Daniel Silva Orrego, joven columnista de este medio, realiza denuncias públicas a través de su espacio, las cuales ha llevado con éxito ante la justicia, valiéndose además de su condición como estudiante de Derecho. Ya son cuatro los concejales de Pereira que han perdido su investidura debido a las acciones legales que Daniel instauró, al igual que la pérdida del cargo por parte de un exdirector de la Carder –Corporación Autónoma Regional de Risaralda–. Como si fuera poco, también otros actores políticos tienen en curso procesos por las aparentes irregularidades cometidas, incluso con un fallo próximo a decidirse contra un senador de la República. En los casos reseñados, los procesos judiciales se originan en las denuncias periodísticas y legales de Daniel.

Denunciar, señalar que el rey va desnudo, es una huella del mejor periodismo, del verdadero, de ese que vale la pena hacer. Otra cosa es servir como relacionista público del poder, una respetable labor profesional que es indecente disfrazar como periodismo, pues no lo es.

Por ello alarma que el columnista haya sido amenazado con arma de fuego en su residencia, según denuncia del propio afectado. Pero no es el único hecho, el año anterior fue objeto de seguimientos y hostigamientos, los cuales se dieron a conocer en su momento ante las autoridades y la FLIP. Como suele suceder en Colombia con estos casos, la investigación fue archivada y la protección solicitada nunca llegó por parte de la Unidad Nacional de Protección (UNP). Todo ello a pesar del evidente peligro que corre quien ha llevado tan lejos sus denuncias contra la clase política local.

Pero cabe hacer un alto para dos aclaraciones. No faltará quien haga reparos porque Daniel es columnista y cree, erróneamente, que no es periodismo. Esa discusión ha quedado zanjada en el pasado y el papel de Daniel como articulista se identifica con la labor periodística, según todos los fallos nacionales e internacionales. Otra objeción es señalar su afinidad por un partido político –el izquierdista Polo Democrático Alternativo, en este cao–, algo absurdo, debido a que sería como exigir ausencia de afinidades ideológicas para quienes ejerzamos el periodismo. Además, Daniel no hace apología de su partido en las múltiples columnas publicadas.

Luego de estas necesarias aclaraciones, conviene resaltar que el único compromiso real del periodismo es con la sociedad, con nadie más. La lealtad con el poder o con el respectivo medio no son prerrogativas que puedan imponerse para silenciar la información, mucho menos para desdibujar la realidad con el fin de beneficiar a los poderosos que abusan de sus cargos, una viciosa costumbre en Colombia y buena parte del subcontinente latinoamericano. Hoy, más que nunca, se necesita un ejercicio periodístico que denuncie, ante las evidentes arbitrariedades observadas en todas las ramas del poder público, incluso en la justicia misma, sumadas estas a la alarmante corrupción en el sector privado.

Las denuncias de Daniel han sido tramitadas en Derecho, siguiendo todas las legalidades e instancias exigidas y, asimismo, fueron falladas a su favor. Él asumió como ciudadano y columnista una labor que en la actualidad el periodismo convencional elude: desnudar las arbitrariedades de quienes abusan del poder. Daniel tiene en jaque al poder local, algo que no ha logrado el periodismo de la región. Ese, tal vez, es su mayor logro y el origen de las amenazas. Personería, Fiscalía y UNP ya fueron notificadas con la denuncia formal. ¿Qué esperan las autoridades para ofrecer las garantías necesarias y tomas las acciones que permitan aclarar estos hechos? ¿Habrá que esperar un no deseado desenlace lamentable para que se haga algo con el fin de proteger a alguien que actúa en defensa de lo público, de los intereses ciudadanos? Esperemos que no sea así.