JHONNY GARCÉSSeafield ha agotado su presupuesto adquirido a través de deudas en fondos de inversión. Buena parte lo usó para promover sus aparentes “buenas pretensiones”. Se inventó empleos temporales por periodos de tres meses, alardeando tener una planta de 300 empleados.

 

Por: Jhonny Garcés

Desde el 2005 las multinacionales vienen sonando las campanas de su llegada. Promesas de inversión y mejores condiciones de vida para la población eran el pan de cada día; pero de ese pan no se vieron ni las migajas. La Seafield desembarcó en el 2009 en Quinchía. En el 2012 inició exploraciones en la vereda Miraflores; donde proyectó 1,9 millones de onzas de oro equivalentes a 4,6 billones de pesos. Con este estimado ha venido especulando en el mercado bursátil.

Pero si hay tanta riqueza y es un super negocio, ¿por qué el pasado 4 de septiembre la Seafield se acogió a la ley 1116 de 2006 (régimen de insolvencia empresarial)? ¿Por qué están renunciando sus máximos directivos? ¿Por qué el 9 de septiembre la Corte Superior de Justicia de Ontario, Canadá, le nombró como receptor y administrador de todos sus activos a la firma KPMG Inc. por petición de su acreedor Sudafricano RMB Australia Holdings Limited?

Sucede que la Seafield, como las grandes transnacionales de la minería, hacen parte de una burbuja especulativa que ha estallado. La locomotora minera con la que el gobierno Santos I les permitió pasearse como dueñas del país, se descarriló. Ahora el enfoque del gobierno de Santos II, ya está puesto en la locomotora de los agronegocios y los megaproyectos viales 4G.

Seafield ha agotado su presupuesto adquirido a través de deudas en fondos de inversión. Buena parte lo usó para promover sus aparentes “buenas pretensiones”. Se inventó empleos temporales por periodos de tres meses, alardeando tener una planta de 300 empleados. Pero el impulso no le duró ni un año; lo único que dejó fue un fenómeno de inflación que persiste en Quinchía. Encareció el costo de vida y los arriendos.

Todo se hizo con chequera prestada. Compró un título minero por $6.000 millones. Nunca le importó que en la zona hubiesen 280 mineros con una tradición de más de 30 años y que nada tenían que ver con los 38 mineros de la Asociación de Mineros de Miraflores que vendieron el título. En su afán por especular en la bolsa con el oro de Miraflores, Seafield avanzó estrepitosamente. Intentó confundir a los mineros y la comunidad, pero el tiro le salió por la culata. El tan anunciado mundo de la abundancia para todos, nunca llegó. Para la muestra está la incapacidad de la Seafield para atender a estas 280 familias de mineros tradicionales; en más de dos años de negociaciones, no han podido llegar a ningún acuerdo.

Lo cierto es que a pesar de que camina por los linderos del embargo, que no tiene efectivo y tuvo que dar 15,6 millones de acciones a sus funcionarios para que no se fueran y que no ha podido pagar ni la primera cuota ($402.317 dólares canadienses) de su enorme deuda (16,5 millones de dólares canadienses) con RMB, Seafield sigue sonando campanas.

Con la idea de si no es para mí no es para nadie, Seafield continúa con los amparos administrativos para el desalojo de los mineros tradicionales de Miraflores, las autoridades acuden invidentes al apoyo de este “gigante” en crisis.

Asistimos entonces ante un nuevo fracaso de Santos de vender el país a las multinacionales mineras. Queda claro que son los mineros tradicionales, los agricultores, las comunidades indígenas y los comerciantes, los verdaderos pilares de la prosperidad de Quinchía. Ahora serán ellos los que toquen las campanas que sí tienen algo por ofrecer.

FUENTE: http://www.sffresources.com/news/2014/

*Director Ejecutivo Federación de Mineros de Caldas y Risaralda