Miguel angel lopez“Las realidades ficticias de la televisión condicionan el comportamiento y la forma de pensar del pueblo a los héroes de las telenovelas. Es el arma más funesta y peligrosa que puede contar un sistema: distrae a la gente de su realidad; la tv cumple esa función”: Pepe Sánchez.

Por: Miguel Ángel López

Leyendo un ensayo escrito por Fabio López de la Roche llamado La ficción y la información noticiosa televisivas de los 70 a través del prisma de la revista “Alternativa”, publicada en la edición número 27 de la revista Folios, me entra una duda. Esta revista de izquierda liderada por Gabriel García Márquez, Antonio Caballero y Enrique Santos Calderón representó una fuerte crítica a la televisión de los años 70 en el país.

Unos llamados enlatados, los cuales se pueden explicar como series basura de Estados Unidos con una larga fecha de vencimiento, llenaron la televisión nacional. Series como Batman, Lassie y La familia Ingalls eran seriados que el público colombiano veía cuando no tenía nada mejor qué hacer, o teniéndolo y buscando algo más en qué emplearse.

Sin embargo, la revista Alternativa tomó un papel crítico frente a este aspecto de la vida nacional, entre muchos otros. El medio publicaba caricaturas, columnas y hasta entrevistas con los mismos personajes de la televisión que confirmaban lo mala que ella era.

En un artículo publicado en Alternativa, llamado Hablan los actores, Pepe Sánchez, Rebeca López y Julio César Luna comentan acerca del efecto alienante de la televisión.

 “Entre nosotros la televisión es un vehículo de alienación. Enajena a la gente. La aleja de su realidad. Distorsiona la mentalidad de las clases pobres (…) Las realidades ficticias de la televisión condicionan el comportamiento y la forma de pensar del pueblo a los héroes de las telenovelas. Es el arma más funesta y peligrosa que puede contar un sistema: distrae a la gente de su realidad; la tv cumple esa función”: Pepe Sánchez.

Hoy por hoy, más de treinta años después, la televisión sigue siendo el mismo motor de alienamiento. La única diferencia es que las pantallas se hicieron más grandes y delgadas, la gente tiene Internet en el televisor y hasta pueden usar gafas para ver, como tres canales, en tercera dimensión.

Pero bueno, digamos que esto es normal. Que los Gobiernos siempre van a usar los medio masivos para manipular, que la televisión va a presentar basura solo para hacerse ricos  y que el público va a ceder frente al efector narcótico televisivo.

Es normal que veamos telenovelas venezolanas, mexicanas, argentinas y coreanas (coreanas, gente, por dios). Tampoco es razón de alarma que los temas centrales de los amados programas del prime time, o sea después de las noticias de las seis, sean sobre violencia, narcotráfico y una pareja que es completamente inútil y de malas a la hora de estar juntos.

Es normal que una serie, por más mala o menos mala, digo buena que sea; cueste entre un millón y medio, hasta 35 millones de pesos,  por capítulo. Digamos que es normal.

¿Pero qué pasa con los periodistas? De izquierda, derecha, uribistas, santistas, santodominguistas, rojos, azules, verde o rosados; quienes sean. ¿Qué pasa con el hecho de que ya no  se ataca la televisión? ¿También hemos caído en el opio del pueblo? Tal vez nos hemos anestesiado con la televisión basura, como lo hemos hecho con los muertos y la violencia en el país, nos parece lo más de normal.

Pero está mal, porque la gente debería conocer más del Paro Cafetero, Camionero o Cacaotero, que de a qué horas es su novela preferida. La gente debería preguntarse sobre la muerte de Chávez, no sobre qué le va pasar a cualquier pelmazo que se fue a vivir a España.

Se invierten millones y millones de pesos en una televisión que droga a los colombianos (de razón la fama de narcotraficantes) y ahora los periodistas hemos caído ahí también.  Estamos conectados a los televisores y adormilados frente a este titán mediático.