Estoy segura de que no, porque normalmente entre iguales hay respeto y se guardan las distancias. Ese acto agresivo de autoridad solo se utiliza frente al que se considera inferior, frente al dominado.

Julio 18 de 2017

Por: Gloria Inés Escobar:

Realmente indigna que a las mujeres se nos quiera seguir manipulando como marionetas; que se nos quiera seguir instruyendo sobre aquello que podemos o no decir, hacer y pensar; que se nos quiera seguir ordenando, franca o veladamente, cuándo debemos o no, hablar; que se nos quiera seguir imponiendo un modelo único de vida que ha demostrado hasta la saciedad, ser perverso en la mayoría de los casos: la familia patriarcal; que se nos siga formando en el silencio y en la aceptación de la voluntad y deseo del hombre.

Realmente enfurece el gesto agresivo e irrespetuoso de Juan Dabdoub, presidente del Consejo Mexicano de la Familia, quien ante el intento de una mujer de formular una pregunta frente a las declaraciones ultraconservadoras que estaba dando uno de los integrantes de la organización Citizengo al Semanario 7 días en Tepatitlán (Jalisco), en un Facebook Live, le tapa la boca con su mano. Agresión que fue reforzada por una mujer, al parecer de la misma organización, al tachar de irrespetuosa a la decidida mujer que quería interpelar al declarante.

El distinguido presidente del Consejo Mexicano de la Familia, estaba participando en la campaña que la organización Citizengo (la nueva marca de Hazteoir, organización de ultraderecha), estaba llevando a cabo en las ya conocidas giras del bus naranja que lleva en sus costados diversos mensajes acordes con su ideología. Bus, que van paseando por diferentes ciudades del mundo, incluso por Bogotá, los autoproclamados defensores de la vida, la familia, la dignidad de la persona y la libertad.

No solo indigna y enfurece el acto sino que se constituye en una palpable evidencia de lo que tanto hemos denunciado pero muchas personas creen que no es cierto: las mujeres seguimos siendo tratadas como seres de segunda categoría. El asunto no es un invento de quienes defendemos los derechos de la mujer, ni es el producto del resentimiento. No, la discriminación y el desprecio por la mujer siguen vivitos y coleando en nuestra sociedad. Yo me pregunto si el honorable concejal hubiera actuado igual si la interpelación hubiera provenido de un hombre, si hubiera sido capaz de ponerle la mano encima, como lo hizo con la mujer. Estoy segura de que no, porque normalmente entre iguales hay respeto y se guardan las distancias. Ese acto agresivo de autoridad solo se utiliza frente al que se considera inferior, frente al dominado.

Pese a todo no es de extrañar que quienes dicen defender la familia, traten a la mujer, pilar central de ésta, como a un trapo sucio, al fin y al cabo como lo dice el acervo popular expresado en una famosa canción, las mujeres no somos más que azuquita pa´l café; y lo sostiene gran parte de la intelectualidad, la mujer está hecha especialmente para agradar al hombre (Emilio, o De la educación de J.J. Rosseau).

Así pues, el acto de marras no es más que una consecuencia directa de ese pensamiento machista que se respira por todos lados: es además, una conspicua demostración del respeto y consideración que tienen los grupos ultraconservadores hacia la mujer a pesar de todo el discurso melifluo que sobre ella despliegan en todos los medios. Y ante esto hay que decir NO MÁS.

Ya basta de tolerar tanto atropello, tanta arrogancia, tanto manoseo, tanto irrespeto, tanto maltrato. Ya no más reverencia y respeto a quienes van por el mundo rescatando las más antiguas y patriarcales tradiciones. Sigamos el ejemplo de la valiente mujer que no se quedó callada y exigió respeto. Digámosles sin miedo y con fuerza a todos los Dabdoub que nos rodean, sean estos padres, hermanos, hijos, compañeros de vida o amigos: quiten sus malditas manos de nuestra boca. Las mujeres podemos hablar y pensar por nuestra cuenta, no somos marionetas. Las mujeres tenemos nuestra propia voz y aunque no quieran tendrán que oírla.

 

Por Gloria Inés Escobar Toro