NATHALIA COLUMNAColombia es la ironía hecha territorio, busca terminar el conflicto con las Farc en medio de una lluvia de rencillas electorales.

 Por: Nathalia Gómez Raigosa

 Hoy me llamaron de una de esas oficinas de consultoría que por estos días se dedican a hacer encuestas de favorabilidad política. Me hicieron múltiples preguntas relacionadas con el proceso de paz que se adelanta en La Habana y con los candidatos que disputan la presidencia, este 25 de mayo. Esos cuestionamientos me hicieron rebobinar los bombardeos de las últimas dos semanas entre los aspirantes más opcionados, de acuerdo a los estudios, un espectáculo grotesco en cual el santismo le saca sus “trapitos al sol” al uribismo y el uribismo ventila las vergüenzas del santismo, ante la mirada atónita de los colombianos. 

El primero que arremetió fue el cabecilla Javier Antonio Calle Serna, alias “Comba”, al denunciar que había negociado con J.J. Rendón y Germán Chica, colaboradores de Santos, por 12 millones de dólares su entrega al gobierno; luego la Procuraduría pidió investigar al presidente por presunto tráfico de influencias y porque se presume que favoreció su campaña con la repartición de la llamada mermelada política; después acometió el fiscal general Eduardo Montealegre al confirmar que un Assange criollo, involucrado en la campaña de Iván Zuluaga, buscaba sabotear el proceso de paz, propuesta bandera de Santos. Más tarde embistió Francisco Santos, primo del mandatario, con una propaganda televisiva en la que dice que: “Juan Manuel Santos, además de ser mal presidente, es capaz de hacer cualquier cosa para reelegirse: los millones de pesos gastados en mermelada, la guerra sucia de su J.J. Rendón son el principio de una campaña en la que solo quiere enlodar a sus adversarios”.

Al día siguiente divulgaron de nuevo las palabras de Virginia Vallejo, ex amante de Pablo Escobar, quien dio una entrevista en Argentina donde aseguró que este capo se hizo billonario gracias a que Uribe, cuando fue director de la Aeronáutica Civil, le daba pista libre a las avionetas cocaleras de Escobar;  ipso facto Uribe irrumpió ante los medios de comunicación para acusar que la campaña Santos para llegar a la Casa de Nariño fue patrocinada con dos millones de dólares del narcotráfico. Por esta delicada acusación la Fiscalía llamó al ex mandatario a comparecer a una citación y ante su evasiva, lo obligó. Al final, el actual senador asistió pero no juró y guardó silencio, según dijo por falta de garantías, además respondió al insulto que Vargas Lleras descargó en días pasados a un uribista en Arauca, al expresar: “los gamines son extrovertidos y alegres, no se tuercen, entonces a todos los gamines de Colombia los estamos invitando a votar por Óscar Iván”.

¿Qué quiso decir el senador Uribe con esa expresión “no se tuercen”? Es curioso ver como el lenguaje político se ha visto reducido al parlache o jerga lumpesca, utilizada por los mafiosos para llevar a cabo sus “bisnes”. Ese discurso del hampa con olor a alcantarilla nos advierte que somos testigos de la degradación del establecimiento y asistimos a la sociedad de la trampa, donde los actos más perversos valen si de conseguir el bienestar propio se trata. No pienso que el presidente de la paz sea de esa estirpe ramplona. Colombia debe concentrar todas sus energías en ponerle fin al conflicto, pero como dice mi abuelita: “el ejemplo empieza por casa”.