Por: Diana Carolina Nieto Perafán

Julieta Barbosa, ciudadana colombiana, tuvo que esperar tres años para tener un hijo mediante el proceso de adopción. Por contraste, Mariela Lecompte, de origen francés y radicada en Colombia, sólo tardo tres meses para recibir a su hijo mediante el mismo proceso.

Julieta decidió empezar el proceso de adopción por medio del Instituto Colombiano de Bienestar familiar (ICBF), junto a su esposo Juan Carlos tras conocer la notica de no poder concebir hijos de forma natural.

El caso de Julieta es distinto al de Mariela, ya que esta mujer francesa radicada en Colombia hace dos años perdió a su hija de 9 meses de nacida debido a un dengue hemorrágico que padeció al  llegar a este nuevo país.

Mariela, Daniel y Bertulfo. Beneficiados por el proceso de adopción

Patricia Trejos, jefe de adopciones del instituto, afirma que no todos los procesos de adopción son los mismos, ya que cada pareja que desea beneficiarse realiza un proceso diferente de acuerdo a sus necesidades, capacidades y tiempo de espera de acuerdo a sus aptitudes y requerimientos.

De igual forma informa que si se le da prioridad a un caso extranjero no es porque tengan preferencias, sólo que en algunos casos se da por el tiempo que un extranjero se encuentra en el país.

María Consuelo Puerta, directora regional Risaralda del ICBF, cuenta que “para dar un niño en adopción en Colombia es necesario analizar el perfil de los padres, tanto física como mentalmente y de acuerdo a este perfil se busca un niño óptimo para esta pareja, que se parezca físicamente y que tenga un comportamiento similar al de los que se van a convertir en sus padres”.

El ICBF es una entidad adscrita al Ministerio de la Protección Social, es una de las instituciones más representativas del país y fue creada para tratar de solucionar problemáticas, tales como la desintegración e inestabilidad  familiar. También coordina procesos de adopción a familias que amparan a menores huérfanos, permitiéndoles un óptimo desarrollo y adaptación en la sociedad.

Regulación legal

Según el Artículo 61 de la Ley 1098 de 2006, “la adopción es, principalmente y por exce­lencia, una medida de protección a través de la cual, bajo la suprema vigilancia del Estado, se establece, de manera irrevocable, la relación paterna filial entre personas que no la tienen por naturaleza”. La adopción es el fortalecimiento de una familia tal y como lo es cuando existe un lazo de sangre, en donde se valen todos los derechos y deberes que implica el integrar un niño al vínculo familiar.

Para Consuelo Puerta, los procesos de adopción son los mismos en cualquier parte de Colombia y son aptas para adoptar todas aquellas personas que tienen la capacidad física, mental, moral y social para ofrecerle un hogar adecuado a un menor de 18 años.

El artículo 68 del Código de Infancia y Adolescencia establece que para adoptar de manera conjunta o individual se deben tener óptimas capacidades, ya que de esta manera se garantiza que el menor va a estar en un hogar con personas adultas, responsables, absueltas de cualquier dificultad física o mental.

Acompañamiento para adoptantes

Carolina Castaño, trabajadora social para el Bienestar Familiar, comenta que para el proceso es necesario acompañar a los adoptantes ya que estos también requieren de intervención psicológica y emocional por enfrentarse a situaciones de frustración por la pérdida de un hijo o por no poder tenerlos.

Julieta inició su proceso en octubre de 2007, donde empezó visitando el instituto para pedir el requerimiento de adopción. Lo hizo junto a su esposo, acompañada además por una trabajadora social.

Julieta, Sebastian y Juan Carlos.

Tras la muerte de su bebé, Mariela, se sentía frustrada no solo por la pérdida de su hija, también por no lograr quedar embarazada. Decidió iniciar el proceso de adopción, este duró tan poco tiempo que su hijo fue entregado el 15 de julio del año 2010.

La ardua espera terminó para Julieta y su esposo el 1 de junio de 2010 tras casi tres años en el proceso, recibió a su hijo de cinco años y color mestizo, de acuerdo a las características de parecido con los padres según el ICBF.

Pero el proceso continuaba para ambas parejas, ya que seguía la legalización para que los adoptados llevaran sus apellidos en el acta de nacimiento y el registro civil.

La ley de infancia y adolescencia aporta beneficios para el menor y ampara a los adoptantes para que realicen un proceso óptimo en la legalización de apellidos requeridos por los beneficiados. Para esto se inicia con un proceso legal en donde el ICBF certifica que los padres biológicos fueron absueltos de la responsabilidad del menor por maltrato físico, emocional o por abandono; es ahí donde inicia el proceso de legalización en donde se expide ante la Registraduria un nuevo registro del menor con sus nuevos apellidos.

“Este proceso es posible cuando el ICBF presenta los cargos y nosotros como abogados disolvemos los documentos anteriores y ahí empieza el proceso normal del niño como si estuviese recién nacido”, comenta Duberney Restrepo, abogado asesor en procesos de adopción.

Mientras que Julieta y Mariela  fueron beneficiadas en este proceso regido por ICBF, en Colombia todavía existen familias esperando ser aptas para adoptar a un niño, y muchos niños que esperan a alguien con quien compartir y poder crecer en el núcleo de un hogar.