No admitir que hay otro tipo de prácticas políticas diferentes a las institucionales y a toda esa lógica de partidos, elecciones y ejercicio burocrático, es no aceptar la pluralidad como una forma de debate.

Por: Leandro Toro Valencia

Estamos en un país donde la política solo es entendida desde sus prácticas tradicionales y sobre todo desde esas prácticas antiéticas como la corrupción, los escándalos, los robos o los nexos con grupos ilegales. Política no es más que sinónimo de una actividad que no es para todos, es para unos pocos que pueden llegar a cargos burocráticos y que tienen la habilidad de penetrar en un círculo limitado únicamente a algunos apellidos históricamente. Lo que no se nos dice es que hay formas alternativas de participar en el ejercicio político.

Hoy los jóvenes tienen discursos y prácticas que visibilizan su pensamiento político. Lastimosamente ha sido la política tradicional y las visiones que se tienen de ella las que invisibilizan estas prácticas que son tan valederas a la hora de construir opinión. Muy acertada es Rossana Reguillo[1] al advertir que “la música, las expresiones culturales, las formas de trabajo autogestionario, los frentes de solidaridad, el uso del cuerpo, la toma del espacio público, son modos de contestar al orden vigente y formas de insertarse socialmente”.

No admitir que hay otro tipo de prácticas políticas diferentes a las institucionales y a toda esa lógica de partidos, elecciones y ejercicio burocrático es no aceptar la pluralidad como una forma de debate. Hoy se tacha a los jóvenes de bandidos, callejeros, rebeldes o izquierdosos resentidos, y se les toma solo como una población a la cual hay que asistir. Desgraciadamente nunca se les ve como iguales, como interlocutores válidos a la hora de  hablar de temas de interés público y sus puntos de vista son los menos válidos.

Hoy los jóvenes a través de sus expresiones artísticas, culturales y sociales proponen muchas soluciones a problemas que aquejan la nación. Hoy la juventud propone nuevas cosas y esos espacios de diálogo deben abrirse bajo el principio de la pluralidad y no exigiendo que se hable solo en términos de política tradicional. Hoy los jóvenes hacen una política alternativa que es más cercana a las calles, a los problemas sociales, a la realidad de los colombianos. Ejercicios como el de la MANE a nivel nacional, Convivencia Rock a nivel regional o el de la casa pintada en el sector del Balso en Pereira, muestran que los jóvenes tienen y deberían seguir teniendo ese impacto positivo en la comunidad y en los problemas de nuestra nación.


[1] Doctora en ciencias sociales, docente e investigadora en el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, en Guadalajara, México.