LAS DOS CARAS DE LAS FLORES

Hoy, muchos campesinos, después de escuchar discursos de prosperidad económica, cambiaron sus cultivos de comida por ornamentales.

 

Por / Norvey Echeverry Orozco

Seguramente, en alguno de los tantos momentos de la vida –un cumpleaños, un funeral, una serenata, la recuperación de salud en una clínica, unos grados de universidad o de colegio, un matrimonio (incuso donde, por desgracia o suerte, le cayó en las manos el ramo que soltó por los aires la amiga que se casaba)– ha comprado o le han regalado flores. Se ven bien bonitas en la sala o en el escritorio o en la lápida. Ni decir cómo encanta su aroma a los que se aman. Seguramente, si no fueron sembradas en la Sabana de Bogotá, entonces provienen del oriente antioqueño, una región de Colombia donde la flor se cultiva desde los años noventa, cuando llegó el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, y comenzó a desplazar cultivos de legumbres, verduras y leguminosas hacia la zona de páramo, poniendo en riesgo el agua del oriente de Antioquia y del norte de Caldas. En años anteriores, como lo comentó un campesino del municipio de La Unión, la gente sembraba yuca, cebolla, papa y no tenía que desplazarse hasta la cabecera del municipio para conseguirlas al doble de precio. Hoy, muchos campesinos, después de escuchar discursos de prosperidad económica, cambiaron sus cultivos de comida por ornamentales.

@norveyorozco
En Colombia, según Asocolflores, los departamentos que más siembran ornamentales son Cundinamarca y Antioquia, el primero con el 76 por ciento y el segundo con el diecinueve por ciento. En la fotografía un cultivo de crisantemo.
El 33 por ciento de las flores exportadas de Colombia son rosas, el doce por ciento son claveles comunes, el ocho por ciento son crisantemos, el seis por ciento son claveles enanos y el cinco por ciento son astromelias.
En el 2018 el sector floricultor generó cerca de 130 mil empleos formales, de ellos el 34 por ciento eran hombres y el 64 por ciento mujeres.
En los “picos”, días en los que se conmemoran fechas especiales, lo que se convierte en felicidad para unos, es el cansancio para los encargados de cortarlas: las jornadas, durante un par de días, pasan de ocho a doce horas.
La aplicación de plaguicidas en el proceso de cultivo se efectúa en recintos cerrados o invernaderos. Los métodos más comunes de aplicación son la pulverización de líquidos y la nebulización o distribución de nieblas, polvos, vapores, humos, aerosoles y gránulos. En todos los anteriores hay un riesgo de exposición y las más afectadas son la piel y las vías respiratorias.
Este trabajador de Campo Limpio, alertado por su jefe con la presencia de un periodista en la empresa, se puso guantes y mascarilla, elementos de protección que no estaba utilizando en la separación de frascos donde se alcanzan a leer advertencias en el deterioro de la salud con su manipulación.
Así como la flor tiene su belleza, está su contaminación: montaña de cajas apiladas en las afueras de La Ceja.
De las 7.700 hectáreas de flores que había sembradas hasta enero de 2019 en Colombia, más de 1.500 eran hortensias.
Lugar, dentro de un cultivo de hortensia en la montaña, donde son separadas las flores. En medios de comunicación de Europa, los médicos han advertido que la combustión de la mata de hortensia genera cianuro de hidrógeno, un componente del mismo gas que utilizaron los nazis en los campos de concentración.