En la Independencia, la historia de la mujer gira en torno a un hombre; uno del que no puede escapar, ni siquiera hoy: su país.

 

Por / Sara Mesa Pérez*  

“Ved, que aunque mujer y joven,

me sobra valor para sufrir la muerte

y mil muertes más”

Policarpa Salavarrieta.

 

Observe la imagen con atención (abajo): a su izquierda, una “heroína” de la patria. A su derecha, un “héroe” patrio. Al fondo de la imagen de ella, un hombre que la acompaña. Al fondo de la imagen de él, un campo de batalla. Para ella, la frase: “amar la hizo libre”. Para él: “una lucha admirable”

¿Encuentra el problema?

Las narraciones históricas en la televisión colombiana, consciente o inconscientemente, han sido un espacio para representar a la mujer como un ser que, más allá de sus actos individuales, importa por sus actos en conexión con un hombre: en “Las Ibáñez”, por ejemplo, son las hermanas y sus amoríos con los patriotas; en “Bolívar”, Manuelita Sáenz es mostrada como una figura por y para su amado; en “La Pola”, su relación con Alejo Sabaraín termina eclipsando todo lo demás. Lo anterior es una ferviente prueba de aquella recreación androcentrista y romantizada de algunos personajes de la Independencia de Colombia.

Pese a que no hay que desestimar el hecho de que en la actualidad se narre a las mujeres –ya que esto, de alguna manera, dice algo de nuestros escasos intentos por cambiar y crecer como sociedad–, es necesario reflexionar sobre los discursos machistas que se despliegan a través de las producciones colombianas “de época” que, en su mayoría, coinciden con la exaltación de sus relaciones románticas más que con una visibilización de sus luchas.

“Las representaciones basadas en estereotipos: la de la secretaria, la de la esposa, la de la amante, la de la mujer ‘echada pa’lante’ que puede con todo en medio de situaciones de adversidad, cría a sus hijos, saca su negocio adelante, etc., siempre están sesgadas por el condicionamiento de amor a un hombre”, asegura Julieta Restrepo, historiadora de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

Como aseguran investigaciones del Banco de la República: las mujeres sorprendieron por su “masiva participación en la sublevación del 20 de julio de 1810”, pues tal cosa no encajaba con su rol socialmente asignado. Para 1812, los militares españoles ya tenían conocimiento sobre su importancia en la causa patriota. Aquellas que hicieron parte de la historia de la Independencia –tanto a las que conocemos por sus nombres como las que no–, no se reducen, evidentemente, a una figura de enamoradas, hijas, madres, etc. Las representaciones mercantilizadas de la televisión ignoran, de alguna manera, estas realidades.

“Definitivamente esta representación perpetúa el conocimiento muy pobre que se tiene de la mujer en la historia, de ese papel que ha jugado. Es perpetuar, continuar las mismas tradiciones. Dolorosamente son muy contadas las excepciones donde programas exaltan de manera seria, democrática y sabia el papel que ha jugado la mujer”, asegura Luis Carlos Rodríguez Álvarez, médico, magíster en Historia e investigador enfocado en la Independencia de Colombia.

Nombres de las mujeres que murieron en el patíbulo durante la Independencia. Fuente / Banco de la República. Diseño / Sara Mesa Pérez.

Es claro que el papel de la mujer durante esta época se vio atravesado por sus horizontes de posibilidad, raza, situación económica, ubicación geográfica, entre otros. Sin embargo, aquello no debería significar que se continúe narrándolas desde su vida en función del varón, subsumidas en la figura de sus amantes “libertadores” y sometidas, casi siempre, a la idea del amor por su compañero, más que a la narración sobre ellas y por ellas mismas.

“Otra cuestión bastante llamativa es que, claro, son representaciones que pretenden exaltar el orgullo de ser colombiano, el orgullo de mi ‘patria’, y por ende la mujer no tiene razón de ser por ella misma si no es a través de la realización de sí para la patria y la realización de sí para un hombre que libera dicha patria. Entonces yo creo que su subjetividad queda reducida únicamente a sus actos heroicos, actos que, sin importar de qué tipos, son justificados en cuanto se hagan por y para la patria”, agrega Restrepo.

Este tema no ha sido –ni es– integral dentro de las narrativas dominantes y, en la medida en que ha sido narrado, lo ha sido de manera sesgada y/o desde la institucionalidad.

“La triste historia de este país la han contado los hombres, y la han contado los hombres de manera amañada, definitivamente. Ha sido una historia patriarcal, conservadora, católica, blanca y rica; con todo lo que eso implica, donde, dolorosamente, se han olvidado otros importantes protagonistas, o importantes personajes que han jugado papeles fundamentales”, concluye Rodríguez.

Incluir a las mujeres en los relatos históricos ha sido un problema a lo largo de los años. Por ello, pese a que en la actualidad existen más esfuerzos por darle una perspectiva de género al pasado, los estudios detallados sobre su papel en hechos como la Independencia continúan siendo escasos y, tanto en la academia como en las producciones audiovisuales, se sigue contando una historia escrita por hombres.

“La mujer nunca ha sido correctamente representada en la televisión colombiana y mucho menos la mujer de la Independencia. Pero más allá de una pregunta por lo que es correcto o no, es una pregunta por la construcción de la representación, que afecta la manera en la que las niñas y las mujeres se identifican y se construyen a sí mismas hoy”, asegura la historiadora Julieta Restrepo.

Cabe preguntarse, entonces, por la propia construcción de juicio y de criterio de estas mujeres. Sus intereses personales más allá de sus relaciones, sus vidas más allá de un proyecto de nación. Contrastar también aquello no tan heroico, no tan mártir. Pensar: ¿qué sabemos de las verdaderas fuerzas que motivan a un ser humano a luchar por una causa?, ¿es el amor la repuesta a esa pregunta?

 

 

Nos han llamado Eva, serpiente, bruja, tentación, pecado. Nos han hecho esclavas, sometidas, pisoteadas. Nos han castigado por “libertinas” y “rebeldes”, y se nos ha “premiado” por el “don de la obediencia”. Nos han hecho el pedazo de costilla del hombre, el peón de sus hazañas, el medio para llegar a un fin. Nuestro papel en la sociedad continúa reducido a nuestras funciones como hijas, madres, hermanas, esposas y amantes. A tal punto nos han instrumentalizado que, incluso en la Independencia, la historia de la mujer gira en torno a un hombre; uno del que no puede escapar, ni siquiera hoy: su país.

Twitter: @saramesap

sara.mesap@udea.edu.co