Revictimización de las mujeres

Sin embargo, no hasta hace muy poco en Colombia se aceptó socialmente y sin sonrojo alguno la responsabilidad de las mujeres cuando los hombres acuden a la violencia como medio para acceder al cuerpo de la mujer.

 

ADRIANAGONZALEZCOLUMNAPor: Adriana González

Con estupor ha escuchado la ciudadanía colombiana, los argumentos presentados como medio de defensa judicial del Distrito Capital, en el proceso adelantado por la responsabilidad del Estado en el caso de Rosa Elvira Cely.

Sin lugar a dudas, resulta escandaloso escuchar en los medios de comunicación cómo las abogadas de la oficina jurídica de la Secretaría de Gobierno del Distrito de Bogotá, decidieron en la defensa del ente territorial, acudir a los argumentos de que la víctima por ser mujer adulta y conocedora de la peligrosidad de sus compañeros de estudio, en especial Javier Velasco, es la responsable directa de la tortura y posterior muerte a la que fue sometida por su victimario –hoy condenado por tales hechos a 42 de prisión–.

Podemos reconocer que ha sido un argumento recurrente en Colombia –en el caso de la violencia contra las mujeres–, establecer la responsabilidad de los hechos a la propia víctima, esto es: “revictimizar” a quien sufre un ataque brutal.

Ningún hecho justifica la violencia. Solo la legítima defensa es una justificación para que el uso de la violencia se acepte judicialmente en la exclusión de responsabilidad penal de un sujeto.

Sin embargo, no hasta hace muy poco en Colombia se aceptó socialmente y sin sonrojo alguno la responsabilidad de las mujeres cuando los hombres acuden a la violencia como medio para acceder al cuerpo de la mujer. Hace unos años “Andrés carne de res” justificó un abuso sexual en su restaurante, aduciendo que la joven víctima lucía una provocadora minifalda, que tal hecho ya la ponía en una actuación de seducción y no de víctima.

A un argumento similar acudió el ex-Defensor del Pueblo (Jorge Armando Otálora), cuando para defenderse de las acusaciones de acoso sexual a su secretaria privada, se justificó en una supuesta relación amorosa y en el hecho de estar enamorado

Lo anterior, junto a la nueva polémica demuestran que el machismo sigue vivo en este país. Más penoso aún es que los argumentos desobligantes para con una víctima que ya no puede defenderse de semejante afrenta, sean sostenidos por una mujer, quien no ve en Rosa Elvira a una víctima, sino a una victimaria de su propia situación.

Es un grave antecedente que en este país, el Estado desconozca la violencia sistemática que padecemos las mujeres. Violencia que no solo se evidencia en la discriminación laboral por razones de género, sino que lo más aberrante y cotidiano es que el cuerpo de la mujer sea tenido como un objeto, al que se accede o por las buenas o por las malas, es decir, es usado y luego tirado al aire como cualquier desecho de basura.

La violencia de género y el feminicidio son una realidad en este país. Muchos hombres acuden a la violencia física o psicológica para obtener de las mujeres sus deseos sexuales, desconociendo que tal actuaciones no son más que la expresión de la brutalidad machista.

La fortuna es que cada vez somos más conscientes como sociedad de que tales situaciones no admiten justificación alguna, y que la violencia machista debe ser una expresión erradicada en nuestro territorio.