kevin marinCon un discurso que duró poco menos de media hora, una atiborrada Plaza de Bolívar aún celebrando la Navidad y miles de transeúntes que pasaban por allí para curiosear, el nuevo alcalde de Pereira, Juan Pablo Gallo Maya, se posesionó ante la ciudadanía y los medios.  

Por Kevin Marín

Yo, que asisto por primera vez a un acto de posesión, me sorprendieron algunas cosas que no dejé de pensar en ellas como exasperadamente anacrónicas. Después del punto culminante que sufrió la manera de concebir la política en la década de los 90 en Colombia, donde se rompió de golpe con la unión entre el Estado y la Iglesia, no pude entender cómo ahora- en una ciudad que ante los análisis de los especialistas era liberal y masónica- se sigue privilegiando en acto público la idea de un dios que, a pesar del carácter mencionado de lo plural y lo compartido, es esencialmente católico, rompiendo de tajo con el principio de la igualdad, máxime cuando se trata de un acto político que es en últimas un ejercicio ciudadano.

El evento inició a las 6:30 de la tarde, el discurso del alcalde inició a las 8 y terminó media hora después. Así que durante poco más de una hora -incluidos actos protocolarios y presentaciones musicales- se trató básicamente de una bonita misa que recibía el año nuevo.

Entiendo que puede parecer un poco exagerada mi preocupación, pues sabemos que la representación eclesiástica no pasa -al menos eso creemos- de la mera palabra y alocución religiosa en un estado de derecho que ya no debe compartir el poder ni conceder dádivas. Pero, precisamente, la política no puede existir para el beneficio público ni para la crítica cuando partimos de la idea poderosísima (y hasta inconsciente) de una única religión que, para colmo, “será la que guiará el destino y la inteligencia del alcalde y de la ciudad”, según palabras de John Ferney Araque, de la Diócesis de Pereira, que no representa a muchos pereiranos y pareciera descargar la responsabilidad de la política local en la lógica celestial. Si nos atenemos a los designios divinos en la tierra para el ejercicio de la política, entonces debemos decir que la divinidad ha sido un pésimo diseñador de planes de desarrollo.

La verdad es que no hay mucho qué decir. Además, por supuesto, de ciertas actuaciones que ya nos esperábamos con morbo. El alcalde saliente, Enrique Vásquez  Zuleta, fue abucheado por la multitud cuando entregaba a Gallo la Orden Cruz de los Fundadores como ciudadano ejemplar. En las cámaras siguió apareciendo con serenidad y poco movimiento. Impávidos, muertos en las sillas, estaban los ministros de Defensa y el de Industria y Comercio, además el Superintendente Pablo Felipe Robledo.

Gallo agradeció, en el inicio de su discurso, a algunos de sus padrinos y amigos políticos, César Gaviria, Samy Merheg, Didier Burgos, Diego Patiño Amariles y los impersonales “coroneles” que se encontraban presentes. Como primer acto de “cero tolerancia con la corrupción” -aquí se le subió el tono de la voz y la plaza rompió en aplausos-  presidió un acto simbólico donde conminó a su equipo de trabajo a cumplir con su deber de “cambio” y compromiso por Pereira.

Pasando del acto protocolario, el discurso tomó un incómodo aire secular mencionando a Darwin como artífice de su frase de campaña, “Ya llegó el Cambio”, y el usual lugar común que, sin embargo, no puede ser otro en los actos políticos. Lo cual, por supuesto, no merece mención, pues todos los tenemos grabados en lo más recóndito del cerebro.

Reiteró sus intenciones de crear una universidad pública en Cuba, la construcción del cable aéreo, el establecimiento de un gran parque, o “pulmón en la ciudad” donde se encuentra el Batallón San Mateo, un mínimo vital de agua potable, respeto por los derechos de los animales y otros temas espinosos como el del espacio público, donde, según sus palabras, debería conjugar “el derecho al trabajo, la seguridad y la movilidad”. No sorprendió su denominación enfática de ser un “alcalde de la paz”, pues ya era conocida su postura respecto a los diálogos de paz y la organización alrededor del posconflicto que debe encarar la ciudad, contando ya con su respectivo secretario.

Un discurso más, sin grandes sobresaltos, con palabras ya anunciadas, pero que esperamos que resulte efectivo en el cambio que se ha anunciado desde que comenzó su campaña. Será tarea de los medios locales -más aún con la próxima salida del periódico La Tarde- vigilar y sopesar los hechos de la nueva alcaldía. No querrá Gallo ser el próximo abucheado en el 2020.