Por: Jennifer Castaño González

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En el año 1990 se propuso un plan de expansión eléctrica en Colombia, donde se evaluaron posibles proyectos de desarrollo hidroeléctrico para el país. El único que fue propuesto para Antioquia fue Porce II, una planta hidroeléctrica que supliría la demanda  eléctrica del sistema de las Empresas Públicas de Medellín y del sistema nacional interconectado

La central Porce II está compuesta de un embalse con una capacidad total de 149,37 millones de metros cúbicos, su mayor fuente de alimentación es el río Porce, el cual nace en el Alto de Minas, al sur de Medellín. La central se ubicación es de 120 kilómetros al nordeste de Antioquia, en la vía que conduce a las poblaciones de Amalfi y Anorí.

Para la realización de  este proyecto “consideramos por primera vez la posibilidad de incluir un estudio arqueológico en el área de influencia del mismo con el fin de determinar la existencia de vestigios arqueológicos y establecer así el posible impacto que las obras podrían causar en bienes materiales, considerados patrimonio histórico y cultural de la nación”, afirmó Dahiana Giraldo, ingeniera ambiental, encargada de las gestiones ambientales en EPM.

Alcances del estudio arqueológico

La empresa que conducía al desarrollo del sector eléctrico colombiano (ISA), intentó anexar dentro del proyecto la valoración del impacto arqueológico dentro de los aspectos a considerar en la gestión ambiental del sector eléctrico. ISA pretendía incluir una política a favor de la protección ambiental y arqueológica del sector en el que se iba a construir la central, sin embargo no existía un régimen estatal sobre las estrategias de amparo del patrimonio, en proyectos de desarrollo de infraestructura. Queda a salvo los derechos de la nación sobre los monumentos históricos, objetos y cosas de interés arqueológico, según la ley 164 del año 1959.

Para Juan Guillermo Restrepo, ingeniero ambiental de Ingeominas, EPM debía evaluar la pérdida del patrimonio arqueológico, realizando un estudio en el área de Porce II en el que debían determinar el impacto, cuáles iban a ser sus alcances, quién debería responder por la pérdida del patrimonio nacional, entre otros aspectos que eran indispensables calcular a la hora de desarrollar el proyecto hidroeléctrico.

Como resultado del análisis a la zona del proyecto en el que participaron funcionarios de EPM, abogados, especialistas en gestión ambiental y antropólogos de la universidad de Antioquia, la empresa se comprometió en diseñar una estrategia para prevenir, evitar, mitigar el impacto y lograr proteger el patrimonio Arqueológico en Porce II

“Desarrollar el estudio entonces pretendía superar una visión localista o de lugar y aprender a administrar y utilizar los recursos a los que se tenían acceso”, expone Juan Guillermo. Lo que se pretendía  lograr con los estudios arqueológicos aparte de tener la certeza de no estar perjudicando el patrimonio nacional, era también usar esos recursos y generar una producción de ellos para beneficios de la central.

Mediante el análisis arqueológico de los lugares y del material hallado en ellos, se deduce que en el siglo XVI la región fue habitada por diversas comunidades, desde las que vivían de la caza y la recolección de recursos de los bosques hasta sociedades más avanzadas que se suplían de la agricultura y el oro que extraían del río Porce.

Desarrollo de la central

A causa de la cobertura vegetal que se generaba por el crecimiento de las aguas represadas, se pretendía buscar un método confiable para identificar los sitios que tenían la remota posibilidad de hacer hallazgos, así que sometieron el terreno a prueba, lo que permitió conocer los lugares donde hubo actividad humana en el pasado precolombino. Luego de realizar este análisis profundo, se dio paso a la construcción de la central, y se inició la obra, que había sido sometida a estudios arqueológicos y antropológicos.

Se estipularon tres meses para el trabajo de campo y los hallazgos, pero estos meses fueron insuficientes, porque no había casi vías de acceso, no se tuvieron en cuenta los 120 kilómetros cuadrados de área, la exuberancia de la vegetación y la falta de puentes sobre el río. EPM para este tiempo ya tenía comprado más del 90% de los terrenos de la zona y se había dejado su uso agropecuario tradicional.

“Los trabajadores que vivían de las minas de oro, la pesca y demás actividades  cercanas la central pedían una indemnización o un empleo, para tener la certeza de que no se quedarían desempleados y sin dinero con que subsistir”, afirma Mássimo Milone, habitante de Amalfi y quien comenta que la central además de suplir la demanda eléctrica es una fuente de contaminación y dolores de cabeza para muchos, ya que el río Porce por sus aguas represadas suele contaminarse mucho y producir enfermedades en los sujetos que viven en los municipios cercanos.

Según la ingeniera Giraldo, “cuando los trabajadores de las minas de oro, los pescadores, y agricultores se enteraron que EPM estaba indemnizando a los obreros o los estaba vinculando al proyecto de Porce II, para suplir esa pérdida, muchos que no vivían cerca a la represa o que no vivían de esto, se fueron a instalar allá con sus familia sólo para recibir un beneficio que no les correspondía”.

Los obreros buscaban beneficios en la construcción de la nueva central, así que las EPM luego de realizar un estudio, habló con la gente y llegaron a diversos acuerdos, sin embargo esos acuerdos se ensamblaron sobre los datos que recogió EPM, que no eran totalmente reales. La falta de conocimiento por parte de los mineros sobre lo que se iba a construir en esa zona generó un fuerte problema de orden público

“Asesinaban  gente y nadie tenía datos precisos de quién o porque había sido. Para esta época comenzaron a llegar personas que decían trabajar para EPM a tomarles entrevistas a los mineros, a lo que los mineros tenían total desconfianza por los hechos que se venían presentando. Cómo consecuencia de la falta de información muchas personas fueron desalojadas de sus tierras sin recibir nada a cambio, porque debido a que no se dio un consentimiento informado a toda la comunidad no aparecían en la base de datos EPM”, expresa Giraldo.

Debido al conflicto que se generó en el proyecto Porce II, la minería con dragueros, barequeros y hasta las retroexcavadoras se estancó, ya que culturalmente se tenían periodos de trabajo según el clima, pero con la hidroeléctrica se complicaba el trabajo de los obreros, porque se presentaban subidas inoportunas de agua que es generada por la represa en su proceso de producción de energía. Anteriormente, el invierno  servía para utilizar las herramientas fabricadas en verano, todo ese cronograma se acabó con la hidroeléctrica, apunta George Antía, ingeniero ambiental.

Pero según la ingeniera Giraldo otra causa fueron las enfermedades endémicas: “es natural que a una comunidad que es relativamente pequeña, lleguen obreros de afuera, muchos con enfermedades ajenas a la región y luego se quedan allí, Esta es una región tropical que presenta enfermedades graves como la malaria”.

Desde ya, están previstos los beneficios ya con la experiencia de Porce II, se tendrán muy en cuenta cada uno de los errores anteriores para no recaer en ellos, se mejoraran las condiciones de vida, los ingresos, la salud, se informará bien sobre el proyecto. En la operación a proyectos futuros, esperamos cumplir con las expectativas de los ciudadanos, tenemos que mejorar en relación con el proyecto Porce II, para lograr así unos mejores escenarios y unos mayores beneficios para las familias impactadas. Al comienzo del proyecto (Porce ll), EPM tuvo que lidiar con los grupos armado, ubicados por los alrededores la central, “No se tuvo un contacto directo, aunque hubo momentos en que hubo presencia en muchas de las reuniones de consentimiento informado y en varios procesos de información, consulta y concertación, la relación de EPM se hacía directamente con las comunidades impactadas, la parte elemental fue la transparencia y el cumplimiento, dado que si EPM cumplía los grupos armados no tenían por qué alarmarse por nada y mucho menos si sabían lo que se pretendía realizar en este terreno”, manifiesta Giraldo.

El ingeniero Antía  dice: “es una de las formas más antiecológicas que existen en el mundo, ya que el represamiento de un río forja cambios bruscos en el ecosistema, cambia la vida, el clima,  y la rutina de muchos animales”. Los impactos ambientales, arqueológicos y sociales que ha generado la central han sido muy notables mostrando que la central ha sido  parte de una fuente de energía, de enfermedades, y de deterioro al medio ambiente.

Lo anterior concreta los conflictos que se generaron alrededor de una central hidroeléctrica que buscaba el beneficio de una sociedad impactada, pero que sin embargo pesó más el daño ambiental y social que se generó durante su proceso de construcción y después de él, que los beneficios que pudiera brindar a un país.