Entonces la “Voz de Dios” ha dejado de ser, lo mismo que la del “Pueblo”, que nunca fue, y se consolida la de los medios y detrás de los medios, los sectores hegemónicos.

Por: Víctor Zuluaga

Con mucha razón afirma mi amigo Juan Luis Pintos lo siguiente: “Los individuos tienen que jugar según unas reglas de juego públicas y  conocidas, pero los árbitros sancionan las jugadas según un reglamento diferente que solo ellos conocen.Se construye así un referente único para unos y otros al que se denomina orden social. En torno a ese referente único se producen las luchas múltiples por definir precisamente la relación entre el conocimiento y la realidad”.

Por mucho tiempo la “Voz de Dios” se expresaba por medio del libro sagrado y este a su vez tenía sus propios exégetas, vale decir, sus intérpretes, en el jerarquizado mundo clerical. Víctimas hubo a granel como el cura Cristopher Schneider que al observar las manchas solares, no pudo publicar su descubrimiento porque su superior le dijo que eso contrariaba la perfección del sol e iba en contravía de los postulado en la Biblia. O luego Galileo que fue condenado por atreverse a decir que la tierra giraba alrededor del Sol y ello dejaba sin piso el pasaje bíblico en el cual Josué ordenó que el Sol se detuviese cuando se producía la toma de Jericó.
Pero llegó el momento en que la “Voz de Dios” comenzó a desconocerse, se produjeron las revoluciones de los Estados Unidos y la de Francia, y la “Voz” todopoderosa fue reemplazada por la del “Pueblo”. Incluso, para recordar que esa nueva voz popular tenía vinculaciones con la anterior voz hegemónica se llegó a afirmar que “La voz del pueblo es la voz de Dios”. 

Si hacemos el ejercicio de remontarnos muchos años en la historia y pensamos en una ciudad como Pereira a comienzos del siglo XX, cuando no había radio ni prensa, los medios informativos para la los citadinos y campesinos eran los púlpitos de las iglesias y las escuelas. Es decir, curas y maestros eran los encargados de construir  y reconstruir la cosmovisión de sus gentes o lo que es lo mismo, los conceptos sobre el mundo exterior e interior. Digamos que “la opinión pública” en gran medida se circunscribía a la opinión de los curas y de los maestros. 

Pero llega el momento en que irrumpe la radio, la prensa y luego la televisión y, al menos en la primera etapa de los medios escritos, muchos cronistas de Pereira hablan de la llegada cada ocho días de un periódico capitalino a un notable de la ciudad, que leía las noticias en la plaza de Bolívar, recostado con una silla de baqueta, debajo de un palo de mango. 

Hoy en día, el acceso a la información o a la deformación, es muy amplia. El bombardeo de información por internet, radio, prensa y televisión es asombroso. Entonces la “Voz de Dios” ha dejado de ser, lo mismo que la del “Pueblo”, que nunca fue, y se consolida la de los medios y detrás de los medios, los sectores hegemónicos. O si no, preguntemos por el dueño del recién vendido periódico El Tiempo.

Entonces la “opinión pública” funciona así: hay un conflicto en el Cauca entre guerrilla, paramilitares, fuerza pública e indígenas. Los indígenas presionan la salida del ejército, hay un sargento que llora por tal humillación y de inmediato se convierte en figura de primera plana, va al Congreso, es condecorado, entrevistado y asediado por todos los “medios”. Al cabo de unos días, una agencia encargada de medir la “opinión pública” hace una encuesta  y pregunta, a quién respalda en sus acciones en el Cauca, a la guerrilla o al gobierno. La respuesta es contundente: 70 por ciento de respaldo al gobierno y 30 por ciento a la guerrilla. Entones, la pregunta es: La voz del pueblo es la voz de… ¿quién? Pues la de los medios.