ANDRAGOGÍA: UNA PEDAGOGÍA PARA EL ADULTO

La práctica andragógica conlleva un aprendizaje bidireccional y flexible, que reconozca al alumno como un ser integral, que cuenta con experiencias, conocimientos, valores y necesidades previas, por lo que requiere espacio para la creatividad, exponiendo ideas y opiniones de manera libre, en pro del direccionamiento de su aprendizaje. Todo en el marco de la confianza y el respeto mutuo.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés

“Las confusiones, sumadas a las malas prácticas educativas,

han generado un aumento en la resistencia frente a los procesos de aprendizaje mediados por la tecnología.”

El ser humano, a diferencia de los demás seres vivos, cuenta con una curiosidad desmedida que lo motiva a la búsqueda de respuestas para dar sentido y entender su realidad.

Esta búsqueda de conocimiento ha desarrollado su estructura actual pasando por diferentes etapas y manteniendo lo mejor de cada una de ellas, por ejemplo:  la mitología, la magia, la religión, la filosofía, el pensamiento lógico, el dominio de saberes específicos, el conocimiento científico (método) y en la actualidad se suma la revolución tecnológica con sus sociedades del conocimiento y acceso global a la información.

Esta suma de saberes en cada una de sus etapas, han contado y cuentan con un grupo específico de personas que, según el momento histórico, se han encargado de organizar, compilar, sistematizar y determinar el qué, el cómo y el quién o a quiénes se dirigirán o transmitirán los diferentes contenidos de conocimiento.

Por esta razón, a lo largo de la historia se hace referencia a personas o sitios donde se concentraba el conocimiento como sabios, consejeros, magos, hechiceros, gimnasios, abadías, seminarios, colegios, universidades, maestros, institutrices, letrados, profesores, profesionales, especialistas o científicos que en suma son o fueron portadores y socializadores de conocimiento. El proceso de enseñanza, por ejemplo, ha estado direccionado por la pedagogía, que a grandes rasgos es la encargada de estudiar las metodologías, estrategias y técnicas adecuadas para la educación. La diversidad de la forma responde a los cambios y necesidades que demanda cada generación.

Sin embargo, la pedagogía surge como respuesta a la necesidad de mejorar constantemente la práctica educativa, en su mayoría está direccionada en pro del proceso de enseñanza y aprendizaje de niños y adolescentes, olvidando a los adultos y jóvenes que continúan su proceso de formación en edades no escolares, incluyéndolos en modelos pedagógicos como si su proceso de aprendizaje fuera el mismo.

En este sentido surge una vertiente pedagógica, la andragogía, derivada de la raíz griega andros (hombre) y gogía (conducir, guiar), que tiene como objetivo llevar al adulto al aprendizaje, dicho en palabras de Adam (1977) “Es la ciencia y el arte de instruir y educar permanentemente al hombre”.

A diferencia de la pedagogía, la andragogía tiene como protagonista al alumno y no al profesor, reconociendo en él las siguientes características, según Malcom Knowles (1990):

  • Es independiente y razonable en la toma de decisiones.
  • Tiene claros sus intereses de aprendizaje.
  • Necesita saber el por qué debe adquirir determinados aprendizajes.
  • Busca desarrollar habilidades que mejoren su desempeño profesional y social.
  • Esperan una aplicación práctica e inmediata de lo que se aprende.
  • Genera estrategias de aprendizaje, basado en sus expectativas.

Tener en cuenta estos aspectos lleva a reconocer que el adulto que aprende cuenta con unas expectativas diferentes al niño. Mientras el niño o adolescente piensa en el conocimiento como algo necesario para el futuro, el adulto está motivado por objetivos personales específicos, que en su mayoría apuntan a la mejora de sus condiciones actuales por medio de la aplicación inmediata de lo aprendido.

La práctica andragógica conlleva a un aprendizaje bidireccional y flexible, que reconozca al alumno como un ser integral que cuenta con experiencias, conocimientos, valores y necesidades previas, por lo que requiere espacio para la creatividad, exponiendo ideas y opiniones de manera libre, en pro del direccionamiento de su aprendizaje. Todo en el marco de la confianza y el respeto mutuo.

En este orden de ideas, la visión del estudiante como autogestor del conocimiento y del docente como facilitador del mismo, debe tener en cuenta para el diseño del plan de aprendizaje lo siguiente:

  • La elaboración del plan de aprendizaje y diagnóstico de las necesidades: deben estár dados por el facilitador del aprendizaje y para el aprendiz.
  • Los establecimientos de objetivos: deben ser socializados y de ser necesario negociados (docente facilitador y aprendiz)
  • El plan de aprendizaje: debe ser diversificado y secuenciado de acuerdo a los objetivos planteados.
  • Las técnicas de enseñanza y aprendizaje: por las características del aprendiz deben ser activas y aplicables.
  • La evaluación: debe ser integral (autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación).

A diferencia de pedagogo, en la andragogía se asume el nombre de andragogo o facilitador del aprendizaje. En este sentido el diseño del plan de estudios para adultos busca guiar al alumno o aprendiz para que asuma de forma progresiva la responsabilidad de su aprendizaje. Sin embargo, este proceso de responsabilidad y autonomía depende de la experiencia previa del estudiante, por ello es responsabilidad del facilitador verificar si lo planteado en conjunto es pertinente en su totalidad para las necesidades y características del grupo, disminuyendo así la posibilidad de deserción.

En suma, para que este proceso de aprendizaje andragógico se lleve a cabo, el facilitador debe guiar al individuo por siete fases Damião (1996): establecer un clima propicio para el aprendizaje; crear mecanismos de planificación mutua; diagnosticar las necesidades; formular objetivos programáticos que las satisfagan; desarrollar un plan de experiencia; llevar a cabo vivencias de aprendizaje con técnicas y materiales adecuados; por último, evaluar los resultados y volver a diagnosticar.

Todos estos planteamientos conllevan a determinar la pertinencia y flexibilidad de la andragogía en cuanto a procesos educativos formales y no formales; presenciales, a distancia o mediados por la tecnología para la enseñanza de ciencias exactas o humanas, además de generar dinámicas de empoderamiento del aprendiz frente a su proceso, tomando como ventaja que el adulto decidió aprender e ingresó con expectativas puntuales, sobre las cuales se determinan las necesidades del curso.

En conclusión, la andragogía direcciona la práctica educativa a un aprendizaje bidireccional (en doble vía), flexible, que reconoce a los aprendices como protagonistas, teniendo en cuenta sus experiencias, conocimientos, valores y necesidades para la construcción conjunta del aprendizaje. Dicho reconocimiento se hace por medio de una secuencia de actividades que interrelacionan adultos con experiencia (estudiantes) con un adulto especializado (profesor); para compartir, aprender y producir conocimiento que le dé sentido a su permanencia y plantee soluciones a las necesidades que los motivaron a ingresar al proceso educativo.

Por último, y no menos importante, se debe tener especial cuidado en no confundir la flexibilidad, libertad y autonomía de la andragogía, con la inexistencia de un orden y una normativa frente al proceso. Tampoco se pueden legitimar los cursos o talleres que hoy se ofrecen con un perfil más comercial que formativo, cuyo objetivo es masificar y dejar a un lado la realidad social y el soporte académico. Lo que en su momento Noam Chomsky llamó: la mercantilización de la educación.

Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com

www.elprofesorhernan.com

 

Fuentes

Adams, F. (1977). Algunos Enfoques sobre Andragogía. UNESR. Caracas.

DAMIÃO, H. (1996) Pré, inter e pós-acção: planificação e avaliação em pedagogia. Coimbra: Minerva.

KNOWLES, M. (1980) The modern practice of adult education: from pedagogy to Andragogy. Englewood Cliffs: Cambridge.

KNOWLES, M. (1990) The adult learner: A neglected species. 4. ed. Houston: Gulf.

KNOWLES, M. (1990) Andragogy in action. San Francisco: Jossey-Bass.

KNOWLES, M. (1991) Using Learning Contracts: Pratical Approaches to individualizing and structuring learning. San Francisco: Jossey-Bass.

NOGEIRA, S. (2004) A andragogia: que contributos para a prática educativa?. Universidade de Coimbra – Portugal.

RORIGUEZ, P. (2003) La andragogía y el constructivismo en la sociedad del conocimiento. Revista Laurus, vol. 9, núm. 15, pp. 80-89. Universidad Pedagógica Experimental Libertador Caracas, Venezuela.