Pereira, muchos comunicadores y pocos periodistas

Preocupante es la situación que vive la capital risaraldense en la materia. Mientras las organizaciones nutren sus oficinas de comunicaciones con personal nuevo y calificado, la escasez de medios de comunicación en la ciudad hace que cada vez más periodistas decidan marcharse a otras latitudes, perjudicando la posibilidad que exista un entorno crítico en el municipio, más allá de los sesgos ideológicos. 
 
Por: Carlos A. Marín
La desaparición de La Tarde sigue pesando en el ámbito periodístico de Pereira; al sol de hoy el único medio impreso es El Diario, realidad que afecta a los ciudadanos y todo lo que impacte su calidad de vida en esta ciudad.
La Tarde nunca fue garantía de periodismo crítico; sin embargo sus páginas lucieron como ventanas para ofrecer registros desde perspectivas diferentes a lo que pasaba en la ciudad, por eso su muerte se lloró y se seguirá sintiendo.
El creciente número de comunicadores que sirven a las organizaciones públicas y privadas representa un avance para la profesión del comunicador, es un momento plausible en la joven historia de esta figura, pues hace más de una década su responsabilidad dentro de una empresa estaba en la carpeta de necesidades en duda. 
Las relaciones públicas, las redes sociales, las campañas de comunicación internas y externas han cobrado una validez especial dentro de las metas de las compañías, es por eso que el perfil del comunicador es cada vez más requerido; pasó de ser el responsable de los cumpleaños, a orientar las relaciones bidireccionales entre su organización con los clientes, ciudadanos u otras empresas con intereses similares.
Lo preocupante del asunto es cuando en una ciudad existen más comunicadores que periodistas, o en el caso concreto, más comunicadores dispuestos a respaldar a toda costa a sus organizaciones por encima del sentir común, afectando no solo a sus jefes inmediatos, también a su alcalde, gobernador, representante de organización y sociedad civil. 
 
¿Por qué?
No dejan buenas sensaciones el que desde las oficinas de comunicaciones se quieran maquillar, defender o justificar de manera cínica y descarada posiciones que desde el entorno social no caen bien por su impacto negativo.
Están perjudicando por partida doble. Primero, a sus jefes, y, segundo, a quienes les pagan.  Acaso, ¿está el comunicador olvidando la esencia de su profesión?
El comunicador debe servir como medio, puente que emita mensajes tanto por los intereses de su organización como por los intereses, en este caso, de la sociedad civil. Mas que la propaganda de los logros obtenidos, es hacer llegar el mensaje de los disgustos sociales a su jefe, sea dirección de comunicaciones o mismo Alcalde.
En ese sentido se debe apelar a resaltar la diferencia entre el comunicador que sirve a la empresa privada y al comunicador que presta sus servicios al Estado. El primero, un poco más libre de todo mal. 
No suena bien, pero es necesario recordar, que las oficinas de comunicaciones de cualquier entidad que subsista con dineros del erario son pagadas por los ciudadanos. Así como el presidente, los ministros, congresistas, alcaldes y gobernadores. Todo lo que se contrate de esos rangos hacia abajo, se hace con dinero de los colombianos; la diferencia radica en la responsabilidad y el nivel de exposición. Los comunicadores de organizaciones públicas también son servidores públicos por mucho que deban el puesto a cuotas políticas y quieran a través de su ejercicio asegurar el próximo periodo.
De manera lamentable percibo cómo se tornan radicales en sus visiones y se convierten en piezas tan estratégicas que pierden su ética profesional a la luz de los intereses que defienden. 
Comunicadores que te saludan de mil amores en una rueda de prensa  (de acuerdo al protocolo de atención y relación con los medios de comunicación), pero que en la calle te evitan, generando momentos incómodos y de sorpresa.
Existen quienes a cabalidad con lo dispuesto en su profesión hacen todo lo posible por hacer llegar las inconformidades, detallan su labor, y aún cuando son cuotas políticas, no se olvidan de la responsabilidad con esa importantísima sensibilidad social que se debe despertar cuando se trabaja para el Estado. ¡Aplausos!
Por otro lado, el periodismo crítico sin nacer puede perder la vida en esta ciudad. Son contadas las propuestas alternativas que intentan llenar ese vacío, entre ellas resalto este admirable portal, que sin importar si me publican o no cuando ofrezco mis trabajos, representa una voz distinta.
Lo anterior está estrechamente ligado a los medios. Cuando en la ciudad solo hay un impreso de circulación diaria y múltiples emisoras que te exigen cumplir con cupo para laborar, todo lo que suscita un trabajo serio, responsable y a fondo, se torna complicado. 
Luego este panorama propicia que la crítica se haga más evidente por otros canales u orígenes, como los partidos políticos, es decir, una crítica sesgada ideológicamente.
En Pereira existe una abundancia de la crítica partidista, pero escasea la crítica periodística porque nuestros comunicadores están sirviendo a las organizaciones. ¿Cómo lo hacen? Es una pregunta individual que cada quien se debe plantear de acuerdo al grado de sensibilidad social que tenga, pues en algún momento decidieron ser parte de las Ciencias Sociales, Humanas y de la Educación. Y esto por aquí no da plata.