Paisaje sin café

Esto explica, entre otras cosas, porqué a los eventos académicos e institucionales donde se debate los alcances de la declaratoria de la Unesco del paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad, no hay caficultores, y a lo sumo el tinto que se les ofrecen a los asistentes es preparado, lo más seguro, con cafés traídos de Ecuador y Perú.

Por: Carlos Victoria

El boom del paisaje cultural cafetero contrasta con la debacle económica y social del territorio donde se cosechaba el mejor café del mundo.

El entusiasmo de autoridades y académicos impulsores de la iniciativa no se compadece con la amargura de miles de campesinos caficultores que a esta hora hacen maletas para abandonar sus fincas y coger otro camino.

Hoy por hoy el peor enemigo de este paisaje no es otro que el modelo neoliberal, que desde los años noventa, le asestaría un golpe brutal a los precios agrícolas. El café no ha sido la excepción y por eso el próximo 13 de agosto, en la denominada Marcha de la Dignidad Cafetera, en Manizales, le cantarán la tabla al gobierno. Los caficultores están arruinados y solo los grandes sobreviven a esta crisis, como casi siempre ha sucedido.

Las cifras son aterradoras, a pesar de la cosmética institucional a la que son sometidas por voceros del gobierno y la propia Federación. Las miles de hectáreas dejadas de sembrar son apenas un reflejo de la baja cotización que experimenta el grano por la sobreoferta global. Los cafeteros están produciendo a perdida. El impacto en el ingreso se ve reflejado, por ejemplo, en la caída del empleo rural.

Las escuelas del campo se están quedando vacías, y algunos casos ya se han registrado suicidios de jóvenes, desesperanzados y sin alternativas a la vuelta de la esquina. Las capitales de Risaralda y Quindío, en lo que va del año, han experimentado una oleada de suicidios por encima de los promedios históricos. Los expertos la achacan, en parte, a la difícil situación económica.

Crecimiento de la pobreza regional

En 12 municipios de Risaralda el 80 por ciento de la población está sisbenizada, según lo dimensionó recientemente un estudio de la facultad de Economía de la universidad Libre. Este dato corrobora que la pobreza regional crece a un ritmo insostenible para efectos fiscales, y de demanda. Si no fuese por los US $500 millones mensuales, por concepto de remesas provenientes del exterior, que ingresan mensualmente el panorama sería peor.

La crisis en la llamada zona euro tarde que temprano hará mella en esta cifra. La tendencia a la tercerización apenas es un reflejo de la cultura del consumo y el desmantelamiento del campo.

Esto explica, entre otras cosas, porqué a los eventos académicos e institucionales donde se debate los alcances de la declaratoria de la Unesco del paisaje cultural cafetero como patrimonio de la humanidad, no hay caficultores, y a lo sumo el tinto que se les ofrecen a los asistentes es preparado, lo más seguro, con cafés traídos de Ecuador y Perú.

Un estudio de la Banco de la República, publicado en 2010 subrayaba que “los Andes Occidentales experimentan las tasas de desempleo más altas del país, tasas que se han visto afectadas aún más con la crisis financiera internacional a través del menor flujo de remesas que los trabajadores oriundos de la región y residentes en el exterior envían a sus familias”. El informe precisaba que la participación del valor agregado generado por el café en la región se redujo en 43% entre 1990 y 2005.

En los últimos meses es frecuente ver el coroteo de familias de propietarios y trabajadores, desplazándose de un lado a otro, como leones enjaulados en busca de un puesto de trabajo, aunque en la práctica dicho rebusque se suma al torrente de miles de desplazados económicos que se toman las calles de las principales ciudades del país. Armenia y Pereira son un ejemplo dramático de la crisis. Las autoridades han comprendido que la solución no se reduce a un asunto policial

El desempleo rural

Los cafeteros que resisten a la baja en los precios lo hacen a pérdida. La arroba se ha pagado por debajo de $ 60 mil. La sobreproducción del grano en Indonesia, Etiopía y Vietnam, donde un jornal oscila entre 9 y 7 mil pesos diarios, hace del juego de la competitividad de precios una ruleta rusa para el grano colombiano. El desempleo rural, ligado a esta actividad, podría situarse entre un 50 a 60%. Si en una finca cafetera se contrataban tres jornales se ha reducido a uno.

Para las autoridades de Armenia la ola de inseguridad y violencia que azota a la región está asociada con este problema. Así se lo plantearon al Presidente Santos. Sin embargo, los cafeteros reunidos recientemente en Marsella, Risaralda, dijeron a una sola voz que “el gobierno no quiere saber nada de nosotros”. El anunciado aumento de la contribución cafetera sería la lápida. A esta medida se opondrán los productores que se reunirán el 13 de agosto en Manizales.

Lindo paisaje, pero sin café

En el reciente taller internacional Estudios de Paisajes Culturales, realizado en Manizales, Armenia y Pereira sobresalían las caras largas y los interrogantes. No es para menos. Uno de los expertos invitados, el geógrafo español Rafael Mata Olmo, fue directo al grano y dijo cosas como estas: No se salva el paisaje, sino se salva el país; los paisajes deben ser patrimonializados por las comunidades locales, no solo por el poder y la academia; el paisaje es un derecho ciudadano y por tanto debe fluir una democracia territorial y no su privatización.

El rector de la Universidad Católica de Pereira, sacerdote Alvaro Betancur, puso el moño: “El paisaje cafetero debe ser un territorio para la vida digna, la sostenibilidad y la equidad”. Es una oportunidad para construir paz, en resumidas cuentas. En conclusión: no solo cuenta la estética, sino también la ética.