La gente ya no come cuento de votar por quienes los han marginado y sus derechos negado. Tampoco se trata de gentes arrodilladas, de hecho, aquellos que nunca han votado, demostrarán como su voto puede valer y ya más de un millón setecientas mil cédulas fueron inscritas, cuando lo máximo habían sido trescientas mil y es muy probable, que por primera vez en la historia, cerca de 20 millones de votos se puedan obtener. 

Por: John Harold Giraldo Herrera

La nación colombiana se ha bañado, a lo largo de su historia, en un fango de sangre. Quienes han perpetrado el horror, es decir, las pocas familias que la han gobernado, han sido, por la defensa de sus privilegios, las generadoras de todo tipo de violencia. Colombia no ha experimentado una sola voz o representación distinta en el poder, los que se han aferrado al poder han conseguido hasta el sometimiento de las personas, a tal punto que defienden su orden. Cualquier brote emergente que medio postule la idea de atacar uno de los problemas de raíz: el reparto de la tierra, ha sido objeto de amenazas o de silenciamiento, hasta llegar a la muerte, en dos años, como se reporta, van casi 300 líderes sociales asesinados. Colombia es un país productor y su economía ha sido tan golpeada por esas clases, que el país lo han feriado y casi entregado al manejo de las multinacionales.

Han tenido siempre todo el poder y cada cuatro años intentan convencernos con sus discursos fofos y melifluos, sus voces desgastadas y sin ninguna credibilidad que el país va a cambiar, que llegó la hora para un nuevo aire en la sociedad y lo cierto es que, sus engaños, muestran que somos el tercer país en términos de desigualdad en el mundo, que posee una de las educaciones con muy baja calidad, que la inversión en ciencia y tecnología es pírrica, que las condiciones de vida de las personas no es el más favorable, que nos gravan con impuestos onerosos mientras a las grandes empresas y al gran capital les ofrecen todas las garantías y exoneraciones. Podríamos ser una nación influyente y próspera y lo que ha sucedido es un saqueo permanente, no contento con poseer todas las fuerzas de producción, en su manera de administrar han hecho añicos el erario y los índices de corrupción han escalonado en todas las instituciones del Estado.

Su criminalidad es de tal magnitud, que no les importa los índices de desnutrición y las muertes que a diario se causan por este flagelo. Nos aumentaron la edad para jubilarnos, el tiempo laboral, nos menguaron los derechos y los convirtieron en mercancía: la salud, la educación, la recreación y hasta la seguridad la tienen como un hecho de generar miedo, han provocado que desconfiemos y nos encerremos en nuestras propias casas. Nos han hecho retroceder condenando la diferencia y atacando el pensamiento crítico, con mentiras de que hay fantasmas que nos persiguen o que nos vamos a convertir en un país como Cuba o Venezuela, cuando existe un potencial institucional y una carta magna a desarrollar.

Casi extinguen la palabra Derechos Humanos y como si fuera un delito social masacran a los líderes de nuestra sociedad. Han aislado y confinado a los pueblos de origen, han inculcado el menosprecio por las comunidades afros, justifican la pobreza, mientras llenan sus abarrotes con nuestro sacrificio. Hemos llegado a tal punto, que ni siquiera creemos que algo pueda cambiarse.

Cuando se propone educación gratis, dicen que eso es imposible; cuando se postula ocho horas de trabajo y recuperar las horas extras, dicen que es un engaño; al proponer garantías de derecho, es como si nunca los hubiéramos tenido. En fin, han hecho, que ni siquiera creamos en una idea de país incluyente para la gente.

Cada vez que nos hemos levantado por exigir lo que nos pertenece lo que hemos obtenido es represión y violencia. Son ellos los que han gobernado, con sus políticas y planes, con sus leyes e instituciones, el resultado, no es el más favorable y lo que ha producido es una gran desconfianza, nunca ha votado más de la mitad de los habilitados, y se tienen cifras del 60 por cient de abstención.

La credibilidad no es la más indicada. Y ahora, no sólo las plazas han mostrado un fervor por la política, sino que hay una decidida resolución a participar, desde muchos polos, desde varios ámbitos, con grupos muy heterogéneos, integrando comunidades y sectores, como casi nunca se ha visto en la historia del país, de modo que esa, es la Colombia Humana, la que promoverá la paz y la justicia social, con reconciliación y con aprecio profundo por la vida.

Ahora, la semilla ha germinado, y como si fuera una gran primavera, la gente a las plazas se ha volcado, algunos dicen que es un indicador efímero y que otra cosa ocurre en las urnas, pero ya nadie puede obviar este levantamiento, esa fuerza encendida, esos cuerpos y ojos, esas manos y voces, esas energías que se han convencido en acompañar, desde todas las procedencias, no a un hombre, sino a un proyecto de nación, en los que, por fin, se han removido los cimientos, han vibrado las estructuras y se ha ofrecido una ilusión sincera y poderosa de transformación.

Apenas es como nacer a una democracia liberal. Una donde el ciudadano no viva excluido, donde su presencia no cause malestar y pueda acariciar el bienestar. Una donde no haya que mendigar, si no emplear las garantías con las que debió contar. Nos ha reventado la violencia y ha hecho una cantidad de estragos, y es apenas admisible, una justicia, perdón y reconocimiento de daños, así que esa Era de paz, permitirá que muchas generaciones aprendan a convivir, sobre todo, por contar con una sociedad de la que se sientan orgullosos.

Es un estallido que ya nadie puede apagar. Tuvieron que pasar décadas de infamia, años de horror y crueldad, miles de muertos y cientos de fracasos, muchos intentos y una desbaratada unidad, para que hoy de manera apremiante y multitudinaria nos sacudiéramos, recobráramos nuestro papel y lugar en la historia. Nos hicieron pensar que lo sustancial era la seguridad y que se requería una mano firme, y 16 años después, adoramos la imagen de un caudillo patético, desfigurado y que habla como si fuera el jefe de la mafia.

El resultado, más de diez mil falsos positivos, una concentración de la tierra en un puñado de familias, varios grupos armados al servicio de multinacionales y en contra de las poblaciones donde expropian la riqueza y se llevan los recursos naturales. La mano firme no tembló y permitió que una clase de terratenientes tuviera el control de los minerales, como las esmeraldas, el oro, el petróleo y ahora el coltán. Nos invadieron de miedo y casi impiden que nos siguiéramos organizando.

En Colombia nada va a ser lo mismo, porque ya asumimos nuestro destino. Esos millares que hemos acogido con propiedad las consignas: “a mí no me pagaron yo vine porque quise”, o el de evitar el triunfo de los desesperados, de un grito de indignados que sienten que nos ha llegado el momento. Quieren atajar lo inevitable y con artimañas y tramoyas, con la puesta en funcionamiento de su maquinaria, agotar lo que ya les ha rebasado. Pararemos ese ciclo de barbarie, ya no es cuestión de repetir esos desmanes, ni seguir proyectando que somos sumisos y ellos, los de siempre, tienen el control.

Colombia Humana ha roto los ciclos. La gente ya no come cuento de votar por quienes los ha marginado y sus derechos negado. Tampoco se trata de gentes arrodilladas, de hecho, aquellos que nunca han votado, demostrarán como su voto puede valer y ya más de un millón setecientas mil cédulas fueron inscritas, cuando lo máximo habían sido trescientas mil y es muy probable, que por primera vez en la historia, cerca de 20 millones de votos se puedan obtener. Ojalá un 40% de ellos puedan ser por la Colombia Humana.

Nos merecemos un buen y bien vivir, y el fango, ese lodazal que nos han dejado, pueda transformarse en un territorio de esperanza, de garantías mínimas para respirar, no será fácil, será apenas destrabar 200 años de ignominia, de desazones, de desilusiones, de trampas, de promesas incumplidas.

Creo que los jóvenes cumplirán su obligación, los más adultos demostrarán su fuerza y sabiduría, los aprendizajes acumulados, los hechos de la historia que no queremos repetir, esas manos trabajadoras, esos hombres y mujeres dispuestos por una Colombia Humana, harán que podamos mirarnos al rostro e irnos quitando de a poco las salpicaduras de esos vejámenes que nos han obnubilado.