Miguel angel lopezSi bien esta noticia trae esperanza a la comunidad LGTBI, está en las manos de ellos hacer cumplir sus derechos. Los médicos, los abogados y las EPS se van a hacer los maricas, pero la comunidad no lo es.

Por: Miguel Ángel López

Julián Esnéider  Clavijo es un joven de 25 años quien por medio de una tutela interpuesta por el Defensor del Pueblo de Cundinamarca a su EPS Comparta, la Corte le otorgó la posibilidad de una cirugía de cambio de sexo. En menos de 48 horas, después de la sentencia dictada el siete de febrero de 2013, la entidad médica debía aprobar la operación.

Esta historia comprueba dos cosas. Uno, que una operación de cambio de sexo no es un procedimiento estético, por lo contrario, un tratamiento médico en pro de la integridad, derecho a la salud y el desarrollo de la libre personalidad de una persona.

Segundo, presenta un hecho pionero en el país, pero que debe servir de ejemplo para todas las personas transgeneristas, que dejen a un lado los tratamientos peligrosos a los que recurren por falta de recursos y exijan sus derechos. En países como Brasil y Argentina, las personas pueden ser objeto de esta operación fácilmente de forma gratuita.

El transgenerismo es una realidad de la cual ningún colombiano puede hacerse el de la vista gorda. Muchas personas sencillamente nacen en el cuerpo equivocado y nadie los puede obligar a vivir en un cuerpo por el cual su corazón no palpita.

Para mejor entender la situación recurro a un libro titulado Los travestis: iconoclaustas de género, escrito por Blanca Vale, Luz Correa y Fabián Martínez. Todas las personas tenemos un sexo biológico, un rol biológico y una identidad genérica.

El sexo biológico es el órgano sexual con el cual nacemos, sea pene o vagina. Por otro lado, el rol biológico es el papel impuesto por la sociedad que una persona debería cumplir por su sexo biológico. Aquí es donde encontramos los parámetros como el que la mujer es la que se arregla, el hombre es el que juega deportes, etcétera. Por último, la identidad genérica es la representación frente a los demás que cada quien da sin importar su sexo biológico.

Cuando la identidad genérica no concuerda con el sexo biológico se presenta el transgenerismo y este tiene muchas representaciones. El caso de Julián Esneider es transexualismo, lo cual constata que él modifico todo su cuerpo para cambiar al sexo que corresponder con su identidad genérica.

Desde la psicología se ha comprobado el transgenerismo y se puede ver en la calle todos los días. Julián llevaba cinco años en tratamiento psicológico en su EPS, en el cual se comprobó su situación transgenerista.

El caso de Julián demuestra que Colombia no está lejos de sus vecinos suramericanos y esta columna es una invitación para todas las personas que en su interior desean cambiar su sexo a que se informen, consigan un buen abogado (muy bueno, me atrevería decir, porque el sistema judicial no deja de ser colombiano) y hagan el procedimiento necesario.

Cientos de transgeneristas recurren a métodos económicos y peligrosos para transformar su cuerpo. En muchos casos se inyectan aceite de cocina o silicona fluida para iniciar un crecimiento de senos y cola en el cuerpo de un varón. A Julián le encontraron diferentes quemaduras en su tórax sobre mamas, genitales femeninos y clítoris hipertrófico.

Estos procedimientos son supremamente peligrosos para las personas y es por esta razón que la cirugía de cambio de sexo debería estar incluida en el Plan Obligatorio de Salud (POS) colombiano. Si bien esta noticia trae esperanza a la comunidad LGTBI, está en las manos de ellos hacer cumplir sus derechos. Los médicos, los abogados y las EPS se van a hacer los maricas, pero la comunidad no lo es.