La tecnología para depender del sol ya existe y es una realidad. Que en Latinoamérica no apostemos por ella o que llegue demasiado costosa es otra cosa.

 

DIEGO FIRMIANO

Por: Diego Firmiano

Andrés Hoyos, el fundador del Malpensante escribió en un trino “Los biocombustibles cada vez se ven más peligrosos para el medio ambiente”.  Lo curioso es que el link que lo acompañaba, una vez pulsado, redirigía a una nota de la National Geografic escrita por  Mariana Lavelle, y financiada o patrocinada por la empresa norteamericana Shell. La misma multinacional petrolera que ha contaminado campos vírgenes en Sudamérica y que hoy busca ideas con su campaña #Makethefuture para incorporarlas a su propuesta comercial de energía limpia y renovable.

El desconcierto mundial es que los mejores esfuerzos de los gobiernos ecologistas en plantación masiva de árboles, modificación del suelo o la elaboración de biocarbón, no son suficientes para cumplir con los objetivos del clima del Acuerdo de París, que buscan reducir el efecto invernadero,  las emisiones del dióxido de carbono y el calentamiento global. El científico naturalista de la universidad de East Anglia (U.K) Phil Williamson, sobre el mismo acuerdo de París (2015), agregó: “hay mucho optimismo basado en la suposición de que todo va a estar bien, porque en algún momento en el futuro, vamos a ser capaces de eliminar el carbono”.

Declaración que tiene como finalidad, incentivar la exploración o realización de proyectos de eliminación masiva de carbono. Además de justificar sabiamente, que la explotación del suelo, podría causar la pérdida de especies animales, y que la extracción y procesamiento industrial de biocombustibles pueda resultar irremediablemente en un incremento de temperatura a niveles impensables. Su propuesta era (o es) esencialmente de geoingeniería.

Uno de los comentarios que replicaron el trino de Hoyos, sobre el tema,  fue “Creo que no se ha explorado la energía solar. En Estados Unidos ya es una realidad en casas y carros”. A lo que él respondió: “La energía solar crece, pero aún es muy poco su aporte. Además, el sol no brilla de noche ni todos los días”.  Cabe preguntar, ¿por qué los científicos no se han planteado esta posibilidad de obtener energía limpia, gratuita y abundante, directamente del sol? Acaso se pretende golpear el suelo hasta exprimirlo, para luego, sin hábitat, recurrir al poder de la energía natural. Es más, ¿será que hay una industria bloqueada por pensamientos como el de Hoyos, de que en lugares oscuros o nublados es imposible capturar átomos de hidrogeno transformados en fotones?  

La tecnología para depender del sol ya existe y es una realidad. Que en Latinoamérica no apostemos por ella o que llegue demasiado costosa es otra cosa. Ahora, lo más paradójico es que en nuestro continente sur es donde más se planta, y también se deforesta, y de donde más se extraen biocombustibles que erosionan el medio ambiente.  Uno de los comentarios finales sobre el popular trino del empresario cultural fue: “Andrew, se te salió el indio? Yo también soy ignorante pero existe Google antes de opinar Andi”.