JURADOS SIN EXPERIENCIA: DECISIÓN FATAL

Una de las más controversiales elecciones de los últimos 50 años fueron las del 13 de marzo de 2022. Los errores fueron tantos y tan enormes que la democracia misma se puso en tela de juicio. Por primera vez, miles de jóvenes estudiantes fueron llamados a ejercer como jurados.

 

Escribe / Equipo LCDR – Ilustra / Stella Maris

La primera reacción fue de incredulidad. Mariana Ladino, estudiante de undécimo grado de bachillerato, con apenas 18 años de edad, fue citada como jurado en Pereira para las elecciones del 13 marzo. Lo paradójico es que ninguno de sus profesores de la institución educativa El Dorado, en Pereira, fue llamado para ejercer esa función que, por costumbre, suele ocupar a docentes que pertenecen a distintas instituciones. Pero este año no fue así.

Miles de docentes, habituales como jurados en anteriores eventos electorales, tuvieron un domingo relajado en sus casas, mientras muchos de sus estudiantes sufrían las duras y las maduras en una jornada que se extendió por casi 14 horas para algunos de ellos, enredados con el preconteo y el diligenciamiento de los engorrosos formatos que exige la Registraduría Nacional.

¿Por qué este año muchos de los docentes no fueron llamados como jurados de votación? Todo nace a partir de las profundas diferencias que ha sostenido el expresidente Álvaro Uribe Vélez, cabeza del partido de gobierno, con los profesores agremiados en la Federación Colombiana de Educadores (FECODE). Desde “Lo único que tienen los profesores es la fuerza de la calumnia”, hasta “los profesores les enseñan a los estudiantes es a gritar y a insultar, no les enseñan a debatir, le retuercen el cerebro”, como quedó registrado en un video en el 2018 (ver). Por supuesto, las respuestas de Fecode contra el expresidente y su partido, el Centro Democrático, también han sido muy fuertes, como se publicó en la cuenta en Twitter de esa agremiación: “total rechazo a insultos de @AlvaroUribeVel contra el Magisterio. Son blasfemias en boca de un hombre más interesado en la violencia que en el diálogo”.

Y las cosas llegaron a tal punto que el hombre más poderoso de Colombia, influyó a su partido para que se iniciara una cruzada contra la presencia de profesores como jurados de votación en las elecciones del 2022, tal y como sucedió (ver).

 

Nota de El Espectador del 11 de junio de 2021.

Esta petición pronto se vio reforzada como la divulgación de noticias en las cuales dirigentes sindicales invitaban a reuniones en las sedes educativas para hacer énfasis en que las elecciones de este año no “se podían dejar robar”, además de manifestar la abierta simpatía por la coalición de izquierda Pacto Histórico, que a la postre fue una de las grandes ganadoras en estas elecciones sin mucha presencia de profesores.  El hecho fue amplificado por varios medios de comunicación, algunos de ellos cercanos al Gobierno del presidente Iván Duque (ver).

El tira y afloje entre el uribismo y Fecode pronto dejó claridad sobre cuál era la decisión por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil, ente encargado de organizar las elecciones en el país. De esta manera, muchos docentes no fueron llamados para ser jurados. Aunque no hay una cifra concreta, diferentes fuentes consultadas en colegios de la región estiman que entre el 50 y 67 por ciento de la planta profesoral fue descartada para cumplir estas labores.

Fecode pronto manifestó su inconformidad, pero lo extraño es que no tomaron medidas legales. O no por lo menos acciones jurídicas que se conozcan. De las pocas manifestaciones constatables está este trino en la cuenta oficial de Fecode:

Y esta nota publicada el 22 de  marzo en la página de la agremiación, pero que luego fue eliminada. Recurriendo a la memoria caché, aún puede ser consultada:

Como aparece en una nota publicada esta semana por El Espectador, estas acciones tomadas por el registrador Alexander Vega se suman a otros desaciertos de su papel al frente de esa entidad. “Recientes declaraciones del registrador Alexander Vega, quien no da entrevistas, sostienen que para esta ocasión se redujo el número de docentes que serán jurados de votación, lo cual parece una respuesta a la campaña instigadora con intereses políticos. Entonces, ¿qué tanto se puede confiar en el registrador y desconfiar de la elección de los jurados?” (ver)

Algo paradójico que un funcionario que en estos momentos no genera confianza se plantee como meta desconfiar de quienes año tras año han ejercido con oportunidad y buenos logros su papel como jurados.

 

Llamar a la caballería

Ante la necesidad de jurados de remplazo, decenas de miles de jurados, además, la opción fácil fue llamar a estudiantes inexpertos para ejercer tal labor. Una aparente buena salida –en el sentido de que se empieza a formar a los jóvenes para que jueguen un rol más activo en las jornadas democráticas– terminó convirtiéndose en un error fatal. No solo por su inexperiencia, lo peor fue que no recibieron capacitación adecuada, amplia y con suficientes horas de práctica dirigida.

A esto se suma que muchos de ellos terminaron en mesas de votación en las que la totalidad de los integrantes –son seis por cada mesa- eran novatos, sin experiencia alguna como jurados de votación.

Algo particular es que muchas de las personas entrevistadas se quejaron porque no tuvieron hidratación ni alimentación por parte de la Registraduría. También por el excesivo control al que fueron sometidos por parte de los delegados y sus funcionarios, con escaso tiempo para almorzar o ir al baño.

Para verificar impresiones y los supuestos que ruedan en bocas de muchos, LCDR propuso un cuestionario a muchos jurados estudiantes que cumplieron ese rol en Risaralda. Se hace un resumen de las respuestas obtenidas ante las preguntas propuestas. En cada caso se especifica su nombre, edad y lugar en el que fue jurado.

 

MM, 18 años, escuela Santander, La Virginia.

No tenía experiencia en procesos electorales. Sí tuve capacitación, pero fue muy rápida en algunas cosas. Conté con suerte, porque dos personas de su mesa ya tenían experiencia como jurados, los demás no. No me gustó el poco tiempo que daban para la alimentación.

 

Laura Zapata (24 años). Gobernación de Risaralda.

No había sido jurado antes, la capacitación fue de casi dos horas que considero “muy básica” para alguien sin experiencia, la mayoría éramos jóvenes. Llegué con muchas dudas. Solo dos compañeros de mesa habían sido jurados, cuatro eran nuevos. Quien resolvía las dudas eran personas de la Registraduría. En el preconteo hubo muchas cosas confusas, pero no había suficientes personas para acompañar cada mesa. Ellos (los de la Registraduría) se ausentaban, porque eran muchas mesas. “Se sintieron vacíos en el proceso, desde la capacitación hasta el acompañamiento en la parte final. Nos guiábamos por instinto o por las campañas que previamente habían hecho medios independientes”. Asegura que en su mesa los jurados tenían entre 20 y 26 años de edad. En su mesa se cometieron errores al llenar los formatos, los cuales aclararon de manera detallada en otros formatos.

 

Paula Quinche, 22 años, colegio del barrio Kennedy

Nunca había sido jurado, con proceso de capacitación que considera se le realizó como si hubiera sido jurado antes. “La capacitación duró 40 minutos”, dice. Una jurado tenía experiencia y había trabajado en la Registraduría, las otras cinco jurados eran nuevas. Tuvieron problemas de preconteo y no tuvieron acompañamiento, las pocas respuestas eran breves y cortantes. Una señora que tenía identificación de delegada reclamó los formularios. Había muchos delegados de los políticos (testigos) y tomaban fotos de los formularios. “No me gustaría ser jurado de otras elecciones”, comenta con seguridad. Su experiencia con el personal de la Registraduría fue muy desagradable, no fueron amables. En el lugar de votación la mayoría eran mujeres jóvenes que actuaron como jurados.

 

Evelyn Marín, 23, IE Carlota Sánchez

Primera vez como jurado, tuvo capacitación de una hora y media, luego le enviaron videos y los formatos al correo. “Fue muy educativa, pero hubo muchos formatos”. En su mesa, dos jurados tenían experiencia y 4 no la tenían. Tuvieron dificultades al principio, por la afluencia de personas se les pasaron dos votantes sin firmar. Otra persona puso la huella en la casilla que no era, pero los representantes de la Registraduría validaron ese voto.

 

Jhon Faber Giraldo, 23 años, IE Antonio Galán

Primera vez como jurado, aunque ha estado en procesos anteriores como veedor. Capacitación de dos horas que no fue lo suficientemente extensa y clara. Ninguna persona de la mesa tenía experiencia, “todos éramos novatos”. Yo era el más experto. Muchos tachones, sellado de bolsas y no se sabía qué hacer con el material sobrante. Mucha desconfianza de la Registraduría con los jurados jóvenes. El acompañamiento no fue suficiente por falta de personal. Sí hubo problemas de pedagogía previa con el electorado. Un gran porcentaje de personas que no saben desde lo más básico. El relevo generacional, la cantidad de jóvenes que tuvieron que ejercer con imparcialidad, le dieron un nuevo hálito de vida al proceso. Pero se objetan estos aspectos: la dudosa imparcialidad de la Registraduría por parte de algunas personas, los errores de los jóvenes y las inconsistencias de la Registraduría.

 

Zara Ospina, 21 años. Megacolegio Diego Maya de Samaria

No había sido jurado de votación ni testigo electoral. La capacitación fue una reunión de hora media a dos horas, más hablada y con poca práctica. “Uno llega más bien perdido el día de las elecciones”. Solo una persona de su mesa tenía experiencia previa como jurado, los otros cinco eran jóvenes inexpertos, estudiantes universitarios. Durante la jornada de elecciones lo único raro fue un testigo electoral que iba de mesa en mesa verificando si unos números específicos de cédula habían votado o no, se denunció a las autoridades este hecho. “Nos tocó repetir el conteo de votos porque no nos cuadraban las cuentas. En la capacitación debieron profundizar en el conteo de votos, muchas mesas estaban descuadradas. Terminamos casi a las 9 de la noche”. Sí había personas de la Registraduría, pero el acompañamiento no era tanto, era más para hacernos presión. Había informaciones encontradas por parte de los funcionarios de la Registraduría. Había personas que llegaban a la mesa totalmente desinformadas, tanto adultos como jóvenes estaban desinformados. Volvería a ser jurado porque es algo ineludible y es para mejorar el país, pero me parece que las condiciones de alimentación son muy descuidadas.

 

Karen, 21 años. Colegio de Kennedy.

Capacitación de hora y media, pero no la considero aportante. Ninguno de mis compañeros había sido jurado antes, eran de la misma edad, aproximadamente. Tuvieron muchas dificultades para organizarse y para el preconteo. No había asesoría suficiente por parte de la Registraduría, porque era una sola persona para el puesto de votación de Kennedy, que es muy grande. Mis compañeras del jurado estaban muy estresadas. No sería jurado en próximas elecciones, porque es el único día que uno tiene para hacer trabajos y porque no hay quién resuelva dudas.

 

Mariana Jaramillo, 22 años, estudiante de Administración Industrial.

Yo fui jurado de votación en el [colegio] San José [Pereira], en la mesa 16. Era la primera vez que fui jurado, incluso todos los de la mesa también. De todas maneras, todas sentimos que faltó un poquito más, porque una a veces se tenía enredada algunas cositas porque son demasiados formatos. Ellas tuvieron varias equivocaciones con las firmas. “Yo digo que uno de los errores fue que todas fuéramos primerizas en eso porque es más complicado organizarse para las tareas y todo, pero ya después de que una organiza las funciones y todo ya es más fácil trabajar.

 

José Miguel Aristizábal, 20 años. IE Héctor Ángel Arcila de Dosquebradas.

Fue mi primera experiencia como jurado y como votante. Recibió capacitación paupérrima. Se explicó de manera exprés, muy rápido, en dos horas. Ninguno de los seis jurados teníamos experiencia. Primer problema: no diligenciamos la información en los tarjetones, los entregaron en blanco, tampoco diligenciaron bien los certificados. A las 4 empezó la odisea. No sabíamos diligenciar el E14, en la casilla de votantes pusimos fue el número total de personas habilitadas para la mesa. El uso del cuentavotos fue una discusión sobre si se marcaba partido y candidato se contaban por aparte o era un solo voto, al final supimos que era esta la opción. Brilló en especial la ausencia en acompañamiento de los delegados de la Registraduría para casos específicos, porque decían que era función del jurado. Tuvieron que corregir varios errores. Hubo mucha pedagogía partidista, pero no ciudadana; la Registraduría no hizo un ejercicio pedagógico fuerte a la ciudadanía en general, debe hacer un papel más fuerte en este aspecto. Estas elecciones dejan una reflexión, un sentimiento de desesperanza; las instituciones y el Estado colombiano fallaron, creo que no hubo ni habrá garantías, eso es lo más preocupante. Yo si tuviera la posibilidad de elegir, no volvería a ser jurado.

 

Joven mujer jurado, 26 años,  Normal Superior El Jardín.

Primera vez como jurado. La capacitación no fue tan aportante, se informó a través de redes sociales y otros medios. Duró dos horas la capacitación. Todos los jurados de su mesa eran novatos. Tuvieron dificultades para hacer diligenciamiento de formatos, con el desarrollo de la jornada supieron resolver inquietudes y se apoyaron. Fueron 13 horas de jornada (7 am a 8 pm). Usaron hoja adicional para contar votos, luego al cuentavotos y así al E14. No tuvieron acompañamiento de la Registraduría durante la jornada, la que considera agotadora. No hubo suficiente pedagogía previa a las elecciones, la gente no sabía por quién votar ni sabían el nombre de los formatos para las consultas, a pesar de ser personas jóvenes.

 

Tatiana Díaz, 23 años, estudiante de Contaduría Pública.

Yo fui jurada en La Victoria, Valle. La primera vez que yo fui jurada me tocó en cabecera municipal, en la mesa veinte algo, yo sí fui jurada en 2019 en las elecciones de Alcaldía. Esta vez me tocó en zona rural en la mesa 14, en Holguín, que es una vereda de La Victoria, un corregimiento es que se llama eso.

Yo sí tenía que participar y el problema fue que no me di cuenta que era jurada ¿por qué? Porque resulta que yo me confié de la página de la Registraduría ingresando mi cédula y siempre me decía que no, que no era jurada. Yo tengo dos correos, el personal y el universitario, por el universitario me citaron, pero mi celular ya no me da esas notificaciones, solamente me reconoce el personal. Resulta que en la Registraduría había dos páginas, una que estaba caída, que una no era, sino que era la otra y eso era un enredo ahí, pero por qué tienen dos páginas para consultar, le dije a la Registraduría, porque me parece muy mal hecho de que yo haya consultado y me haya dicho que no y que de un momento a otro me dijeran “usted no se presentó, la vamos a multar”.

Pendón del partido de la U: Maria Irma Noreña y Norma Hurtado. Justo a las afueras de la institución Juan XXXlll. Fotografía cortesía / Unidos UTP.

Denuncias de los jurados

Unidos UTP, a través de redes sociales, recogió denuncias de la ciudadanía. Estas son algunas de las aportadas por jurados de votación, muchos de ellos estudiantes de esa misma universidad. Se publican tal y como fueron divulgadas en su momento.

-I.E. Kennedy, mesa 2, funcionarios de la Registraduría dieron la orden de meter en las bolsas los papeles de votación sin marcar, estos no los dejaron rasgar, ni quemar, ni botar.

– Jurado de la mesa 12, de la institución Carlota Sánchez, manifiesta que recibieron la orden de NO trazar asteriscos (*) sino guiones (-). En esta misma institución pusieron un aviso el día domingo 13 de marzo de 2022, que le indicaba a un grupo de personas que su puesto de votación había sido trasladado a la institución Jorge Eliécer Gaitán, cuando las personas llegaron al lugar no figuraron como votantes allí; no hubo mayor diligencia por parte de funcionarios de la Registraduría.

-Jurado de votación mesa 13, zona 8, Colegio Ciudad Boquía, Parque Industrial. Denunció la presencia de dos personas realizando propaganda dentro de la institución a favor del partido Liberal y Centro Democrático.