Casa sometida a extinción de dominio y perteneciente a capos del narcotráfico en los sectores más cosotoso de la ciudad de Pereira.

El tráfico de drogas. ¿Por qué Pereira?

Presentamos la primera entrega de un estudio en el cual se analizan las razones por las cuales Pereira y el área Metropolitana son lugares centrales para las labores del narcotráfico. Además de su ubicación geoestratégica, el autor aborda otros elementos que apuntan más hacia la manera como la sociedad y los individuos asumen esta economía ilegal.

Casa sometida a extinción de dominio y perteneciente a capos del narcotráfico en los sectores más cosotoso de la ciudad de Pereira.
Casa sometida a extinción de dominio y perteneciente a capos del narcotráfico en los sectores más costosos de la ciudad de Pereira. Foto Vecinos.

Por: Williams Gilberto Jiménez García*

Decir que la historia reciente de la ciudad de Pereira está íntimamente relacionada con el tráfico de drogas no es algo novedoso, ni impactante e incluso preocupante. La ciudad y sus ciudadanos han aceptado dicho “notable” reconocimiento, viven con él, de hecho, algunos viven de él (y no poquitos). Entonces, la pregunta que asalta la anterior afirmación es, ¿por qué?, ¿qué ha pasado en la Perla del Otún para que sus ciudadanos tengan que vivir con el estigma producido e infundado gracias a unas generaciones de traficantes de drogas?

Esta serie de artículos tratará de responder a dicho cuestionamiento, aclarando que no son garantes de una verdad universal, incluso reconociendo que más que responder a las preguntas, se busca es provocar una discusión acerca de este fenómeno.

Para tal fin, se harán algunas justas aclaraciones y un pequeño contexto. Las aclaraciones rondan en expresar que los siguientes argumentos intentarán superar la percepción de investigadores del ministerio de Justicia (2011) que sustentan que en la ciudad de Pereira se gesta el tráfico de drogas gracias a su ubicación geo-estratégica, es decir en el cruce de caminos del triángulo de oro, las ciudades de Cali-Medellín-Bogotá, pero además, su cercanía al puerto del Pacífico en Buenaventura.

Si bien, el anterior argumento se antoja en un principio como el principal detonante para que se incentive el tráfico de drogas en la ciudad, hay que reconocer que no es el único. ¿El más impactante?, quizás, aunque también afirmarlo es discutible. Por eso se intenta en este planteamiento ofrecer otros argumentos complementarios a dicha explicación. Aspectos que están íntimamente relacionados con la historia, la cultura, la situación económica y el poder político-económico.

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Aunque las incautaciones no cesan, el negocio es tan rentable que continúa a pesar de ellas.

Pero, antes de esto, si se debe hablar de la ubicación geográfica como punto de partida para explicar, por qué en la ciudad de Pereira (y su área metropolitana) se ha establecido dicha práctica ilegal. Básicamente, según el profesor jubilado de la Universidad Tecnológica de Pereira, Guillermo Gartner, la ubicación de Pereira la hace proclive hacia esta dinámica criminal por dos aspectos socio-históricos. El primero está relacionado con su cualidad de estar ubicada en el cruce de caminos de Cali-Medellín-Bogotá, hecho que desde su fundación ha provocado que en esta capital se gesten intercambios, se produzcan negocios e incluso se transen rentas criminales.

Para ir de Cali a Medellín hay que transitar por la ciudad de Pereira y su área metropolitana. Este hecho fue fundamental para posicionar a Pereira dentro del mercado nacional y global de las drogas, en tres momentos estratégicos. El primer momento, y de acuerdo al profesor de la Universidad Nacional de Colombia Saénz Rovner, se puede ubicar en la época de los contrabandistas y de los primeros traficantes de marihuana (años 20 a 60), donde si bien el eje del tráfico de drogas, para ese entonces, se ubicaba en la Costa Atlántica y se dirigía desde Medellín, empezaba en la ciudad a surgir una serie de “contrabandistas de drogas” que incursionaron en la apertura de rutas hacia Centroamérica y algunas islas del Caribe, hecho también documentado en la investigación periodística de Miguel Álvarez; el segundo momento, es el de mayor impacto del fenómeno narco en dimensiones de lo económico, político y social para la nación colombiana y es la época de los carteles de la droga, donde, según José Cadena, investigador de la Universidad Santo Tomás, Pereira aparece como una ciudad que concentra los beneficios e impactos de la actividad ilegal de estos grupos empresariales y se consolida como una zona de lavado de activos y una espacio de provisión de servicios asociados a esta actividad criminal, como es el caso de los sicarios formados en escuelas en La Virginia y en Dosquebradas (Miguel Álvarez); finalmente, el tercer momento, está relacionado con la concentración de poder militar y económico de un exjefe paramilitar dentro de las autodefensas de Colombia. Este jefe, oriundo del municipio de Dosquebradas, consolidó una empresa criminal dedicada al negocio de las drogas que sobrepasó los límites territoriales de Pereira y que se enquistó en todo el eje cafetero. Distintos informes del Sistema de Alertas Tempranas de la defensoría del pueblo de Risaralda consolidan la memoria del incursionar urbano de este exjefe paramilitar y su lucha por la conquista del negocio de las drogas en los barrios del Área Metropolitana de Centro Occidente.

El segundo aspecto físico-espacial está relacionado con su ubicación cercana al Pacífico y al puerto de Buenaventura. Si bien, esta situación es más contemporánea, es preciso indicar y resaltar su trascendencia cardinal para el fenómeno del tráfico de drogas, ya que, actualmente el puerto de Buenaventura y otros puertos en el Pacífico (clandestinos) son los enclaves predilectos para sacar las drogas del país. ¿Qué papel juega Pereira en este caso? En palabras de un analista de la criminalidad de la Policía Nacional de Colombia, por Pereira pasa la mercancía (la droga) que proviene del centro-oriente del país y se almacena en algunos de los barrios de la ciudad (sobre todo en Dosquebradas).

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Lugares como el deprimido sector de La Churria han sido tradicionales expendios y lugares de consumo de estupefacientes.

Esta ubicación geo-estratégica catapulta a Pereira en la dinámica del negocio de las drogas. Sin embargo, no es la única respuesta a la pregunta que guía el presente escrito. Esta ubicación no sería trascendental, si no hubiese personal capacitado o al menos interesado en participar en el tráfico de las drogas, y no por el negocio en sí, sino por la renta que produce la producción y comercialización de las drogas.

Pereira como todas las ciudades del país, experimentó una explosión demográfica que provocó el crecimiento de la ciudad, pero de una manera desordenada, reproduciendo desigualdad e inequidad. Este crecimiento provocó cambios en Pereira a un ritmo que no dio tiempo para crear y re-crear nuevas tradiciones o fortalecer las ya existentes, para convertir gradualmente partes substanciales de su estructura urbana en elementos de definición de la ciudad y garantizar no sólo la libertad de la modernidad, sino el reconocimiento de los sujetos en el marco del estado social de derecho.

Este crecimiento desordenado que fomentó la competitividad, aumentó la miseria y anonimizó las costumbres culturales de solidaridad, cohesión y control social, enquistó una generación de narcotraficantes (en un próximo artículo se hablará de la elite político-económica). Surgidos de los barrios más deprimidos de la ciudad y que vieron en el tráfico de drogas la posibilidad de ascensión y reconocimiento social. Estos ciudadanos normalizaron la carrera criminal del narcotraficante, de hecho, la volvieron proyecto de vida, no solo personal sino colectivo en muchos barrios del Área metropolitana de Pereira. Ese hecho es claro en la investigación periodística de Miguel Álvarez, así como en otras investigaciones que han sido publicadas en la revista Semana.

En estos sectores deprimidos, el ser narcotraficante representa un estilo de vida que va ligado al contradictorio dualismo de éxito y muerte (Ovalle). Y es comprensible, porque el oficio del narco es un oficio que contrario al parecer de muchas personas, no es fácil. Está atravesado por una serie de riesgos que van desde la privación de la libertad hasta la vida misma. En este sentido, se aceptan los excesos (tal cual Potlatch) en la resocialización de las ganancias, pero también aquellas acciones violentas tendientes a garantizar “el orden ideal” del territorio que deben emprender estos sujetos en sus hábitats más cercanos (control territorial)

No basta con que la ciudad esté bien ubicada para que sea un centro global del mercadeo de drogas, si no hay mano de obra dispuesta a emplearse y a aceptar los riesgos que conlleva esta práctica criminal. Si bien, la comercialización de drogas en sí misma no incentivan el inicio de las carreras criminales en algunos delincuentes, la falta de oportunidades laborales y académicas y el (no) reconocimiento social sí pueden ser el germen que justifique dicha incursión en el mundo criminal.

En este sentido, es preciso afirmar que la sociedad pereirana, en algunos barrios deprimidos y con historia de narcotráfico, no sancionan moralmente esta práctica criminal (al igual que en los barrios más prestantes de la ciudad), es más, la justifican como un medio para alcanzar un mínimo de bienestar material y de reconocimiento social entre los pares, cuando no, como un método de supervivencia en algunos barrios aún más críticos.

*Candidato a doctor en Ciencias Humanas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. wgjimenezg@unal.edu.co