“Porque el sufrimiento tiene su fase juvenil y los hombres maduran y se gradúan en él”. Graham Greene.

 

Por: Diego Firmiano

Es una verdad irrefutable que Tyrone González, más conocido en el mundo del rap como Aka Cánserbero (sic), cantaba con un nudo en la garganta, es decir, con la rabia, la sinceridad y la pasión de un preso que agoniza y llora cada noche en su celda antes de ser condenado. Sentimientos reprimidos que canalizó por medio de la música. Dolores que fueron el fruto de sus dramas personales como la muerte por cáncer de su madre; el asesinato impune de Carlos, su hermano; la situación de pobreza que vivió en el barrio Las Ánimas uno en Maracay, Venezuela, y un par de accidentes más que lo transformaron en un artista de hip hop doloroso, sincero y crudo.

Dentro de sus canciones (y he procurado escuchar todo su repertorio) se expresan estas crudas experiencias de vida, se sienten estos cristales rotos, complementando cada párrafo rimado con un aluvión de ideas literarias, filosóficas y religiosas, que sin ningún tutor, tan solo motivado por el deseo de entender el mundo, sonsaca de los libros de historia y filosofía que hablan del hombre. Así, antes de los veinte años (y hasta los veintisiete cuando murió), se enfermaría de angustia existencial, porque el sentimiento de “mortalidad” había nacido en él a los nueve años de edad cuando vio la muerte de frente. En la canción “Hoy voy a mí” a dúo con Black Kamikaze, diría:

“Maldita muerte está en todas partes me ve de frente en el espejo en la ventana del carro en los sueños presente estoy consciente que tengo una cita con ella pronto pero mientras pueda iré por lo mío sacando rostro”.

Frase del Canserbero: “Y no se muere quien se va, solo se muere el que se olvida.”

Por ello, con plena conciencia de la brevedad de la vida, se propone expresar en el presente y para el porvenir, verdades que ha encontrado y que podrían despertar a los hombres a la existencia. Misión propia de los profetas de antaño que se erigen de tiempo en tiempo y que Canserbero, como un extispice, y a través de su música, osa revolver las entrañas de la sociedad para exponer la decadencia, mostrar la corrosión que puede llevar a la extinción y augurar un futuro desalentador para la humanidad. En esta etapa gusta y se impregna de la filosofía derivada de las películas de Ingmar Bergman y la pintura de Juan de Valdez Leal, de donde extrae el slogan “ni menos, ni más”, y configura los principios motores para su futuro estilo lirical.

“Hay que prevenir una guerra, ahh!

al parecer no pueden mantenerse en paz

los habitantes de la tierra

las aves cantan sus augurios observando los soberbios

desde los turbios cielos del suburbio….

Crujen los cielos, se mueven los subsuelos

y el astro jira raudo por el cielo como turpial mensajero

se escribe nuestra historia en una piedra del Olimpo

hablan de nuestra luchas entre el alma y los instintos. (Las ánimas)”

Tyron concibe un mundo imperfecto que solo puede salvarse, si el amor, que es una perfecta imperfección, interviene. Paradoja que se entiende en la figura de un hombre que juega contra un ajedrecista (la muerte), a sabiendas de que va a perder la partida, porque la parca está tan segura de ganar que de ventaja te da una vida (El primer trago). De ahí que vea la morte como una vida invertida, o el amor, como el sentimiento que apareció para hacerle frente al odio que era análogo y reinaba entre los hombres.

El primer slogan que adopta para esta misión fraterna entre la humanidad es “All we need is love.” Una idea que explora y configura todo el álbum “Vida” (2010),  que por lo demás tuvo mucha resonancia en los tracks: “¿Aceptas?”, “Martillos y ruedas”, “No justice”, “Hace falta soñar”,  entre otros, y que resumidos apuntan a una frase motora que cuestiona el Carpe Diem de Horacio: “¿Y la felicidad que?”:

Si lo estudiamos notamos que el amor está en segundo plano

Excepto el amor por lo que tengamos claro

Como el carro, la casa y toda esa “paja”

Que no nos podremos llevar

Cuando durmamos en la caja y es que…

Esta vida…

(All we need is love all we need is hope)

Es un ratico sí… Aprovéchala…

Vívela, vívela…

(All we need is love all we need is hope)

Es un ratico si…

Aprovéchala…

Frase del Canserbero: “Cuando yo me muera, lancen un lápiz en la caja de madera y no dejen pasar lo que en vida no quiera.”

Luego cambiaría a otra frase más sombría: “All we need is hate”, que impregnaría el estilo, la composición de las letras y su forma hostil de dirigirse hacia la vida y al entorno inmediato que le tocó vivir.

Señores, señoras frente a los televisores. Welcome a otro show del Can que hace que falsos lloren. Será mejor que corran cuando con un disco salgo. Y todos pegan carrera como los galgos. Presencien la segunda bajada de Cristo al mundo terrenal. Primero como humano, ahora como Hip Hop real.

Canserbero usa la música como un medio para este fin, aunque sepa, a conciencia, que nadie quiere oír la verdad. Esa verdad que en realidad es una mentira, y que no es algo sino tan solo un lente para ver las cosas. Por eso está dispuesto como un Zacarías a ser sacrificado en el límpido altar de mármol del establecimiento.

De ahí que algunos seguidores (fans) en la red, lo igualaran a otras personalidades espirituales como Maitreya, Jesucristo, Mahoma, Nostradamus, Vinoba Bhave, sin que por ello Tyrone profesara alguna religión, sino antes bien, como lo expresan sus letras, fuera un ateo declarado que en algún momento de su vida prefirió La odisea de Homero al Libro Santo. Líneas como estas son una clara muestra de ello:

“…no creo en la biblia sino en razonamientos lógicos” (Mucho Gusto); y: “Él solo logra orinar sobre un cedé comercial. Sobre biblia o sobre el discurso presidencial. (Enfermo).”

Así Canserbero era lo que recordaba. Un esgrimista del verbo que se hizo sentir en la existencia, cuya única culpa, parece, era haber nacido, y de ahí su constante diatriba de la vida con la muerte (y viceversa) en sus canciones, que lo convirtieron en un joven vibración, es decir, en un artista para el cual no existe el público, ni aún el mundo, sino su mundo. Por eso componía temas para sordos, para oyentes que no podían reconocer sus densos argumentos o que se inmunizaban por temor a encontrar en tales verdades rimadas un crudo destino que atañe a todos: la vida como farsa, la muerte como realidad, la hipocresía como norma social.

Frase del Canserbero: “Por ahora a mí el tiempo dirá quieénes son hermanos y si no hay, tranquilazo, me iré como vine al mundo, Solitario como perro aullando a lo profundo.”

Su mundo musical, compuesto por cinco o seis álbumes grabados en vida, y uno que otro tributo póstumo como “Resurrección”, “Canserbero +18”, “Dos mil siempre”, “Canserbero eterno” y “Margarita en vivo”, era una crítica al teatro de la existencia donde cita innumerables autores universales, pensamientos o sistemas, filosofías o dogmas. La lista de nombres, ideas, hechos históricos y más, en sus temas, es extensa, pues parte de los presocráticos, menciona a Jesucristo, recurre al blues primitivo, critica el chavismo más recalcitrante, y defenestra el trap más insípido como moda cultural.

Letras extensas e intensas como un amor a la inmortalidad, pero no al estilo religioso, o dogmático, sino como un pascaliano que formula preguntas sobre preguntas a la vida. Tyron era un mundo para sí mismo, emplazado en lugares solitarios donde prefería componer. Así prefería una noche en compañía de un poemario de Neruda, en vez de una fiesta en Petare, o en un lugar céntrico de Maracay. Escribía como un poseso, y cantaba como un escatológico.

Admirador del rap norteamericano del West Cost/ East Cost, y del hip hop latinoamericano en artistas de la talla de Mexicano 777, Tempo, La Colonia, Tiro de Gracia, Cypres Hill, y otros, desea estar en el panteón de los grandes del género. Por eso honra la tradición y los emcee (MC), ya que entiende que la clave de la grandeza está escondida, entre la sencillez y el respeto.  Actitud mental, que entre otras cosas, lo llevó a cantar al lado de autores modernos como Randy Acosta (Cuba), Rapsusklei (España), Mala Rodríguez (España), César López (Colombia), Liana Malva (Venezuela) Aniki (España), Rapper School (Perú) y, literalmente, con decenas de personas más, actitud que además lo posicionó en el mercado y entre un público sediento de buen rap, o al menos, de ese estilo que se creía extinto desde los años noventa: el underground, hardcore, progresivo, y otras modalidades que se habían extraviado en la moda del reguetón y el trap comercial de inicio de siglo.

La pelea con el mundo y la defensa de su arte no era lo único que reclamaba ante la sociedad o frente a su generación, sino que se esforzaba por crecer, florecer y llegar al punto Omega del hip hop. Destino al que parece haber llegado, pues cuando la divinidad le hizo un signo indicándole su partida, dejó entre letras los pasos a seguir para reconocer su muerte cuando fuera hora. Mensaje puesto en los temas: “Es épico”, “Como lo quiera llamar”, “Voy a mi” y en el 70% de los letras originales compuestos por él, donde detalla cómo iba a fallecer. Hecho evidenciado con la caída desde un décimo piso el 20 de enero de 2015; la imagen de su cuerpo inerte conserva cierta ironía socarrona. Ni más, ni menos, la vida y la muerte de Tyron José González Orama, más conocido con el mundo del Hip Hop como “Canserbero”, está en sus canciones, porque solo se puede ser culpable, admirado o respetado por las cosas que se han hecho voluntariamente.

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