PARIS, FRANCE - APRIL 07: The company Funexpress-Fama pepares coffins aimed at funeral professionals in the Ile De France region on April 07, 2020 in Ris Orangis, France. The country is issuing fines for people caught violating its nationwide lockdown measures intended to stop the spread of COVID-19. The Coronavirus (COVID-19) pandemic has spread to many countries across the world, claiming over 70,000 lives and infecting over 1 million people. (Photo by Pierre Suu/Getty Images)

APARICIO DÍAZ CABAL, FILÁNTROPO Y VERSIFICADOR

Su legado ha quedado en la mente y en el corazón de quienes fuimos tocados por su sentido de caridad y por sus versos.

 

Por / Jorge Triviño    

Eran las seis de la mañana de uno de mis días de estudio primario. Me desperté para alistarme para ir a estudiar a mi escuela, que quedaba aproximadamente a un kilómetro de distancia; pero me llevé una sorpresa mayúscula, porque mis ojos de niño pudieron contemplar a mi madre y a mi padre entristecidos.

Mi madre bañaba en una tina plástica el cuerpo desnudo y yerto de mi hermano más pequeño, con sumo amor. Él tenía, en ese entonces, siete años. Una rara enfermedad, su corazón era más grande de lo normal, le había causado la muerte después de varios años de padecimiento físico, y de haber soportado la reclusión durante varios años en el Hospital Infantil de la ciudad de Manizales, para averiguar qué podrían hacer para darle más días de vida; al final de los cuales, una reunión médica concluyó que nada podían hacer por él y solo quedó remitirlo a casa para esperar el desenlace fatal.

Es de aclarar que mi hermanito era uno de esos seres extraños en su comportamiento mental y social, ya que no jugaba como los demás y su mente parecía la de un adulto; además de permanecer al lado de mi madre siempre que estaba en casa, en un butaco de madera que mi padre, como buen carpintero, le había hecho.

La situación económica de mis padres, en ese momento, era precaria, pues mi papá no tenía trabajo.

— ¿Qué vamos a hacer? —le preguntó mi mamá a mi papá.

—No tengo dinero —le respondió—. Iré a la funeraria de Aparicio para pedirle que me ayude.

Aparicio Díaz Cabal. Fotografía / Cortesía

Mi madre nos despachó para la escuela, pero yo iba lelo y contrito. No podía entender la muerte de mi adorado hermano.

A las nueve y treinta de la mañana yo salía a descanso de mis estudios en la escuela.

La escuela quedaba, y aún queda, situada en un altozano de una montaña y desde allí se podía ver la calle principal del barrio Chipre, que conecta con el Sacatín Viejo, donde yo vivía.

Me senté en un barranco, para poder ver si mi papá pasaba por allí, advirtiendo cómo una pequeña caravana subía a pie por la carretera. Mi padre cargaba en sus hombros una pequeña caja mortuoria y desfilaba a paso lento de la procesión, hasta perderse en la lejanía.

Terminó el tiempo de recreo y entré muy triste al salón de clase.

Aquel varón desconocido había ayudado a nuestra familia en tiempos tan difíciles. Es este un recuerdo de agradecimiento a Aparicio Díaz Cabal. Otro de ellos es a las peregrinaciones que, de adolescentes, hicimos a un balneario popular que él tenía en una casa campestre, donde nos bañábamos en una piscina, aunque un poco fría por la ubicación del lugar. También había allí una pista de baile, donde nos reuníamos con nuestras novias.

Tiempo después conocí sus versos, de boca de Miguel Giraldo Rodas, cuando hacíamos tertulias y en ese momento habíamos fundado un periódico llamado Huellas de perro, en honor al desaparecido Iván Cocherín.

Contaba él que un día se encontraba Iván con Aparicio Díaz Cabal en un municipio de Caldas, y “Coche” le pidió que hicieran versos, por lo que Aparicio recitó:

Ay, qué aburrimiento

en este cruel municipio,

sin tener una mujer

que las penas nos disipio.

 

Tiempo después conocí, de boca de mis amigos de estudio en la Universidad de Caldas, uno más, dedicado a su hija Lía, y otros cuantos:

Toda vestida de blanco,

toda sentada en un banco,

toda llena de melanco: Lía

 

Yo tenía en mi casa,

una plantica de anturio

y de no echarle agua,

se me murio.

 

 En el jardín de mi casa

yo tenía un geranio

y un día se me murió.

¿Sería por el veranio?

 

 En un cuarto muy oscuro

 tengo guardado

 un lúgubre ataúd

¿No será para ud.?

 

Era María Luisa tan gorda

y su figura tan fofa

 que no cabía en el sofa.

 

 El hombre

que aborrece a la mujer

 merece que le den

por doquier.

 

En lo alto de mi casa

hay un palo de café.

Cada vez que subo y bajo,

me tomo un tinto.

 

Por aquella cañada abajo,

van dos ánimas perdidas.

Si no sabían el camino

¿Por qué se fueron por ahí?

 

¡Oh! ave que naciste

¡Oh! ave que has partido.

¿Será que está culeca

o será que no ha puesto?

 

Cuando en el suelo pálida

y aterrada yo te vi,

sentí el mismo golpe

que sentistes ti.

 

“Al otro lado del río,

peliaban dos toros pintos.

El uno era colorado

y el otro salió corriendo.[1]

 

Allá, en esa casa de ladrillo,

vivimos mi mamá y yo…

Allá abajo, en la hondonada,

no se ve nada…

 

Ayer traté de subir

al monte Vesubio

y no pude subir

porque el carro no me subio…

 

Al pasar yo por tu casa,

me tiraste un portafolio,

pero no creas que me dolio.

 

Ayer pasé por tu casa.

Me sacaste un revólver,

y me tuve que devólver.

 

Ayer me subí al armario

y como era tan alto

me mario…

 

Ayer pasé por tu pueblo

y me sentí solo y acongojado,

pero lo que no resisto

es no haberte visto…

 

En el Alto del Cocuy

el General Maza

mató mil enemigos

y se quedó muy…

 

Ayer pasé por tu casa

y cuando no te vi,

sentí la misma tristeza

que sentiste ti…

 

En el patio de mi casa

había un papayo

y estaba tan alto el palo

que se cayo…

 

En esta tumba fría

yace la esposa mía.

Y si ella descansa en paz,

yo descanso mucho más…

 

En el patio de mi casa

había una mata de níspero,

y al otro lado un avíspero…

 

Pensé en estudiar milicia,

pero en el examen

me rajó la policia…

 

Su lema de la Funeraria La Equitativa en 1931, en la que hizo su debut como publicista, fue:

Los mejores ataúdes,

los más baratos y tal,

 los vende Aparicio Diaz,

 detrás de la Catedral …[2]

 

De poesía política, estas muestras:

De luto está la liberal bandera

 por la muerte del general Herrera.

 Y como si no fuera bastante,

 está muy enfermo el general Bustamante

 Asesinos Galarza y Carvajal

 que matasteis brutalmente a Rafael

si no hubieráis hecho tal,

 ¿cómo estaría de contento él?

Obras de construcción de la avenida Fundadores. En la parte superior izquierda, el lugar aproximado donde quedaba la Funeraria La Equitativa. Fotografía / Cortesía.

Estos son los versos de quien fuera propietario de la Funeraria La Equitativa, cuyo lema era: “Funeraria La Equitativa, humanitaria y deportiva”, debido a que durante décadas patrocinó un equipo de fútbol amateur, siempre destacado en los eventos deportivos.

Con la construcción de la avenida Fundadores su edificio debía desaparecer. Pero Aparicio Díaz Cabal decidió hacer una campaña para evitarlo, quería, además, hacer un museo; pero fue imposible, su lucha no tuvo eco.

En 1977 fracasó una cruzada emprendida por Aparicio Díaz Cabal, para evitar la  demolición del edificio donde tenía la Funeraria La Equitativa, situada en la carrera 22 entre calles 31 y 32 (sector de Fundadores), en Manizales. Para ello, creó un tabloide llamado Fermín, cuyo editorialista era, nada más y nada menos que el famoso propietario de la funeraria; sus redactores, Roberto Montes Mathieu y Octavio Hernández Jiménez. Acá la nota que publicó al respecto en Fermín:

Aparicio había nacido en el municipio de Palestina, Caldas, en el año 1909 y residió en Manizales, dedicándose al negocio funerario. El primero pugilista y luego locutor Carlos Arturo Rueda C., después de laborar con él durante un año, le enseñó la técnica del lustre de las cajas mortuorias.

Falleció en 1979. Algunos dicen que se vio muy afectado por la desaparición de su edificio en el Parque Fundadores.

El adiós que Aparicio dio a su proyecto de vida con la funeraria. Fotografía / Periódico Fermín

Su legado como filántropo, versificador y empresario, ha quedado en la mente y en el corazón de quienes fuimos tocados por su sentido de caridad y por sus versos.

Finaliza su artículo, el editorialista José Jaramillo, en el periódico La Crónica del Quindío, con la siguiente nota:

“Hasta después de muerto, las circunstancias de don Aparicio fueron coincidentes con su estilo. A uno de sus parientes le pusieron el siguiente telegrama: “Murió Aparicio. Sepelio a las cinco.” Y el telegrafista despistado escribió: “Murió Aparicio. Se pelió a las cinco.”[4]

     Coletilla: Hay muchas versiones de estos textos, pero he buscado ceñirme a la rima y al sentido común, para no caer en desaciertos de versiones carentes de ritmo; en otros textos, tomados de algunos autores, que no son literatos, he hecho los ajustes correspondientes. Si encuentran algo que les desagrade, caiga sobre mí la culpa. Confío en que la rigurosidad aquí aplicada, lo justifique.

Nota del Editor: Si conoce otros versos o material sobre este personaje de la vida manizaleña, puede enviarlo, para su publicación, a direccion@lacoladerata.co

 

Bibliografía

Carlos Ricardo. Revista virtual Bagatela. Aparicio Díaz Cabal. Un desconocido discípulo de Neruda. Noviembre 18 de 2013.

Cadavid, Orlando. Periódico La Patria. La avenida de los locos. Domingo 20 de agosto de 2017. Manizales, Caldas, Colombia.

Jaramillo Mejía, José. La crónica del Quindío. Rescatar personajes. Domingo 09 de agosto de 2011. Versión digital.

Cadavid Correa, Orlando. Revista digital Eje 21. Diciembre 03 de 2016. El repertorio completo de don Aparicio.

 

[1] CARLOS RICARDO. Revista virtual Bagatela. Artículo. Aparicio Díaz Cabal. Un desconocido discípulo de Neruda. Noviembre 18 de 2013.

[2]CADAVID Correa, Orlando. Revista digital Eje 21. Columna de opinión. Diciembre 03 de 2016. El repertorio completo de don Aparicio.

[3] CADAVID, Orlando. Domingo 20 de agosto de 2017. Periódico La Patria. Manizales, Caldas, Colombia.

[4] JARAMILLO, Mejía. José Jaramillo. Periódico La crónica del Quindío. Página de opinión. Domingo 09 de agosto de 200. Versión digital.