Por suerte, a la par con este preocupante informe los expertos en el tema prescriben la receta infalible para evitar el contagio: marchar, leer, concederse el beneficio de la duda, no tragar entero… y pensar con inteligencia.

 

Por / Juan Mario Sánchez Cuervo
SAG: síndrome de anestesia generalizada. Síntomas: adormecimiento, apatía, confusión, pérdida de sensibilidad ante el dolor, alienación, enajenamiento, amnesia, indiferencia frente a la realidad.

Evolución: pocos días después del contagio la persona presenta en su rostro gestos propios de los oligofrénicos, pues una sonrisa tonta no desampara a la víctima.

Los expertos aseguran que esta es la señal más relevante de una enfermedad siempre mortal y terriblemente contagiosa, en cuanto puede acabar con todo un pueblo, una ciudad, una nación.
Origen: tropical. La fuente principal de esta noticia asegura que llegó a Colombia; pero los facultativos creen que se originó precisamente en Colombia, probablemente en un sector de Medellín o en algún municipio cercano al Valle de Aburrá.

Pronóstico: reservado. Una vez avanza la enfermedad el individuo solo muestra interés por sí mismo, aumenta la indiferencia hacia el entorno y la cotidianidad, y su grado de credulidad es tan descomunal que le pueden decir mentiras y las tomará por dogmas, o será proclive a la hipnosis, a la sugestión y al fanatismo político asociado a un marcado fervor por lo religioso.

Mejor dicho su nivel de tolerancia frente al abuso, la injusticia, la violencia, el dolor ajeno, la corrupción, la maldad es de un nivel jamás antes visto en la especie humana. De hecho, el SAG deshumaniza y en términos evolutivos o involutivos genera un retorno a la edad de las cavernas, de los primates, al oscurantismo del garrote o la piedra en la mano, y Dios no permita del canibalismo.
A la víctima le pueden clavar cualquier impuesto o ley corrupta, le pueden robar su futuro y sus sueños, incluso la vida y a él solo le interesarán la farándula, sus ídolos, el programa traqueto de la tele, la película porno, el partidito de fútbol, el dispositivo móvil de alta gama, el reguetón, lo guache y el espejismo fácil de los pajazos mentales.

Si  Colombia va al abismo, al contagiado le importa un bledo, pues en su diccionario de 500 escasas palabras Colombia es el nombre de un equipo de fútbol, el mejor del mundo sin haber ganado nada, y con el mejor jugador de la historia, pero en el arte de la pasarela, el llanto y la flojera.

El enfermo también alucina pues perteneciendo al estrato uno o dos tiene ínfulas de rico, y vaya dígale pobre y comprobará que la furibunda bestia mata y come del muerto. Si hay un exterminio continuo de hombres que no están afectados del virus SAG, el portador del virus coopera con la masacre, o se hará el de la vista gorda. A lo sumo saldrá a leer las noticias en los pasquines amarillistas: ver sangre y curiosear como roedor de alcantarilla es lo suyo.
Por suerte, a la par con este preocupante informe los expertos en el tema prescriben la receta infalible para evitar el contagio: marchar, leer, concederse el beneficio de la duda, no tragar entero… y pensar con inteligencia. Seguir al pie de la letra estas instrucciones garantiza la desaparición del virus.
Comparta esta alerta, este SOS: así usted contribuye a que la patria boba y enferma quede en el pasado, amén.