columna…pero el país no ha cambiado, sigue siendo el mismo país en el que  tras la celebración de un recordado (tan recordado que en la actualidad se sigue festejando)  5-0 frente a Argentina, se embriagó hasta la saciedad. Aquel 5 de Septiembre el país se enclaustró en un festejo apocalíptico que dejó como resultado 82 muertos y 725 heridos.

 

 

Por: Jhonwi Hurtado

Quiero empezar a escribir dejando claro el respeto que siento por la selección Colombia, por el cuerpo técnico y por todo el proceso llevado a cabo para lograr la clasificación al mundial. Siempre he apoyado el equipo durante las eliminatorias, celebré con vehemencia los goles de Pabón y Falcao en La Paz (Bolivia), sentí nostalgia cuando el resultado fue adverso, y me enorgullecí y llené de esperanza cuando se empató con Chile y después de tantos años, volvía Colombia a un mundial. Hoy, con tristeza y  desilusión, pero con sensatez, debo decir que Colombia no puede ganar el mundial de fútbol, por lo menos, no el de este año.¡

En las aulas y pasillos de las universidades hay una frase que día a día toma fuerza: “Aquel que no conoce su historia, está condenado a repetirla” y la historia colombiana no deja lugar a esperanzas para pensar que el pueblo colombiano pueda asimilar un triunfo de renombre sin convertir el país en el acabose, en la hecatombe, en una guerra desmesurada donde la masa pierde raciocinio y se sube a una montaña rusa de emociones, pasando de la alegría, a la furia, pasando del festejo a la muerte.

Mucho se ha hablado de la transición entre la recordada selección Colombia de la década del 90 y la selección actual, y sí, sí  hay muchas diferencias, en su fútbol, en su táctica, incluso en el uniforme; pero el país no ha cambiado, sigue siendo el mismo país en el que  tras la celebración de un recordado (tan recordado que en la actualidad se sigue festejando)  5-0 frente a Argentina, se embriagó hasta la saciedad. Aquel 5 de septiembre el país se enclaustró en un festejo apocalíptico que dejó como resultado 82 muertos y 725 heridos. Un festejo acompañado de riñas por doquier, de personas que se le tiraban a los automóviles, y un sinfín de daños a estructuras públicas. Así es, sigue siendo el mismo país,  en el que  un 2 de julio del año 1994 asesinaron a Andrés Escobar, por un autogol que dejó fuera al equipo colombiano del mundial de Estados Unidos 1994.

Pero no nos vayamos tan atrás, demos un vistazo a nuestro barrio, a nuestra ciudad, ¿por qué en muchos lugares tienen que cerrar los establecimientos públicos cuando se van a enfrentar dos equipos “grandes” o dos equipos que tengan “barras bravas”? ¿Por qué se ha desplazado la familia de los estadios? Y es que las cifras son certeras,  aunque conocemos la historia, si la seguimos repitiendo tendremos que llegar al extremo de esperar que sean los equipos “chicos” los campeones del fútbol colombiano para evitar tragedias; según cifras oficiales, la celebración del título de Atlético Nacional dejó: un muerto y un herido en Medellín y 5 muertos en Barranquilla. ¿Es esto normal? Estamos tan acostumbrados a la barbarie que somos indiferentes a la realidad, o estamos en un país doble moralista que crítica los medios de comunicación pero se alimenta de ellos para exorcizar sus odios.

Y no importa que el campeón haya sido Atlético Nacional, la fórmula se repetiría con otro equipo de renombre. Siempre lo mismo: Festejo, alegría, embriaguez, riñas, muertes, estadios destruidos, pero como las elecciones presidenciales son hoy, pues que se sigan matando.

Reitero mi pasión por el fútbol,  mi amor por la selección Colombia y mi profundo respeto por el fútbol y  los jugadores que no tienen la culpa, reitero la admiración por esos 23 hombres que seguramente irán en busca de un eventual campeonato mundial para Colombia, pero si por conseguir una copa mundial ha de morir tan solo un colombiano, ha de incendiarse un solo carro, o han de quebrar un solo vidrio, prefiero esperar otros 16 años a ver si la realidad cambia y poder celebrar con orgullo y sin temor de ser asesinado sin saber por qué