Cuando las realidades se imponen, cuando no disponemos de elementos de juicio para entender la naturaleza de los actos y la barbarie que atraviesa nuestro presente, nada más contundente que el arte para ayudarnos en esta elaboración.

Por: Margarita Calle

El dolor, el miedo y la desolación causadas por la “Masacre de Trujillo” seguirían haciendo mella en los familiares de las 342 víctimas de la tragedia, si no fuera por el trabajo que han realizado los habitantes de esta zona, especialmente sus mujeres, para no dejar que la memoria de sus desaparecidos se apague en el olvido. En este empeño han sido acompañados por artistas, defensores de derechos humanos y activistas sociales quienes les han ayudado a reconocer en la experiencia del arte, en el simbolismo de los actos y en el poder de la palabra, una vía para dignificar y recrearla memoria de sus desaparecidos.

Tres artistas con sus lenguajes, formatos y acciones construidas en torno a esta tragedia constituyen el eje narrativo del documental “Rastro púrpura”, realizado por Señal Colombia como parte de la serie Paisaje de Paisajes de la franja “Colombia desde adentro”, que se empezó a emitir el pasado 17 de septiembre. En el marco de esta propuesta el artista Gabriel Posada nos amplía la experiencia personal y colectiva del proyecto “Magdalenas por el Cauca”; obra que además de poner en juego otras posibilidades expresivas y configuradoras para el dibujo y la pintura, constituye un punto de convergencia para valorar el modo como en la práctica del arte se cohesionan y sintonizan el colaborativo, las motivaciones sociales y las preocupaciones estéticas y plásticas propias de una puesta en obra.

En la misma vía, la artista Yorlady Ruíz nos acerca a los referentes contextuales y culturales que animaron la recreación del mito de la “La Llorona” como acción performativa, de intervención estética. El gesto de solidaridad y condolencia que representa llorar por el dolor ajeno constituye para la artista un acto de desprendimiento que, sin duda, ha servido de impulso para que las mujeres de Trujillo continúen con sus valientes actos de resistencia y reclamación.

Finalmente, nos encontramos con la poesía de María Isabel Espinosa, una habitante de Guayabito, cerca de Cartago en el Valle, quien con su voz segura y cargada de afecto, nos cuenta cómo la poesía y la escritura han sido su escape para no sucumbir ante el horror del paisaje que transformó el río Cauca en la fosa común de los violentos: “…Sí, sí, río yo los vi pasar, sé que venían contigo en su triste trasegar, también sé que se te aguaron los ojos cuando los que eran gente irremediablemente se convirtieron en despojo, tú los llevaste entre tus minuciosas y oscuras aguas pero a pesar de todo gritos de dolor por ellos das, viste a la montaña que se levantaba como una anhelante esperanza rogándole siempre a Dios para que estos crímenes en la impunidad no quedarán”.

Destacable el trabajo visual y de documentación de esta serie, en la que también toma parte el fotógrafo Rodrigo Grajales, ya que además de arrojar elementos valiosos para comprender y valorar la magnitud de la reciente barbarie que ha vivido el país, se convierte en un referente clave para visibilizar la manera en que el arte media en estos procesos y sirve de contrapeso para enfrentarlas premuras del olvido.

* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira