Yo aprendí a propiciar diferentes ambientes para transformar el estado de ánimo del niño o niña, ella aprendió que cada acto tiene una consecuencia y que no tenía sentido seguir discutiendo por algo que ya había pasado y que seguramente le traería efectos indeseados.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés

            Como profesor en exploración del campo de la pedagogía social han sido muchos los desafíos y aprendizajes en poco tiempo. En esta ocasión pretendo hablar del aprendizaje en dos vías a través de la implementación de la cabeza, las manos y el corazón.

En otras palabras, la cabeza para poner la teoría y la reflexión crítica en la práctica. El corazón para utilizar la empatía y la experiencia propia en pro de los resultados. Las manos, para hacer del ejercicio una experiencia inolvidable en las actividades diarias.

Tres historias, tres experiencias y un aprendizaje en doble vía. Como muchos ya saben, la función del cargo que desempeño consiste en formar niños y jóvenes para que sean mejores ciudadanos. Es decir, se procura hacer con ellos, en vez de hacer por ellos.

 

¿De quién serán los mocos?

Era sábado en la mañana, el día un poco nublado y el reloj marcaba las 9:30. La niña se despertó con un poco de somnolencia y mucha inquietud por lo que traería el nuevo día. Preguntó —¿Hernán qué haremos el día de hoy? Yo respondí —Primero, aseo. Tu te encargas de tu habitación y la sala, yo del baño y la cocina. Después, podemos salir a divertirnos.

Motivada por la salida a divertirse asintió con la cabeza, desayunó e inició a organizar su cuarto. De repente pasó por la cocina y yo le dije —quería hablar contigo acerca de algo que vengo encontrando en las paredes del baño, pues solo tu y yo lo usamos y yo no lo he hecho. —Ella miró y dijo —¿Qué pasó Hernán? —Yo respondí —no te estoy preguntando si fuiste tu, solo te quiero contar que en las paredes he visto unos mocos pegados, eso es muy desagradable especialmente cuando tenemos visitantes.

La niña un poco sorprendida miró y dijo —Hernán, te lo juro que yo no fui, no sé de qué me hablas. —Yo repetí, —recuerda que no te estoy preguntando si fuiste o no, pero si te quiero pedir que me ayudes a investigar quién fue, pues no quisiera que eso se siga repitiendo. —Ella en su defensa empezó a desarrollar hipótesis con posibles culpables y se comprometió a dar con el responsable.

Al cabo de unos minutos le dije —más tarde pienso asear bien el baño, limpiar las paredes y espero no volver a encontrarlas así. Para eso quiero que me ayudes. —Ella respondió, sí, pero deja que esta vez sea yo quien lave el baño, pues lo justo es que sea mi turno. —Yo respondí —no es necesario, si quieres lo hacemos los dos. —Pero ella insistió que podía hacerlo sola.

La niña después de enterarse de lo que había en las paredes se hizo voluntaria para limpiar el baño sola. Yo después de mucho pensar cómo le diría las cosas sin que se sintiera mal, logré desarrollar la estrategia que la llevaría a reflexionar sobre la mala acción de pegar secreción nasal en las paredes. Pasados 15 días los mocos desaparecieron para no volver a aparecer.

 

Y ahora ¿quién podrá defenderme?

El aseo general se hizo y como le prometí era hora de salir a divertirnos. De casa partimos para la granja, la idea era llevar los restos de comida para alimentar la marrana. La mañana había pasado de nublada a lluviosa, yo le solicité que me esperará en el carro mientras alimentaba a Pepa.

Mientras tanto, sonó mi celular pero en el momento no pude atenderlo, pues me encontraba muy ocupado cumpliendo la misión. Al terminar, me lavé las manos y revisé el dispositivo para ver de qué me había perdido. Era solo un mensaje de algún compañero o compañera solicitando que alimentáramos a las cabras y a las gallinas. Yo con mucha incertidumbre por no tener ni idea de cómo hacerlo, confirmé con un “ok”.

Me dirigí al carro y le dije a la niña, —imagínate que nos han enviado un mensaje para que alimentemos a los animales, pero adivina qué, yo no sé hacerlo ¿me enseñarías? —ella miró y dijo —¡ay Hernán, claro que si, eso es muy fácil! —Yo me sentí descansado, pues realmente no tenía idea y no quería cometer una imprudencia.

Ella descendió del vehículo y con mucha seguridad abrió la puerta del cuido para animales. Cogió una cubeta y una cuchara grande, me las entregó y dijo —mira, este primer barril es el alimento para gallinas, debes echar tres cucharadas en esa cubeta y depositarlas en su jaula. El segundo barril es el alimento para las cabras, debes hacer lo mismo, con mucho cuidado que no se vayan a escapa. Por último, el tercer barril es el alimento para la marrana, a ella no le des nada porque ya le diste las sobras que trajimos. ¿Entendiste Hernán? —Yo la miré y le dije, —por supuesto que entendí, como ya dijiste, está muy fácil.

Además de lluvia, hacía frío. Ella al asegurarse de mi comprensión, me miró y dijo —muy bien Hernán, que te rinda, yo tengo mucho frío, te espero en el carro. —A mi me pareció muy graciosa y solo asentí. Hice la tarea de alimentar a los animales, aunque me tardé mucho en encontrar a las gallinas, pues además de no saber cómo era el proceso, tampoco tenía muy claro la ubicación de las mismas.

Esta actividad también generó un aprendizaje en doble vía. La niña se empoderó del proceso y se esforzó hasta el punto de ser lo suficientemente clara para que yo entendiera el proceso de alimentación de los animales. Yo por otra parte, acepté el reto de cumplir con la misión y pasé de no saber nada a conocer el proceso y tener la seguridad de poderlo hacer una próxima vez, sin supervisión. Es importante aclarar que lo más importante de esta historia fue el empoderamiento por parte de ella, pues lo anterior contribuye al aumento de autoestima y seguridad propia por su parte.

 

Cada acto merece una acción

Cuando regresé al carro me preguntó que si podía quedarse un rato jugando Xbox y yo acepté. Entonces nos fuimos para el cuarto de juegos y mientras ella jugaba yo leía un libro. Pasados unos minutos, llegaron visitantes de otra casa, entre ellos un niño casi de su edad.

Ella al principio se mostró feliz porque tendría con quién jugar. Sin embargo, estaba siendo muy agresiva con él y con sus pedagogos. Yo la llamé y le dije en privado que dejara la actitud, que el niño solo quería jugar y que recordara que a mi no me gustaba decirle cosas en público. Ella simplemente me miró y dijo —Hernán, lo siento mucho. —Yo le respondí, —no te preocupes, lo importante es que cambies de actitud y compartas con tu amigo.

Esta estrategia siempre me ha funcionado. Por lo general cuando los niños ven que el arma de los adultos no es el autoritarismo y sí el respeto y la razón, ellos se sienten desarmados y terminan obedeciendo. Sin embargo, las cosas solo cambiaron por un lapso de cinco minutos, luego ella empezó de nuevo con su intransigencia.

Yo inmediatamente pensé en procurar un cambio de ambiente y facilitar un nuevo diálogo. Entonces le dije —señorita, acompáñame a la oficina a guardar el juego, —a lo que ella respondió, —¡no Hernán, me quiero quedar aquí! —Entonces tuve que ponerme un poco más serio y le dije —acompáñame, tenemos que hablar además. —Ella insistía en quedarse, pues decía que no tenía nada de que hablar conmigo. Yo le dije —te voy a dar dos opciones, me acompañas a la oficina o nos regresamos a casa.

De esa manera ella vio que las cosas eran en serio y me acompañó. Al salir de la sala de juegos me dijo, —apostemos una carrera hasta la oficina, —yo le dije, —perfecto, pero corre tu primero, te doy ventaja. —Corrimos y al parecer le di más ventaja de la necesaria, pues ya después no pude alcanzarla y perdí la carrera.

En la oficina le dije —cuéntame ¿qué es lo que pasa con el niño, a qué se debe tu actitud? —Ella respondió —sucede que la última vez que nos vimos él fue muy grosero y me estaba tirando agua, entonces estoy enojada con él. —Yo le dije entiendo que te sientas así, de hecho sé cómo te sientes. Pero recuerda que eso ya pasó y él ya tuvo consecuencias por su comportamiento, si sigues así, ahora tendrás consecuencias tu por el tuyo, recuerda que cada acto merece una acción. Te propongo que olvides lo que pasó y juegues con él en paz. ¿Aceptas? —Ella me miró y dijo —está bien Hernán, tienes razón.

Inmediatamente después de aceptar el trato corrió hacia la sala de juegos a jugar con su amigo. Yo guardé el juego y regresé al mismo lugar. Efectivamente ella cumplió su promesa y de ahí en adelante se portó muy bien, tanto, que después de la granja fuimos a casa del niño y vimos todos una película.

Esta historia también generó un aprendizaje en doble vía. Yo aprendí a propiciar diferentes ambientes para transformar el estado de ánimo del niño o niña, ella aprendió que cada acto tiene una consecuencia y que no tenía sentido seguir discutiendo por algo que ya había pasado y que seguramente le traería efectos indeseados. Así se concluye este triángulo de historias y reflexiones de un docente en exploración de la pedagogía social.

Autor: Hernán Augusto Tena Cortés

Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com

 

Title: Two-way Learning

I learned to promote different environments to transform the mood of the boy or girl, she learned that each act has a consequence and that there was no point in continuing to argue about something that had already happened and that would surely bring unwanted effects.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés

As a teacher in exploration of the field of social pedagogy, there have been many challenges and learnings in a short time. This time I intend to talk about learning in two ways through the implementation of the head, hands and heart.

In other words, the head to put theory and critical reflection into practice. The heart to use empathy and own experience for the results. And the hands, to make exercise an unforgettable experience in daily activities.

Three stories, three experiences and two-way learning. As many already know, the function of the position I carry out is to train children and young people to be better citizens. That is to do with them, instead of doing for them.

 

Whose snot will be?

It was Saturday morning, the day was a little cloudy and the clock said 9:30. The girl woke up with a little drowsiness and a lot of concern about what the new day would bring. She asked, “Hernán, what will we do today?” I answered “First, the cleaning. You can tidy your room and living room, I will do the bathroom and kitchen. Then we can go out and have fun.”

Motivated by going out to have fun, she nodded, ate breakfast, and began to organize her room. Suddenly she passed by the kitchen and I said to her, “I wanted to talk to you about something that I have been finding on the bathroom walls, because only you and I use it and I have not done it.” She looked and said “What happened Hernán?” I answered “I am not asking if it were you, I just want to tell you that on the walls I have seen some snot stuck, that is very unpleasant especially when we have visitors.”

The girl looked a little surprised and said, “Hernán, I swear I didn’t do it, I don’t know what you’re talking about.” I repeated, “remember that I am not asking you if you did it or not, but I want to ask you to help me investigate who it was, I would not want that to happen again. In her defense, she began to develop hypotheses with possible culprits and promised to find the responsible person.

After a few minutes I said, “later I plan to clean the bathroom, clean the walls, and I hope I won’t find them like that again.” For that I want you to help me. She answered “yes, but let me wash the bathroom this time, because it’s only fair.” I said “it is not necessary, if you want we both do it.” But she insisted that she could do it alone.

The girl after learning what was on the walls volunteered to clean the bathroom by herself. After much thought about how I would say things to her without her feeling bad, I managed to develop a strategy that would lead her to reflect on the bad action of sticking snot on the walls. After 15 days the decoration on the walls disappeared forever.

 

And now who can defend me?

The general cleaning was done and as I promised it was time to go out and have fun. From home we left for the farm, the idea was to bring the remains of food to feed the pig. The morning had gone from cloudy to rainy, I asked her to wait for me in the car while I fed Pepa.

Meanwhile, my cell phone rang but at the time I couldn’t answer it, as I was very busy fulfilling the mission. When finished, I washed my hands and checked the device to see what I had missed. It was just a message from a male or female companion requesting that we feed the goats and chickens. I confirmed with a lot of uncertainty for not having a clue on how to do it.

I went to the car and said to the girl, “imagine that they have sent us a message to feed the animals, but guess what, I don’t know how to do it, would you teach me?” She looked and said “Oh Hernán, of course, that’s very easy!” I felt rested, because I really had no idea and I didn’t want to be reckless.

She got out of the vehicle and empowered opened the door of the animal care. She picked up a bucket and a large spoon, handed them to me and said, “look, this first barrel is chicken feed. You should put three spoons in that bucket and put them in their cage. The second barrel is the food for the goats, you must do the same, very carefully that they do not escape. Finally, the third barrel is food for the pig, do not give her anything because you already gave her the leftovers that we brought. Did you understand Hernán? I looked at her and said, “Of course I understood, as you said, it is very easy.”

Besides rain, it was cold. When she made sure of my understanding, she looked at me and said, “Very well Hernán, do it yourself, I’m very cold, I’ll wait for you in the car.” I thought it was very funny and I just nodded. I did the task of feeding the animals, although it took me a long time to find the chickens, because in addition to not knowing what the process was like, I was also not very clear about their location.

This activity also generated two-way learning. The girl was empowered by the process and tried to the point of being clear enough for me to understand the animal feeding process. On the other hand, I accepted the challenge of fulfilling the mission and went from knowing nothing to knowing the process and being sure that I could do it a next time, without supervision. It is important to clarify that the most important thing in this story was empowerment on her part, since the above contributes to an increase in self-esteem and self-confidence on her side.

 

Every act deserves an action

When I got back to the car, she asked me if she could stay for a while playing Xbox and I accepted. So we went to the game room and while she was playing I was reading a book. After a few minutes, visitors from another house arrived, including a boy almost her age.

She was happy at first because she would have someone to play with. However, she was being very aggressive towards him and his pedagogues. I called her and told her privately to leave the attitude, that the boy only wanted to play and to remember that I did not like saying things to her in public. She just looked at me and said, “Hernán, I’m so sorry.” —I answered her, “do not worry, the important thing is that you change your attitude and share with your friend.”

This strategy has always worked for me. Usually when children see that the weapon of adults is not authoritarianism but respect and rationality, they feel unarmed and end up obeying. However, things only changed for a period of five minutes, then she started again with her intransigence.

I immediately thought of trying to change the environment and facilitate a new dialogue. So I said “madam, come with me to the office to lock the game”, to which she replied, “no Hernán, I want to stay here!” Then I had to get a little more serious and I said, “come with me, we have to talk.” She insisted on staying, saying that she had nothing to talk to me about. I said to her, “I am going to give you two options, come with me to the office or we will go home.”

In this way she saw that things were serious and accompanied me. When she left the game room she said to me, “let’s bet a run to the office,” I said, “Perfect, but run first, I’ll give you a start ahead.” We ran and apparently I gave her more advantage than necessary, because I couldn’t reach her and I lost the race.

In the office I said, “tell me, what is the matter with the child, what is your attitude about?” She answered “it happens that the last time we saw each other he was very rude and he was throwing water at me, so I’m mad at him. I said, “I understand that you feel that way, in fact I know how you feel. But remember that this has already happened and he already had consequences for his behavior, if you continue like this, you will have consequences for yours, remember that each act deserves an action. I suggest that you forget what happened and play with him in peace. Do you accept?” She looked at me and said, “Okay, Hernán, you’re right.”

             Immediately after accepting the deal, she ran to the game room to play with her friend. I locked the game and returned to the same place. Indeed she kept her promise and from then on she was very good, so much so that after the farm we went to the boy’s house and we all watched a movie.

This story also generated two-way learning. I learned to promote different environments to transform the mood of the boy or girl, she learned that each act has a consequence and that there was no point in continuing to argue about something that had already happened and that would surely bring unwanted effects. This concludes this triangle of stories and reflections of a teacher exploring social pedagogy.