Ya perdió la cuenta del número de canciones que ha compuesto en sus casi seis décadas de vida. Por eso, animado por un amigo,  anda  en la tarea de registrar sus canciones ante Sayco y otros organismos encargados de velar por el  pago de los derechos de autor.

 

Por / Gustavo Colorado Grisales

Por estos días se prepara para abrir en su casa del corregimiento de La Florida un local que decidió llamar “El corralito”. Lo imagina como un lugar rústico,  amoblado  con objetos tomados de aquí y de  allá y alentados por la fuerza que lo mantiene vivo: las ganas de hacer música.

Dice que no tiene límites de género. “Allí tocaremos  de todo un poco: salsa, bolero, son cubano, vallenato, carrilera, parranda y hasta música argentina antigua. Esa de Los Trovadores de CuyoLos Visconti y Los Chalchaleros que tanto le gusta a la gente. Por supuesto, en el repertorio también incluiremos  las canciones del libro disco El blues de la parranda”.

“Además, tendremos un atractivo especial para quienes nos acompañen: el sancocho parrandero”.
Lo afirma con ese tono suyo de mansa sabiduría que tan hondo cala en la gente cuando conversa con él o cuando escucha sus canciones.
Es lo mismo  que sintieron los asistentes al Parque Simón Bolívar de Bogotá al caer la tarde de ese domingo 1° de septiembre de 2019. Ese  día finalizaba la XVIII edición del Festival Colombia al Parque.
Rubiel Pinillo, sus Parranderos de La Florida y el músico de blues Carlos Elliot Jr compartían tarima con agrupaciones tan destacadas como los mexicanos Banda Regional Mixed, de Oaxaca, así como la legendaria Inti Illimani, de Chile, a los que se sumaron los colombianos Monsieur Periné  Los Yoyis.
En total, fueron veintiséis las agrupaciones  y solistas participantes en el evento.
Habían sido invitados por la organización del festival luego de escuchar y evaluar los diez temas que  integran ese libro disco  donde se recrean a través de canciones, crónicas y perfiles, las vivencias de algunos personajes  de ese sector rural de Pereira convertido en lugar de peregrinación para ambientalistas y neo jipis.
Ah,  durante todo el camino contaron con la compañía  y el talento del productor norteamericano Bobby Gentillo. No por casualidad  este último cerró con un extenso y virtuoso solo de guitarra eléctrica la intervención de los músicos en  el Parque Simón Bolívar.
Rubiel y los muchachos que lo acompañan en su grupo Los parranderos de La Florida  desembarcaron en Bogotá el sábado 31 de agosto.
“Era la primera vez que me subía a un avión grande, así que me sentía como un niño estrenando juguete.  Muchos años atrás había volado en avioneta por el Valle del Cauca, pero no es la misma cosa”, declara Rubiel en una calurosa mañana de febrero de 2020.
Han pasado cinco meses, pero los recuerdos de ese concierto en Bogotá mantienen todo su vigor.
La instalación en el Hotel Tequendama, la visión de la Plaza de Toros de Santamaría y de las torres diseñadas por el arquitecto Rogelio Salmona. Ayudado por el periodista cultural Alejandro Patiño, Rubiel Pinillo rememora su encuentro con la cantante La Tenaz, una de las figuras de la nueva escena musical colombiana. También su presentación  en el bar Smoking Molly, donde tocaba un músico norteamericano de blues llamado Jesse Cotton Stone.
Ese vino a ser el precalentamiento para el concierto del domingo. Esa noche Rubiel y el grupo de muchachos que lo acompaña desde hace por lo menos una década demostraron de qué materia están hechos.
“Cuando arrancamos a tocar frente a esas diez mil personas sentimos que habíamos alcanzado otra dimensión. No sé  si a todos los músicos les pasa, pero cuanta más gente tengo al frente, más seguro me siento. Muy rápido logramos contagiarle esa seguridad a los pelaos, que de todas formas estaban muy nerviosos. Por mi parte, perdí el miedo a los escenarios hace muchos años, cuando ocupé el tercer lugar en  el concurso del Factor X”.
“Ese día quedé, como quien dice, curado de espantos”.
Ya perdió la cuenta del número de canciones que ha compuesto en sus casi seis décadas de vida. Por eso, animado por un amigo,  anda  en la tarea de registrar sus canciones ante Sayco y otros organismos encargados de velar por el  pago de los derechos de autor.
“Uno es muy despistado. O, mejor dicho, muy pendejo. Ese amigo me hizo caer en la cuenta de que cualquier persona puede tomar mis canciones, interpretarlas y registrarlas como propias. Por eso, mi primera tarea consistió en mandar a hacer las partituras. Es el primer requisito para registrar las composiciones y hacer valer los derechos  de propiedad intelectual”.
Fiel a su esencia campesina, Rubiel no duda en asegurar que, a pesar de todas las cosas tan bonitas, lo que más le llamó la atención de Bogotá fue la gran cantidad de árboles y zonas verdes.
“A pesar del clima tan frío, vi muchos árboles originarios del Eje Cafetero y del Valle del Cauca”.
Es la misma esencia que lo llevó a componer una canción que dice así en algunos de sus versos:
Cómo dejar a mi tierra
Si de aquí son mis raíces
De aquí soy toda la vida
Por ella tengo mis cicatrices
La recita a modo de repuesta cada vez que  alguien le pregunta por qué, con todo ese talento, no se ha marchado de La Florida a probar fortuna en  otros lados.
Si hago eso me muero: son los bosques de La Florida, los ríos, los caminos, los cultivos, las personas de este lugar las que me dan la inspiración. Sin esas cosas no podría componer nada, o compondría canciones falsas y creo que lo que hace grande a un artista es la autenticidad.
Eso y el público.
“Sin público el artista no es nada. Esa es la razón  por la que pienso fundar El Corralito: en lugar de salir a buscar a la gente quiero abrirles las puertas de mi casa, para que vengan y se enrumben con  nosotros. Entre  otras cosas, parte de las adecuaciones logré hacerlas con la venta del libro disco El blues de la parranda y con una plata que me prestó mi mamá”.
Al final del concierto de ese 1° de septiembre, los grupos con los que compartieron la tarima más grande de su vida se acercaron a felicitarlos por haber logrado ese feliz encuentro entre el blues del Mississippi y la música parrandera de la región andina Colombiana.
Muchos de los asistentes, que bailaron y corearon durante toda la presentación, los abordaron para agradecerles ese momento de dicha.
Al fin y al cabo, por eso a todos nos gusta la música: por su capacidad para prodigarnos momentos de plenitud aún en las circunstancias más adversas.
Y eso sí que saben hacerlo bien Rubiel Pinillo y sus Parranderos de La Florida.
PDT. Les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada.