Y ese es el otro punto. Sin desconocer los resultados del plebiscito, lo que significaría una intromisión en los asuntos internos del país, el premio supone un valiosísimo elemento simbólico que reviste el presidente de una nueva dosis de autoridad moral y ética para comprometerse aún más en la tarea.
GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado Grisales

“Tres puntos de oro”. Así dicen en la jerga del fútbol para referirse a un triunfo obtenido en tiempo de reposición. Y así fue.

Pero  hoy no escribiré sobre la victoria, por lo demás rutinaria en ese estadio, alcanzada por la selección colombiana de fútbol sobre Paraguay en Asunción.

Ese dato pasa a un segundo plano.

La noticia del día -de muchos días- es el otorgamiento del Premio Nobel de Paz al presidente Juan Manuel Santos y lo que eso puede significar.

El modelo de administración del presidente no ha sido santo de mi devoción. Es más, su política de dilatar la solución de los problemas sociales y económicos lo ha conducido a elevados niveles de descrédito.

La expresión de ese estado de cosas se traduce en paros constantes impulsados por distintos sectores gremiales y sindicales, inconformes con el incumplimiento de lo pactado. Camioneros, taxistas, maestros, agricultores, obreros y trabajadores de la justicia han expresado su malestar durante estos seis años.

Pero a todo señor todo honor. El Premio Nobel de Paz no se creó para juzgar esos asuntos. Como bien se lee en la declaración del comité, al presidente colombiano se le premia: “Por sus decididos esfuerzos para acabar con los más de 50 años de guerra civil en el país, una guerra que ha costado la vida de al menos 220.000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas”.

Ahí está la clave. Santos se jugó toda su credibilidad en la búsqueda de unos acuerdos que finalmente fueron firmados el lunes 26 de septiembre, en Cartagena de Indias.

Por supuesto, sin la buena voluntad y el pragmatismo político de las Farc, esa firma no hubiese sido posible.

Luego, el domingo 2 de octubre sucedió lo ya sabido. Y los resultados de esa mecánica electoral nunca han estado en discusión.

En la declaración del comité del Nobel también se expresa que el premio se otorga como un aporte “”para que el proceso de paz no muera tras el fracaso en el referendo“.

Y ese es el otro punto. Sin desconocer los resultados del plebiscito, lo que significaría una intromisión en los asuntos internos del país, el premio supone un valiosísimo elemento simbólico que reviste el presidente de una nueva dosis de autoridad moral y ética para comprometerse aún más en la tarea.

Por lo demás, en el texto se expresa un claro reconocimiento a los protagonistas de estos diálogos, aunque sin referirse con nombre propio a las guerrillas, quizás por razones de corrección política. En la declaración se dice que el premio es también “un tributo al pueblo de Colombia que, a pesar de las grandes dificultades y los abusos, no ha perdido la esperanza en una paz justa, a todas las partes que han contribuido al proceso de paz”.

De modo que, en cuestión de cinco días, nuestra frenética realidad ha dado más de una voltereta. De una fe ciega en la victoria del Sí se pasó a la desazón y al nuevo tono de los promotores del No.

Y ahora nos encontramos con una nueva carta sobre la mesa.

Esa carta obliga el presidente Santos a redoblar los esfuerzos para sacar adelante el proceso de paz.

Compromete también a los voceros de la guerrilla a no flaquear ante la crisis.

Les exige a los líderes del No deponer su oportunismo electorero y pensar, por una sola vez, en términos de país y no de Patria, ese concepto tan vago y peligroso que aviva las confrontaciones.

Y al resto, es decir, a usted, a mí,  a todos, nos demanda una reflexión en términos de sociedad y no de nuestro “Yo diminuto. Nuestras pequeñas obsesiones”, según una frase afortunada de mi hermano Juan Carlos Pérez.

Gracias a la decisión de los responsables del Nobel, la madrugada del viernes 7 de octubre convertimos un gol en tiempo de reposición.

Y no podemos darnos el lujo de echar esos tres puntos de oro por la borda.
NOTA: todas las citas de esta entrada fueron tomadas de BBCMundo.com

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37584044

Las frase: “Mi yo diminuto” fue extractada de@juancarlosperezsalazar twitter
PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=0T1blhMd6iA