Miguel angel lopezSeremos colombianos y estamos acostumbrados a que nos mientan de frente, pero esto ya es demasiado. El descontento general con el sistema de salud que nos dejó la Ley 100 es evidente. 

 

Por: Miguel Ángel López

En la noche del 22 de julio El Espectador publicó en su portal web una noticia que pregunta si se le puede creer a las EPS. Ellos no respondieron, pero aquí sí: No. No se les puede creer a las personas de Acemi, especialmente cuando presentan un resultado que dice que el 95 por ciento de los usuarios de EPS están satisfechos con el servicio prestado.

¡Claro, como aquí están los bobos! Seremos colombianos y estamos acostumbrados a que nos mientan de frente, pero esto ya es demasiado. El descontento general con el sistema de salud que nos dejó la Ley 100 es evidente. Tanto que hay dos reformas –una estatutaria y otra ordinaria– que lo pretenden cambiar. Dejaré a un lado el hecho que lo único que están haciendo es maquillar más los robos y abusos de los dueños de las EPS del país. Puta es puta, por más labial que use. El hecho es así de simple: Si proponen un cambio, es porque lo anterior no está funcionando.

Ejemplo uno: Más de once mil tutelas presentadas el año pasado. Conozco todo el caso de una paciente de Cafesalud. Su nombre es Sandra Báez y ella no solo tuvo que presentar tutela, sino también un desacato de tutela. ¿O es que los periodistas tenemos el infortunio de hablar justo con ese cinco por ciento que no está satisfecho?

Ejemplo dos: En febrero del presente año la EPS más grande del país, Coomeva, contempló una liquidación. Tal vez se quedaron sin dinero después de la construcción de su nueva cadena de servicios llamada Bancoomeva. Es muy duro pasar al sistema financiero. Gaviria nos lo dejó muy claro en los 90.

Pero tres meses después se descubre que cinco de la ocho EPS de Bogotá están quebradas y le van a hacer perder a la ciudad 245 mil millones de pesos. Pobres empresarios desamparados. Y no es todo, un mes después se publica la noticia que el Hospital Departamental  de Villavicencio está a punto de cerrar como consecuencia de las deudas que tienen varias EPS con él.

Ejemplo tres: Una serie de correos demuestran el pequeño cáncer de las EPS del que no se atreven a hablar. Ellos lo llaman administrador. Yo les diré ladrones. Resulta que estas empresas cuentan con una especie de semáforo como los que controlan el flujo de autos en las calles, pero estos buscan es frenar los gastos de las EPS.

Los médicos cuyo nombre está en verde no tienen nada de qué preocuparse, porque no han mandado muchos exámenes o medicamentos en el mes. Pero aquellos que están en amarillo, deben ir parando (y no acelerando como la mayoría de los colombianos) porque están llegado al límite de gastos. O sea, ellos tienen un límite de gastos que no obedece las necesidades de los pacientes, sino las de sus directores.

Pero no es todo, luego está el temible rojo. Ese que trae tantas fotomultas a nivel nacional, pues aquí también es problema. Si eres un buen médico que ha mandado los exámenes y medicamente que tus pacientes necesitan te van a mandar correos, memorandos o incluso visitas del administrador donde te van a regañar por los gastos. Que solo mande lo que sea absolutamente necesario. Así pues, las EPS se olvidan de uno de los principios de la medicina: la prevención.

Conclusión: Queridos médicos y no médicos (administradores, economistas, ingenieros…) de Acemi y todo el sistema de salud. Queridísimo Ministro. Espero, que si me van a meter los dedos en la boca, sea para el examen médico por el que esperé tantos días. O de pronto es que se equivocaron y es el cinco por ciento el que está satisfecho. Tranquilos, a cualquiera le pasa con tanto papeleo.