Élfrida Satizábal Estupiñán es una poeta de gran sentido musical, que refleja en sus creaciones la sensibilidad de su mirada, las personas que la rodearon y los lugares que habitó.
Escribe / Jorge Eliécer Triviño – Ilustra / Stella Maris
Esta poetisa nacida en el departamento de Nariño, Colombia, el 27 de diciembre de 1948, tuvo el privilegio de ir por varias sendas de nuestro país. Inicialmente, estudió farmacología en Lewis center de Buenaventura.
Participó en diferentes encuentros poéticos, como El encuentro de literatura oral del pacífico colombiano, Encuentro de poesías internacionales dirigido por El Banco de la república, Poesías frente al mar, dirigido por el escritor y poeta Alfredo Vanín Romero, y perteneció, además a la Red de talleres de Escritura creativa Relata.
Publica en el año 2018, en el coleccionable Punto de siembra, Versos romanceros, donde se manifiesta como una escritora dotada de gran sensibilidad y gran sentido musical.
Sus versos se caracterizan por manifestar la belleza que sentía y la admiración por el mar, con el que tuvo contacto.
De esa publicación, extractamos el siguiente poema, que encabeza el desprendible, del que fue directora la poeta y escritora ansermeña Maria Ligia Acevedo.
MARINERO
Marino de inmensos mares;
con altivez el mar os desafía;
en navío montando te enalteces
y al vaivén de sus olas tú confías.
Miras las noches claras destelladas,
en tus pensamientos formas corazones,
es el corazón de la mujer amada
que dejaste antes de zarpar del puerto.
Es el barco la hamaca donde duermes;
son las olas, las manos que te acunan,
son las aves, el canto que te arrulla
y las estrellas, las luces que te alumbran.
Mas, deja volar tus pensamientos
al llegar el albor de un nuevo día,
como el soplo del viento te acaricia,
como vuelan las aves en el mar,
como el murmullo de las olas
que se escuchan.
Dejas estelas en el mar profundo,
luego marcas tu rumbo
en la rosa de los vientos
con la esperanza de llegar
a un nuevo puerto.
Pero su alma ama por igual a la montaña y al mar. De ello, da prueba fehaciente, en este reclamo que le hace a la humanidad, cantándole de manera portentosa y describiendo cuanto siente al contemplar al belleza inmersa en cuanto sus aguzados sentidos perciben, y lo nace con la donosura y suavidad de los pétalos de una rosa. ¿Quién de nosotros, no ha sentido la magnificencia de esas moles majestuosas que son las montañas? Ellas se erigen como monolitos, de los cuales el hombre ha querido copiar para darles la realeza que encierran en sus cuerpos.
He aquí la descripción sencilla y pura de un alma que, sin la menor duda, las amaba con deliquio.
LINDA MONTAÑA
El tiempo en ti está detenido.
Al mirarte de lejos
pareces un paisaje vitralesco.
Las hojas de los árboles
de tus bosques, parpadean
como lago de lágrimas
de vírgenes sedientas.
Una serpiente agazapada atisba
entre secas hojarascas
donde guardan
los secretos tus raíces
que, entre tu cuerpo
se esconden silenciosas.
Al tenerte cerca
se escucha crepitar
melodioso de la lluvia
que mezclado con las hojas
de tus bosques, forman
una perfecta y armónica canción.
Llega la noche…
Los bosques quedan silenciosos,
un rayo de luna
se posa sobre las ramas
de tus callados árboles
como un pájaro quieto
entre la sombra
de la floresta verde
de tu cuerpo.
Y mientras duerme,
se siente el olor
de tu profunda esencia
vagamente cubierta de rocío.
Una brisa morena te acaricia
haciéndote preguntas:
¿Qué será de ti linda montaña
cuando el hombre haya matado
todos tus rincones
y solo de tu pecho salga
un grito quejumbroso de agonía?
Pero entre todos sus poemas, nos sorprende, el que nos recuerda a Porfirio Barba Jacob, por la nostalgia y dolor que manifiesta al regreso a la estancia, que antaño fuera llena de árboles, matas, y de las aves que pasaban surcando el cielo cantando, Las enredaderas y las flores con sus perfumes.
RETORNO A LA ESTANCIA
Viajero que te alejaste
abandonando la estancia,
sin pensar que allí dejabas
los recuerdos de tu infancia.
Los árboles que guardaban
muchos secretos escondidos,
fueron todos arrasados
por huracanes bravíos.
Las matas de siempreviva
que la catira sembró;
en los veranos de marzo
todo el jardín se secó.
El camino que llegaba
de la estancia al palomar
lleno está de zarzamoras
no se puede caminar.
Las matas que se besaban
en el remanso del río
sus flores solo quedaron
para ataviarse los indios.
también los alcaravanes
que venían a cantar
se fueron con gran tristeza
con la luz crepuscular.
Hermosas enredaderas
que adornaban las ventanas
no esparcieron su perfume
jamás sus flores moradas.
En la estancia nada queda,
solo tristeza y olvido,
ni los pájaros cantores
volverán más por sus nidos.
Ahora que vuelves cansado
sin esperanza ni abrigo
solo quedan los recuerdos
de lo que dejó el estío.
Porque un verano de marzo
los árboles con sus nidos
fueron todos arrasados
por huracanes bravíos.
En el siguiente poema, la poetisa, analiza con gran precisión el proceso del envejecimiento, llegando a la conclusión de que ocurre, por la pérdida del fuego vital, por los dolores y amarguras que dejan una impronta y huellas indelebles que hacen más fugaz la vida, además del abandono de aquellos que dieron afecto y amor a la vida. Es un escueto escrito que nos hace pensar en la frase de un gran iniciado que fue Eliphas Levi, que plantea que la falta del fuego afectivo hacia toda forma vital, va produciendo el fatal desenlace y la vejez .
CABELLOS BLANCOS
¿Por qué te asombras
al ver mis hebras de cabellos negros
convertidos en metal, hilos de plata?
No ves que el tiempo deja desengaños,
se deshojan sueños, ilusiones,
se marchita el corazón, llega la calma,
y solo queda el recuerdo de lo soñado.
La fe se agota, como la savia
del árbol mutilado.
Las luciérnagas vuelan ya cansadas,
donde hubo capullos de fragantes rosas
con ellas se van las esperanzas.
El tibio mar perdido en las espumas
tiene sin embargo sus picachos blancos
llega el invierno y empieza a arreciar el frío,
las flores a perder su colorido,
moribunda la leña apenas arde,
las aves huyen abandonando el nido
por eso mis cabellos negros
se han convertido en cabellos blancos.
De todos sus poemas, hay uno que me llena de asombro y de encanto, porque escribe acerca de un amor perdido, pero lo hace con naturalidad conscientiva, como quien pierde un tesoro, pero lo asimila de manera portentosa, porque comprende que ese bien no le pertenece y le deja ir, como se va un vilano arrastrado por el viento. Al final, concluye que forma parte de un poema, de un romance, y que es la vida misma.
VERSOS ROMANCEROS
Hoy escribo mis versos cual la sombra
de grandes nubarrones y de mares;
fuiste escudero de todos mis penares
como el cántico sublime de una alondra.
Hoy escribo mis versos cual mi sueño
con la luz rutilante de una estrella,
en las gélidas noches sin querellas
tú fuiste de mi corazón el dueño.
Hoy escribo mis verso sin reproches
para ti ángel perdido de la noche
entre mares azulados y risueños.
Hoy escribo mis versos pasajeros
sobre caliginosas olas de los mares
formando partes de un poema romancero.
En la ciudad de Manizales, se publicó el libro colectivo Voces literarias, también bajo el auspicio de Maria Ligia Acevedo como compiladora, en el año de 2020, donde se publican dos hermosos y sentidos poemas. Escogimos uno de ellos, por ser representativo por la ternura y dolor que encierra.
EL COLUMPIO DEL ABUELO
Roída ya se encuentra la madera
del columpio,
que con manos temblorosas hizo el abuelo,
cuando la brisa le fruncía el ceño
y él canturreaba con placer sus versos.
un fuerte viento de paso huracanado,
quemó la lánguida rama del almendro un día.
Lo lanzó con fuerza en mis pedazos al suelo,
rompiendo el lazo que al columpio sostenía.
Pasa asomado el abuelo a la ventana,
mirando el almendro sin hojas y sin ramas,
con su estoico tabaco entre sus labios,
se resiste a alanzar su última humareda.
Orlado el sol tras las montañas,
con el grave silencio de su alma,
abandonó el almendro con sus frutos secos.
Jamás se le vio asomarse a la ventana.
La ciudad de Pereira, le dio albergue durante varias décadas y en su suelo y su cielo le vieron coronarse como poetisa y escritora.
No finalizaremos sin antes compartirles este poema para recordarla siempre:
ENTRE BRUMAS
Id y buscad entre las brumas
de ese cielo tapizado de azulejos.
encontraréis las iniciales de mis nombre;
guardadlo con celo en tu memoria
muy presuroso vuelve a mi presencia,
y verás que entrelazados de las manos
viajaremos por el ancho firmamento.
Y en los rayos refulgentes de la luna
esculpiremos nuestro amor como testigo,
mas, dejaremos un ósculo grabado
en la s penumbras del oscuro cosmos,
y seguiremos nuestro viaje de rutina
visitando las estrellas de una en una.
Su alma rauda, luminosa y radiante, iluminará como una estrella el sendero de tránsito de los creadores que se atreven a hollar el camino. Desde allí brilla Élfrida con luz propia.
BIBLIOGRAFÍA
ZATIZÁBAL, Élfrida Estupiñán. Versos romanceros. Punto de siembra. Coleccionable. Noviembre de 2018. Ligia Acevedo. Directora de colección. Impresión y terminado, Manigraf Grupo editorial GM S.A.S. Manizales, Caldas, Colombia .
ACEVEDO, Maria Ligia. Compiladora. Voces literarias. Primera edición, febrero de 2020. Impresión y terminado. Manigraf Grupo editorial GM S.A.S. Manizales, Caldas, Colombia.


