MARGARITA CALLE-1Ojalá que la conmemoración del Sesquicentenario de la ciudad en 2013 sea una oportunidad para repensarnos con honestidad, aportando reflexiones en las que se apueste por construir un sano equilibrio entre pasado, presente y futuro, sin caer en facilismos chovinistas ni en progresismos utópicos, que nos desvíen aún más de la realidad que tenemos.

Por: Margarita Calle

Impulsados por el espíritu que anima estos tiempos, habitantes de diferentes ciudades de Colombia se han pronunciado sobre el pobre ingenio y la escasa planificación con la que se asumió la preparación de estos espacios para las festividades del mes de fin de año. Dado el pragmatismo que nos caracteriza, imagino a los responsables de estos temas priorizando otros asuntos por considerar que invertir dineros públicos o gestionar recursos privados para transformar la cara de la ciudad durante un mes, puede ser suntuario y oneroso. Sin embargo, después de la experiencia de las tres últimas administraciones de Pereira y del palo que recibió la actual, esperemos que el próximo año las cosas cambien drásticamente.

Las ciudades son espacios que se actualizan en la medida en que son capaces de incorporar a sus dinámicas las preocupaciones, las demandas y los nuevos estilos de vida de los grupos sociales. Esto implica un cambio y una gestión permanente de los espacios públicos, en tanto son éstos los escenarios privilegiados para la socialidad, el encuentro colectivo y la práctica de la convivencia. Cuando estos espacios no se “cultivan”, es decir, cuando no se cuidan y proyectan de manera adecuada, la ciudad deviene caos, violencia e inseguridad.

Las voces de protesta que se han dejado sentir en Pereira, apuntaladas por la movilización simbólica realizada en el viaducto por un grupo de inconformes con la pobreza de nuestro alumbrado decembrino, señala un problema de fondo que merece ser trabajado por los responsables del programa de cultura ciudadana y de planeamiento urbano: la necesidad de una ciudad para el disfrute, que alimente la sensibilidad y el goce. Además de la falta de una visión prospectiva para que la ciudad se reconozca en sus nuevas temporalidades, es necesario frenar el deterioro acelerado que están sufriendo los espacios públicos; de otra manera terminaremos estimulando la creación de zonas de miedo y anonimato, en donde circular puede convertirse en toda una odisea para el ciudadano.

Ojalá que la conmemoración del Sesquicentenario de la ciudad en 2013 sea una oportunidad para repensarnos con honestidad, aportando reflexiones en las que se apueste por construir un sano equilibrio entre pasado, presente y futuro, sin caer en facilismos chovinistas ni en progresismos utópicos, que nos desvíen aún más de la realidad que tenemos. La nostalgia con la que algunas personas miran estos tiempos, es tan dañina como la euforia con la que otros interpretan los nuevos estilos de vida y las innovaciones del momento. Pereira es una ciudad bastante joven en la que, gracias al espíritu liberal que esa juventud aporta, las ideas germinan con facilidad cuando tienen el impulso de la razón y la emoción, en las dosis requeridas. Esperemos, entonces, que en el año nuevo sea el tiempo propicio para que las buenas ideas tengan eco y aporten para el mejor bienestar de todos.

Feliz año!