Manuel Ardila (BN)Walter Cronkite, el legendario periodista estadounidense, se consideraba a sí mismo como un “simple” presentador de noticias y jefe de redacción…

 

Por Manuel Ardila

En Colombia hay toda clase de periodistas…

En Colombia hay periodistas que venden sus espacios y sus opiniones al mejor postor, periodistas a los que les corrigen las notas jefes de grupos armados al margen de la ley, periodistas con agenda política propia, periodistas que consideran que una citación a declarar de la Fiscalía es perseguir a los medios, periodistas que piensan que su opinión personal (no solicitada en muchas ocasiones) es la cereza del pastel informativo, periodistas que se van, periodistas que llegan, periodistas que en el mejor de los casos se podrían identificar como “sastres de la mentira”, periodistas que se postulan a alcaldías, políticos que alguna vez fueron periodistas, políticos que no pierden oportunidad de recalcar que alguna vez fueron periodistas, periodistas que se desnudan para una revista, periodistas que se hacen cirugías estéticas por una revista (y por el periodismo, según dicen), periodistas que tiran la piedra y esconden la mano desde el exilio, periodistas que se agarran con otros periodistas en las redes sociales, periodistas con amigos poderosos, periodistas que presumen de no tener amigos poderosos, periodistas que ocupan primeras planas en medios por razones extraperiodísticas, periodistas que son demandados, periodistas que demandan, periodistas con hinchada, periodistas sin hinchada, periodistas que convierten textos periodísticos en relatos literarios, periodistas hijos de otros periodistas, periodistas que tienen hijos periodistas, periodistas por gusto, periodistas por descarte, periodistas que escriben libros de marcados rasgos sensacionalistas, periodistas, periodistas y más periodistas…

En Colombia de un tiempo para acá hay muchas clases de periodistas (y muchos periodistas, en general. Según el Ministerio de Educación, cada año salen de las universidades colombianas 4.500 nuevos periodistas y comunicadores sociales), aun así considero que debería haber una sola clase de periodista en la definición más básica de la palabra.

Walter Cronkite, el legendario periodista estadounidense, se consideraba a sí mismo como un “simple” presentador de noticias y jefe de redacción, también consideraba que el deber principal de un periodista era informar, presentar los hechos de la manera más fiel posible y dejar que las personas que generosamente le prestaban su atención tomaran sus propias conclusiones.

La opinión (entendida desde su acepción más básica posible) es también necesaria, eso no se puede negar, pero ahora me llegan los recuerdos de una conferencia de Otto Morales Benítez a la que asistí, donde dijo que la labor de un columnista, un “formador de opinión”, era ayudar a sus lectores a comprender al mundo y a sus hechos. Este concepto implica una gran responsabilidad para el opinador que debe procurar analizar los eventos al detalle y verlos desde todas las perspectivas como un acto de respeto hacia el lector, como un acto de agradecimiento a la persona que generosamente ha decidido leer su escrito y otorgarle su confianza.

Todo parece indicar que muchos periodistas colombianos, profesionales de renombre, han olvidado su compromiso con el receptor de su mensaje en un grado u otro, y han decidido engordar sus billeteras o sus egos a expensas de la confianza del lector, de la otra parte importante de la ecuación de la información.

ADENDA: No se debe pasar por alto que en el país hay periodistas que cumplen cabalmente con su deber de informar, ni tampoco se debe pasar por alto que siguen siendo amenazados y asesinados todos los días por aquellos que creen que esa sencilla labor es el mayor acto de subversión.