AMOR Y PANDEMIA / POSTALES ONÍRICAS

Es el cólera el motivo por el cual Juvenal Urbino viajará a estudiar medicina con el objetivo de combatirlo. Veremos que esta profesión es la que lo lleva a conocer a Fermina Daza.

 

Por / Sebastián Gallo Sánchez – Ilustraciones / Stella Maris

Para el momento en que se publicaba El amor en los tiempos del cólera Gabriel García Márquez estaba viviendo en México, pero el libro lo escribió en Colombia. En una extraña entrevista con Silvia Lemus* el novelista colombiano le mostraba, entre otras cosas, la ciudad donde, más que escribirse la novela, ocurrieron los acontecimientos, como si se tratara de un suceso ficticio que la realidad había reclamado como suyo. La casa de Fermina Daza, el personaje inspirado en la madre de Gabriel, había elevado su valor de manera exorbitante. Cuenta el autor que cuando intentó comprarla no pudo y que lo mismo le pasó con la casa donde escribió Cien años de soledad.

Aunque, como el mismo Gabo confiesa, esta  novela únicamente quería demostrar que los síntomas del amor eran los mismos que los del cólera, esta obra, junto a tantas otras que tratan los asuntos de las pandemias, ha retomado significado durante los días inciertos que vivimos.

Ubicada temporalmente a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esta novela cuenta principalmente las vidas de Fermina Daza y Florentino Ariza, dos jóvenes que se enamoran desde lejos, primero al verse y luego al escribirse durante mucho tiempo sendas cartas de amor, pues la distancia social que los separaba hacía que Lorenzo Daza, el padre de Fermina, se opusiera rotundamente a aquella relación. Algunas personas comparan el drama con Romeo y Julieta, pero están muy equivocadas. El Caribe los aleja por completo de Shakespeare.

Aunque la novela empieza a narrar la historia de Juvenal Urbino y Fermina ya en su vejez, con un dramático giro de trama, más adelante nos empieza a contar cómo Florentino, trabajando para Lotario Thugut en el telégrafo del pueblo, lleva un mensaje a Lorenzo Daza, un importante comerciante recién aparecido en la región y del que ya comentaban sus negocios turbios y su notable fortuna. Saliendo de la casa de Lorenzo quedó deslumbrado por la belleza de una joven que enseñaba a leer a una señora y desde entonces hace hasta lo más ridículo para acercarse a Fermina. Es cuando aparece el primer paralelo entre la pandemia del cólera y el amor:

“El padrino de Florentino Ariza, un anciano homeópata que había sido el confidente de Tránsito Ariza desde sus tiempos de amante escondida, se alarmó también a primera vista con el estado del enfermo, porque tenía el pulso tenue, la respiración arenosa y los sudores pálidos de los moribundos. Pero el examen le reveló que no tenía fiebre, ni dolor en ninguna parte y lo único que concreto que sentía era una necesidad urgente de morir. Le bastó con un interrogatorio insidioso, primero a él y después a la madre, para comprobar una vez más que los síntomas del amor son los mismos que los del cólera.”

Estos síntomas serán recurrentes en la obra, equiparando la tragedia del cólera con la trágica situación de amor de sus personajes. Es el cólera el motivo por el cual Juvenal Urbino viajará a estudiar medicina con el objetivo de combatirlo. Veremos que esta profesión es la que lo lleva a conocer a Fermina Daza pero, por desgracia para todos los esperanzados como yo en que aparezca una cura para la COVID, nunca vence la terrible pandemia que azotaba al planeta.

El volumen de esta obra nos pasea por muchos escenarios, pero vamos a enfocarnos en la vida de Florentino, quien tenía alma de romántico, desde el momento en que es rechazado por su amada Fermina y dedica su vida con fervor a conservar una apariencia de beato, mientras se enredaba con cuanta mujer podía. El mismo Márquez comenta que si se hubieran casado, fue muy cierto que Florentino le fue “infiel” a Fermina durante todo ese tiempo, pero nunca le fue desleal. Aunque aquello del matrimonio nunca pasó, es una idealización absurda de Florentino que hasta hace muy poco en nuestra sociedad seguía siendo válida, y seguramente sigue siéndolo en algunos lugares.

Nos muestra también la vida de Fermina y su familia; cuando su padre la envía lo más lejos posible del lado de Florentino, nos cuenta la vida de Juvenal Urbino en su ida y regreso de Europa, nos cuenta sobre Tránsito Ariza, quien tenía una casa de empeño de joyas dedicada a guardar las apariencias de los ricos, nos cuenta la historia de las mujeres que compartieron amores con Florentino, entre las más destacadas: la viuda de Nazaret; su primera amante, Olimpia Zuleta, a quien su marido degolló cuando descubrió un letrero en su vientre que decía “esta cuca es mía”, Leona Cassiani; según el narrador era el verdadero amor de Florentino, sólo que eran tan cercanos que su amor era como de hermanos y finalmente América Vicuña, una dama a quien Florentino visita la última noche antes de entregarse por completo a Fermina Daza cuando se reencuentran en la vejez. Nos cuenta también la vida del padre de Fermina y su periplo por conseguir fortuna y casar a su hija con un hombre de la alta sociedad…y poco a poco nos va dejando un sabor de abandono en la intrincada vida de Florentino cuyo único antídoto serían aquellas veces en que puede ver a su amada de la mano de su esposo y desea, cree fervientemente, que Urbino debe morir para que ellos dos puedan ser felices. Como si estuvieran ambos contagiados de cólera, pero ella fuera completamente asintomática mientras él sufría todos los efectos durante largos -“cincuenta y un años nueve meses y cuatro días” -.

Es curioso señalar que al foco de contaminación que más preocupaba al doctor Urbino era el mercado público frente a la bahía de Las Ánimas, donde atracaban los veleros de Las Antillas, por su foco de contaminación y por estar sobre su propio muladar, a merced de los efectos del mar de leva y cuenta cómo el aliento de la bahía devolvía las inmundicias de los albañales que se mezclaban con desperdicios del matadero y otras porquerías que se disputaban los gallinazos, las ratas y los perros; como si los mercados en los tiempos de pandemias fueran centros de las miradas de las personas que buscan culpables, como un mesías castigando a los mercaderes por usureros, como si el problema tuviera siempre su origen en los comerciantes, como pasa hoy con el mercado de Wuhan. No me había percatado de la razón, pero una crítica del video de este artículo en mi canal de YouTube me dijo que se debía a que siempre los aristócratas han querido desestimar el trabajo de los comerciantes de cualquier manera para rectificarse ellos como las personas que deben tener el poder por nacer en cuna de oro y por don de la divina providencia; gracias a ella por señalarme este importante punto.

Al final de sus días, cuando Florentino vuelve a buscar a Fermina al cabo de la muerte de Juvenal Urbino y logra captar su atención como en su juventud, más adelante la visitar constantemente hasta que recuperan la empatía perdida con los años, los antiguos enamorados emprenden un viaje vacacional a través del río Magdalena valiéndose de la posición de Florentino en la Compañía Fluvial del Caribe. Se van de retiro de las habladurías de la gente a propósito de que no podían amarse por el luto con el que cargaba ella. Pero Fermina quería el viaje independientemente de su nueva relación. Había querido deshacerse del recuerdo de su esposo muerto que la había engañado en vida con Bárbara Lynch, de quien le perdonó la infidelidad, pero nunca le perdonó que fuera una negra por quien la habían reemplazado.  Veremos que el final de esta historia que empieza comparando al amor con el cólera, terminará confinando a los dos contagiados en un viaje en el cual únicamente están asistidos por el capitán del barco, un trayecto que nos recuerda mucho a Joseph Conrad: cuando hacen mención de los negocios que tuvo Lorenzo Daza con él y en la selva y en el río y en el Corazón de las tinieblas. Recordemos que es la bandera amarilla del cólera la que protege de los guardias a la embarcación para que continúe navegando. Como si amar fuera la enfermedad que los obliga a confinarse pero a su vez el combustible o el motor que los mantiene en un “ir y venir del carajo”, como dice el personaje al final de un viaje que queda abierto para siempre.

El amor fue precisamente lo que le faltó a Juvenal Urbino cuando su amigo Jeremiah de Saint-Amour murió. La única forma de amor que le sobrevivía al doctor era aquella amistad de su compañero de ajedrez y de cine. Al verse como en un espejo en el suicidio de Jeremiah cuyo motivo era “no llegar a ser viejo”, encontrar que su amigo tenía una vida oculta, tal vez recordar su infidelidad hacia Fermina, hace que, cuando se le muere el amour sucumba ante el desencanto de la misma manera que su amigo fiel.

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