“Aeropuertos” los llaman en las universidades. Son los lugares empleados por los estudiantes con el objetivo de consumir drogas alucinógenas, por lo general marihuana. Tan conocidos por todos que en las grandes academias ni siquiera se molestan por este espacio. Pero en la más importante universidad pública de la región cafetera colombiana ofrecen otro vuelo menos inocente.

 

Esta es la vista que ofrece la universidad desde el área del llamado "aeropuerto", lugar habitual de consumos y expendio de drogas alucinógenas.

Esta es la vista que ofrece la universidad desde el área del llamado “aeropuerto”, lugar habitual de consumo y expendio de drogas alucinógenas.

Por: UNIDAD INVESTIGATIVA

El mapa del narcotráfico en Risaralda tiene una de sus coordenadas en la Universidad Tecnológica de Pereira -UTP-. La historia no es ajena al entramado de ‘oficinas’ y sicarios pos-desmovilización que se  disputan a muerte el trono de antiguos grandes narcos y que ha hecho del Área Metropolitana Centro Occidente -AMCO- otro epicentro de la violencia.

Ejemplo de ello es la absorción de bandas como ‘Cordillera’ por parte de los hermanos Calle Serna, más conocidos como los ‘Comba’, quienes luego de la extradición de ‘Macaco’ se apoderan del tráfico de drogas en el AMCO. Su estrategia fue absorber elementos de otras bandas y eliminar a quienes se oponían.

Pero la disputa por el control territorial no ha terminado y, según quienes estudian el tema en la región, la hoy dueña del tráfico en la UTP y otras zonas del AMCO es la tristemente célebre ‘Oficina de Envigado’, que además del narcotráfico, se ha dedicado al sicariato, la extorsión y el lavado de activos, motivos por los cuales desde el pasado 26 de junio se encuentra incluida en la Lista Clinton divulgada por los EE.UU.

La vieja estrategia de absorber pequeñas organizaciones y eliminar las oponentes ha surtido efectos en el control  del  narcotráfico. Según el estudio ‘Narcomenudeo: entramado social por la institucionalización de una actividad económica criminal’, elaborado por la Dirección de la Policía Nacional –DIPOL–, se detectan las principales ‘ollas’ de la ciudad (ver mapa), pero de manera paradójica no aparece allí la ubicada en la UTP, una de las más visibles por la manera como está constituida la comunidad en la que se inserta.

MAPA OLLAS

Según el mismo informe del 2012, en Pereira “hay 56 barrios en los que se expenden drogas (básicos y sustitutas). En la sumatoria general alcanzan a ser 129 puntos de venta en toda la ciudad, la mayoría dedicados también al consumo de las mismas”. Por supuesto, la cifra ha cambiado en la actualidad, pero la dinámica general sigue vigente.

La fecha del nacimiento del expendio al interior de la UTP no tiene una fecha precisa, pero algunos lo ubican entre el 2006 y el 2008. Pronto se hizo evidente que allí confluían fuerzas de poder que trascendían las del consumo espontáneo por parte de jóvenes.

Para resaltar la importancia de la venta de drogas ubicado en la zona aledaña al edificio de la Facultad de Ciencias de la Salud, mejor conocido como “Medicina”, se debe considerar lo siguiente: abastece a una población joven y con un regular nivel adquisitivo, además no conflictiva, motivos por los cuales surge el interés de las grandes estructuras del narcotráfico de apoderarse de puntos de expendio como el de la UTP, históricamente manejado por la casi extinta ‘Cordillera’ y con la colaboración de pequeñas organizaciones, pero hoy al mando de la ‘Oficina de Envigado’.

 

Tramas de poder

Según un testigo entrevistado*, quien pidió reserva de su identidad, una de esas pequeñas agremiaciones nacientes en la UTP es el Movimiento 7 de Mayo -M7-, surgido en el 2008 como colectivo reaccionario por la defensa de la educación superior. Afirma esa fuente que el M7 –conocido en la comunidad universitaria como “los capuchos”– recluta gente y la organización es manejada por ‘la Oficina de Envigado’, sin intermediarios locales. Algo que pareciera desconcertante, pero que tiene muchos elementos para ser confirmado como cierto, pues sus dirigentes son vistos de manera constante en el llamado “Aeropuerto”, no solo como consumidores; otros testimonios que se expondrán más adelante evidencian otra pruebas de tal relación. El M7 tiene presencia en redes sociales (video).

El reclutamiento de nuevos integrantes implica desde el adoctrinamiento ideológico hasta  la infiltración del movimiento estudiantil tradicional, sin dejar de mencionar el fluido expendio de drogas, como lo pudo comprobar la Unidad Investigativa. Todo indica que las acciones de grupos armados ilegales y el narcotráfico en esta universidad se ocultan tras un supuesto ‘ropaje político’ para ejercer  mayor control en el campus.

Todo esto ocurre  a pesar de las quejas de varios estamentos, como el Comité de Derechos Humanos de la misma universidad, además de otros estudiantes y docentes. Hasta la fecha las directivas la UTP no han reconocido la presencia de organizaciones dedicadas al narcotráfico en su interior y las autoridades tampoco se han pronunciado al respecto.

Esto se explica en que los llamados “capuchos”, integrantes en su mayoría del M7, promueven de manera constante las vías de hecho como una manera de protesta, incluso se les atribuye el incendio de un bus de servicio público en cercanías de la misma universidad en octubre del 2011 (video).

Tras el acto incendiario, la intervención de las autoridades de policía terminó con la detención de 20 sospechosos, de los cuales 13 no pertenecían a la universidad. Según líderes estudiantiles, el ataque fue financiado en su momento por  ‘Cordillera’. Este tipo de acciones, al decir de esos mismos líderes, se repiten en otros paros, pues con ellas se sabotea la protesta estudiantil que pone en jaque el expendio de drogas, debido al receso de clases. Según fuentes oficiales, la rentabilidad de la ‘olla’ puede llegar a los 30 millones de pesos diarios (US15.000).

Para ilustrar el poder de esta organización, basta mencionar un hecho bien ilustrativo. En el 2012, agentes encubiertos penetraron al campus, en el sector de la “olla”, y detuvieron a uno de los “jíbaros”, como son llamados los vendedores de droga, con el fin de darles captura; pero la reacción inmediata de consumidores y otros expendedores impidió tal acción, llevando a la huida a los agentes, quienes tuvieron que hacer disparos al aire para evitar su propio linchamiento. Según otra fuente, presente en los hechos, “posteriormente sonaron varias ‘papas’ (petardos de bajo poder) cerca de la Facultad de Ciencias de la Salud, y un grupo de encapuchados rayó las paredes con grafitis alusivos al M7, y les gritaron en varias ocasiones a los estudiantes y profesores de salud que eran unos ‘sapos hijueputas’”.

Luego de este hecho, la comunidad estudiantil, tan dada a protestar por la soberanía universitaria, no emitió comunicado alguno, debido a que estas acciones han distanciado al M7 de la dirigencia tradicional, que prefiere otras formas de manifestación sin uso de la violencia indiscriminada.

El M7 ha sido acusado en diferentes ocasiones de ser un brazo de la “olla”, utilizado para confrontar con la fuerza pública con el fin de mantener la seguridad del quizás más seguro expendio de drogas de la ciudad. Un informante comenta que “de la duda se pasó a la certeza cuando durante algunas intromisiones de este grupo en las asambleas estudiantiles se pudo reconocer el rostro de varias personas relacionadas con la ‘olla’, entre ellas el más visible cabecilla y su compañera sentimental, pues estaban ‘mal encapuchados’”. Continuará.

*Las fuentes referidas pidieron reserva de su identidad por motivos de seguridad.