educarse, a trabajar, a tener salud, a pensar distinto… éstos son imponderables, algo que no se consigue sólo con dinero y es algo que los más ricos, los prósperos y envidiables, no generan, no aportan.
Lo que necesitamos ahora es paz, es el verdadero sueño, el imaginario, la cultura, que debemos alentar.
Éste será el año para aprender retórica y argumentación. Para poder confrontar a las aves de mal agüero, a los que se les ocurre oponerse a unos acuerdos de Paz y los que tuercen sus frases para pedir justicia, cuando sólo quieren mantener los privilegios de quienes ven la guerra desde lejos; de quienes ni se inmutan delante de las víctimas.
Aprenderemos a decir las cosas claras, a tener paciencia, a escucharlos y saldremos fortalecidos. Será un debate digno. No podemos insultar ni caer en trampas de palabras.
Como algo nunca antes visto, tendremos acuerdos entre dos partes que no estuvieron vencidas. No es una derrota ni una victoria. La paz impuesta sobre los derrotados, encarcelados, abatidos, no dura y puede ser aterradora. Ésta es una paz que no conocemos ni imaginamos, que deja a los contendores vivos y que no se basa en la humillación y en la venganza.
La paz será incompleta, imperfecta, compleja. Pero será real, efectiva, cierta. Será de todos o no será de nadie. No nos vengan a decir que es un cuento de una sola persona, que le conviene a fulano. Tiene que ser pública, es un gran proyecto de nación.
La vida será diferente, podremos sentarnos y conversar con antiguos enemigos, en vez de aniquilarnos, descubriremos su ser de personas y los invitaremos a la reconciliación, a la producción y a la creación, a la cultura y al arte, a la economía y la política.
Todo será para decirle sí a la Paz y para sembrar esperanza. Todo será para estrenar la democracia.
Que a todos se nos venga la paz encima, como un aguacero benéfico. Vendrán dificultades y nuevos conflictos, pero habrá respeto y dejaremos que los que no son como nosotros, que no son de los nuestros, también vivan,  y la guerra no será ni una empresa ni una alternativa ni tendrá futuro.
Tendremos que cambiar los lenguajes y las representaciones. Hay demasiado odio, miedos y rabias. Nos tendremos que transformar desde adentro hacia afuera. Si no es ahora, ¿entonces cuándo?, ¿cuántos muertos nos faltan? Que digan que No, si les place y les conviene, nosotros saldremos a decir que Sí, no para apabullarlos sino para regalarles lo mejor que tenemos, nuestros frutos maduros y nuestro deseo sincero de paz.
¡Pacífico Año nuevo!