Salario mínimo a medida de los intereses extranjeros

FABIAN MORALES (IZQ)Para acabar de completar, Colombia se encuentra dentro de los veinte países con  peores salarios de todo el mundo; mientras que en Noruega, Austria, EEUU, Reino Unido, Bélgica, Suecia o Corea del sur, manejan salarios mensuales  promedio, de entre  $5 millones a $ 6 millones y medio. 

Por: Fabián Osorio

Después de las fiestas de fin de año, cuando millones de personas se dispersan en las tradiciones navideñas, se vuelve costumbre que en el nuevo año el costo de vida suba notablemente. En contraste, el aumento de los ingresos es cada vez más raquítico.

A los trabajadores colombianos cada año les toca inventarse más maromas y hazañas para suplir su bajo poder adquisitivo. Reemplazar carne por huevos, pelearse las promociones, privarse de algunos elementos de aseo o cambiar del transporte en bus a la bicicleta o, incluso, a pie. Lo cierto es que estas situaciones no se dan  por el azar o debido a los astros, muestra de ello son los más de 11 millones de trabajadores que este año ganarán solamente $616.000.

Los economistas del neoliberalismo defienden que tanto en Colombia como en cualquier otra  nación,  el salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV) debe aumentar muy poco o incluso ir a la baja para que así el país sea más competitivo y –paradójicamente– logre salir del atraso en el que está gracias al modelo que tanto defienden. Los neoliberales ven el salario como un costo –desde  una  perspectiva microeconómica– que no permite vender la producción más barata tanto a nivel interno como externo, a su vez argumentan que el hecho de la no generación de empleo se debe a los “altos” salarios y que reduciéndolos, aparte de volver al país competitivo, a los empresarios les va aquedar más plata para generar puestos de trabajo y disminuir los precios de sus productos respecto a sus competidores.

Pero desde una perspectiva macroeconómica, el (SMMLV) no es un obstáculo. Es un dinamizador de la economía, tanto para empresarios como para trabajadores, dado que si existe un salario mínimo alto, la demanda crecerá gracias a la mayor capacidad de consumo de los trabajadores. Igualmente se beneficiará la economía en general porque al existir un alto consumo, las empresas necesitarán más personal y se generará más empleo. Lo anterior lo vienen aplicando en varios estados después de la depresión de 1930, pero acá ni los “yupis” de la academia que promueven el libre comercio, ni el actual presidente Juan Manuel Santos y su gabinete –quienes conocen estos antecedentes– intentan aplicar medidas similares, a pesar que se viene  efectuando en muchos países capitalistas desde hace más de 80 años.

En este sentido, la aplicación de esta política neoliberal para el aumento del salario mínimo ha sido nefasta para los trabajadores, los pequeños, medianos y  algunos grandes empresarios y, en general, para la economía.

Ejemplo de lo anterior ha sido el declive del salario en las últimas décadas. En los ochenta se manejaban variaciones anuales entre 22 y 25%, al inicio y mediados del noventa se manejó una variación anual superior al 20%, pero al final ésta descendió al 18% y 16% respectivamente y desde el año 2000 hasta hoy la variación es cada vez menor, en su comienzo cayó al 10%,  y en el presente año al 4.5%. Este descenso, de la mano del aumento del costo de vida, ha logrado que los trabajadores tengan cada vez menos poder adquisitivo y muchos empresarios sean testigos directos del estancamiento de su producción.

Por otro lado, los distintos mandatarios no han demostrado su más mínimo interés en fomentar la tecnificación del agro y la industria, para así contar con empleos mejor remunerados, por el contrario, cerca del 80% del total de los trabajadores perciben entre uno y dos salarios mínimos, sin importar si es profesional o no. Para acabar de completar, Colombia se encuentra dentro de los veinte países con  peores salarios de todo el mundo; mientras que en Noruega, Austria, EEUU, Reino Unido, Bélgica, Suecia o Corea del sur, manejan salarios mensuales  promedio, de entre  $5 millones a $ 6 millones y medio. Países como China, Egipto, India, México  y Colombia están supremamente lejos de la media mundial que equivale a  2 millones 600 mil pesos.1

¿Quiénes son los verdaderos beneficiados?

Con esta política son muy pocos los afortunados. El mercado colombiano está dominado por unos cuantos monopolios nacionales y multinacionales extranjeras que cuentan con el poder  para subir o mantener los precios de sus productos o servicios. Aquí las multinacionales -en especial las mineras- pagan salarios bajos, pero sus ventas las tienen aseguradas por demanda, también ganan en su negocio de especulación en las principales bolsas del mundo o porque venden en otros países  donde los salarios no son tan bajos, reduciendo así  sus costos. De esta manera se  asesta  un enorme golpe a la economía del país, dado que,  por ejemplo, la industria está compuesta  en más del 90% por micro, pequeñas y medianas empresas, y su mayoría de productos y servicios se  direccionan al mercado interno, es decir, su capacidad de ventas depende del poder adquisitivo de los habitantes del país el cual viene  a la baja,  por consiguiente se destruye también el escaso empleo formal.

Lo cierto del asunto es que en este pulso entre los trabajadores y los grandes monopolios nacionales y extranjeros, han jugado un papel determinante los distintos gobernantes, quienes han acogido agradablemente las políticas laborales más retrogradas. Eso sí, recomendadas por organismos de crédito internacional como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional,  que  camuflan los intereses coloniales de EE.UU en nuestro país. Tanto es así,  que un estudio de Ernst & Young en conjunto con Proexport, señala que Colombia es el país en Latinoamérica “más competitivo” en las normas para contratar empleados, porque  tiene una enorme flexibilidad laboral (horas extras con bajo recargo), también bajo  costo por prestaciones sociales. Al igual menciona el estudio que el salario mínimo con recargos y  todo, es de los más bajos de la zona.2 De esta manera se promociona el declive al que es sometida nuestra mano de obra.

Finalmente, los hechos demuestran lo que varios economistas han reiterado: tesis neoliberales como la del aumento del salario no tienen ningún soporte científico, es decir, no cuentan con hechos verídicos que las respalden, por el contrario,  en un país como el nuestro quedan definidas como un fiasco y sólo fomentan que  más del 26% de los colombianos sobrevivan con menos de dos dólares diarios y se continúe dentro de los primeros treinta países con más porcentaje de gente pobre.

Sin embargo, ante esta desolación, la sociedad colombiana ha comprobado que mediante la organización y la movilización civil es posible empezar a cambiar situaciones desfavorables. El ejemplo lo han dado los campesinos, los estudiantes, los médicos o los transportadores. Es hora que los trabajadores fortalezcan su camino hacia sus justas reivindicaciones.

1. Portafolio. “Colombia, entre los 20 países con peores salarios del mundo”. Abril 2012.

2. Confianza inversionista. Aurelio Suárez Montoya. págs. 208-209