Arlt frente a sus contemporáneos

“En el grupo llamado de Boedo encontramos a Castelnuovo, Mariani, Eandi, yo y Barletta. La característica de este grupo sería su interés por el sufrimiento humano, su desprecio por el arte de quincalla, la honradez con que ha realizado lo que estaba al alcance de su mano y la inquietud que en alguna página de estos autores se encuentra y que los salvará del olvido”

arlt

Por: Alan González Salazar

En los años veinte, la dialéctica del localismo y del cosmopolitismo generó una famosa polémica entre los escritores argentinos, divididos en los grupos antagónicos de “Boedo” y “Florida”, nombres que corresponden a dos calles de Buenos Aires con características sociales muy diferenciadas[1]. Esta última, calle del lujo y del buen gusto, no mera aglomeración de almacenes de zapatería y cafés al paso[2].

arlt art.La polémica se inicia con el artículo “La Extrema Izquierda” de Roberto Mariani, publicado, irónicamente, en la revista Martín Fierro[3], principal medio de difusión del grupo de “Florida”, caracterizado por su acentuado cosmopolitismo. “Boedo”, calle del tránsito fabril en un barrio fabril, representa al sector urbano vinculado con la periferia y el proletariado, le interesa la obra de arte por su contenido, ignorando toda preocupación de orden formal; concibe la literatura como medio capaz de reflejar y cambiar los rumbos de la sociedad. Su fuerza reside en la narrativa comprometida con la realidad, que intenta retratar un mundo que acaba de salir de los horrores de la primera Guerra Mundial y que ve en la Revolución Rusa un modelo de evolución social. Tenía a su disposición como órganos de difusión cultural las revistas Renovación, Los Pensadores, Claridad y La Campana de Palo.

Nos dice Roberto Arlt en una entrevista que otorga en 1929: “En el grupo llamado de Boedo encontramos a Castelnuovo, Mariani, Eandi, yo y Barletta. La característica de este grupo sería su interés por el sufrimiento humano, su desprecio por el arte de quincalla, la honradez con que ha realizado lo que estaba al alcance de su mano y la inquietud que en alguna página de estos autores se encuentra y que los salvará del olvido”.[4] Otro aspecto importante que nos ofrece esta entrevista, si se tiene previo conocimiento de la influencia asfixiante del pensamiento francés en las vanguardias literarias argentinas y las búsquedas estéticas del grupo de Boedo, es la verificación de la influencia del expresionismo alemán en las novelas de Arlt, en los siguientes indicios: “La literatura inglesa y alemana no han encontrado traductores ni interés en los editores”.[5] Precisamente fueron Borges y Carlos Mariátegui los que se encargaron, el primero en 1923 y el segundo en 1927, de dar a conocer las nuevas tendencias del arte contemporáneo alemán en Argentina.

pag07b arltFlorida se refleja de modo transparente en la “fonética”, los de Boedo piensan que hay que incorporar a la lengua literaria las contribuciones del inmenso caudal inmigratorio arribado hasta los años veinte[6], característica notable del narrador de  Los Siete Locos, adrede contaminado por el lenguaje de una ciudad donde, entonces, vivían más inmigrantes que argentinos, a diferencia de Don Segundo Sombra (1926, el mismo año en el que Arlt publica El Juguete Rabioso), paradigma de la gran novela de los años veinte, precisamente por mantener implacable la lengua del narrador.

Florida miraba a Europa y a las novedades estéticas de la post-guerra; Boedo miraba a Rusia y se inflamaba con el sueño de la revolución universal[7].

Pero en algo coinciden grandes críticos como Schwartz, José Amícola y Borges. El primero nos dice: “los escritores que no pertenecen a ninguno de los dos grupos y son de difícil clasificación (…) En el primer caso está Roberto Arlt, imposible de encuadrar en una de esas dos escuela”.[8]

Roberto Arlt, Francisco Luis Bernárdez y Roberto Ledesma (1930).
Roberto Arlt, Francisco Luis Bernárdez y Roberto Ledesma (1930).

Para Amícola no encajaba por su falta de tipicidad[9] y en artículos y entrevistas Jorge Luis Borges se pregunta, “¿qué importancia tiene la topografía? La respuesta está, por ejemplo, en que un escritor como Arlt perteneció a los dos grupos[10]”, tiempo antes, también, le habían preguntado, “<<a quién lee de los nuevos?>> (…) <<de prosa es notable Roberto Arlt. También Eduardo Mallea. No leo otros.>>”. Es su respuesta en La literatura Argentina[11].

Esta discusión termina en 1927, con el cierre de Martin Fierro por razones políticas, pues su director, Evar Méndez, rechaza usar la revista a favor de la candidatura de Hipólito Yrigoyen.


[1] Schwartz, Jorge. Las vanguardias latinoamericanas. México: F.C.E, 2002.p.577

[2] González Lacuna, Eduardo. Los Martinfierristas, Ediciones Culturales Argentinas, 1961, p.100.

[3] Pos-Ídem p.578

[4] Arlt, Roberto. Los siete locos- Los lanzallamas, edición crítica, Mario Goloboff, coordinador, F.C.E. Madrid: Colección Archivos: 1ra ed.; 2000. p.716

[5]Ídem

[6]Pos- Ídem p.581.

[7] Estudios de Literatura Argentina, Buenos Aires, Galerna, 1969, p.35.

[8] Schwartz, Jorge. Las vanguardias latinoamericanas. México: F.C.E, 2002.p.579.

[9] Colección Archivos: p.679

[10] Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Casa Pardo, 1974, p.p. 16-17.

[11] Junio de 1929, pp. 14-15.