No les pido que tomen postura antigobiernista, ni que salgan a robar el show, ni siquiera que canten viejos vallenatos de protesta y menos los reto a componer algunos acordes a las circunstancias actuales tipo Plata ta tá de Mon Laferte…

 

Por / Luis Carlos Ramirez 

El vallenato ha sido instrumentalizado por las élites desde que a punta de cantos, caja, guacharaca y acordeón, aglutinaron y dieron una cierta identidad al recién creado departamento del Cesar, hasta la sanción del Plan Nacional de Desarrollo, a ritmo de esta misma música, este año en Valledupar, por parte del cantante presidente, mal cantante y mal presidente, quien también montó el espejismo de la economía naranja, por donde ha llegado la declaración del Valle, por parte de la UNESCO, como “Ciudad creativa de la música”, lo cual muy probablemente termine siendo otro saludo a la bandera, en lo substancial, de la misma forma que ha terminado siéndolo la declaratoria de la música vallenata tradicional como patrimonio en riesgo, pues no se ha hecho nada que, realmente, pueda contribuir a salvaguardarlo, si es que es esto posible.

La relación de los cantantes vallenatos con los poderosos viene desde el juglar pasero Pedro Nolasco Martínez, quien compuso una canción para el entonces candidato presidencial Enrique Olaya Herrera, se inscribió en el canon vallenato con el “credo” del compae Chipuco, que incluye a López Pumarejo y se consolidó con Escalona y López Michelsen, a quien fácilmente se le podría decir el presidente vallenato, y se reedita anualmente con la presencia de altos funcionarios del gobierno, incluyendo a presidentes, viniendo a parrandearse el Festival o llevando a agrupaciones vallenatas a parrandas exclusivas en la capital, llegando al punto de que en la pasada campaña presidencial el actual mandatario compartió en tarima con varios artistas de este género y varios de ellos usaron sus micrófonos y sus redes sociales para sumarle voticos.

Los políticos, tanto nacionales como regionales, se han valido de los saludos y la amistad o adulación de los cantantes vallenatos para lograr una recordación efectiva, dirigida a un sector del pueblo que tiene a estos artistas como referentes, aunque muchos no debieran serlo fuera de la esfera artística.

Exaltan personajes siniestros y corruptos sin importarles ni cinco lo que hacen o hayan hecho. Entre los exaltados han llegado a estar reconocidos mafiosos de la región, vistos como la esperanza de los pueblos, quizá sin pensar en los problemas que podría traerles, por lo menos con las autoridades extranjeras, este tipo de relaciones, rezagos de la época de la marimba.

Todo ciudadano tiene derecho a hacer política y, en ese sentido, es muy bueno que participen, pero los artistas vallenatos solo ejercen ese derecho apoyando candidatos para ayudarles a conseguir votos. No se involucraran en la crítica. No usan su influencia para sentar posición, no toman partido por su gente, por su fanaticada… la que sólo les importa para facturar, sólo les cuentan como elementos del mercado.

¡Cuánta falta hace un cantor comprometido como Máximo Jiménez en estos tiempos tan convulsos para que ponga el dedo en la llaga y diga, como en su momento lo hizo, lo que nadie más se ha atrevido a decir! Podría pensarse y decirse que Vives lo hizo al “sumarse” al paro del pasado 21N; sin embargo, se terminó acomodando, patraseando ante presiones y críticas en redes por sus cercanías con el gobierno que lo llevaron incluso a participar en el pretensioso, arrogante e infructuoso “Venezuela Aid Live”, siguiendo el juego a la desastrosa y servil política exterior del actual mandatario.

En lugar de estar adulando con sus cantos a los gobernantes de turno deberían sumarse a la protesta, desde sus micrófonos y desde sus redes, pero a diferencia de lo que recientemente han hecho René Pérez y Rubén Blades en apoyo de las protestas pacíficas y en repudio de los asesinatos de los líderes sociales, los cantantes vallenatos no han hecho más que guardar un lánguido silencio que los vuelve a dejar muy mal parados frente a los reggaetoneros puertorriqueños que tanto desdeñan los más rancios y quienes sí se sumaron activamente a las protestas que desembocaron en un cambio de gobierno pedido desde las calles.

Imagino que no quieren dejar de facturar, que no quieren que mermen los likes y los views y que pueden salir a decir que no son políticos… lo cual equivaldría a decir que no son humanos, porque todos lo somos. Que su profesión no sea la de las ciencias políticas es otra cosa, pero esta falta de empatía con la inmensa mayoría atropellada que los idolatra los deja mal parados ante quienes sí esperamos de quienes se jactan de ser representantes de “la expresión cultural más importante del país”, que, sin embargo, no se esfuerza por mostrar su realidad.

Me dirán, seguro, que esa no es la función de esos cantantes. Si así lo fuera, tampoco lo sería subirse a la tarima de los candidatos o subirlos a sus tarimas e invitar a sus seguidores a respaldarlos. Podrían ampararse en los cantantes de otros géneros u otros artistas tibios o indiferentes y eso, aunque lo quisieran ver así, no merma la falta de compromiso de los artistas más destacados la música “más representativa de Colombia” que se niega a representar las realidades dramáticas que viven el país y sus habitantes.

No les pido que tomen postura antigobiernista, ni que salgan a robar el show, ni siquiera que canten viejos vallenatos de protesta y menos los reto a componer algunos acordes a las circunstancias actuales tipo Plata ta tá de Mon Laferte, sólo les pido que usen su influencia, su figuración pública para llamar la atención sobre las cosas que evidentemente están mal, pero parece que eso es mucho pedirles y eso deja mucho qué desear de ellos como personas y artistas.