Del Superhombre (“Übermensch”) en Goethe y Nietzsche (1)

Goya, Fausto

 

Texto: Iván Rodrigo García Palacios
Nota previa: Por andar de “Aprendiz de Brujo”, operando con las materias de la vida,
había dejado de lado mis juegos de Lector Ludi.
Pues bien, he aquí uno para retomar lo perdido.
La primera vez que Nietzsche menciona el Superhombre (“Übermensch“), lo hace en una de sus notas de diciembre 1882:
“No quiero la vida de nuevo. ¿Cómo he podido soportarla? Produciendo. ¿Qué es lo que permite soportar su vista? La visión del superhombre que dice que sí a la vida. Yo también lo he intentado ¡ay de mí!” (Citado por Mazzino Montinari, Nietzsche (publicado en Los hombres de la historia, CEAL, 1978, trad. Oberdan Caletti.), pág. 59).
Pero, ¿cuál es esa visión del “Superhombre (“Übermensch“) que dice que sí a la vida”, con la que Nietzsche, en ese diciembre de 1882, menciona por primera vez ese motivo y al mismo tiempo se lamenta, dramáticamente, porque poco más le ha servido para soportar los padecimientos físicos y anímicos que, por el conflicto y rompimiento con Lou Andreas Salomé y Paul Rée, lo afectan y lo tienen postrado, casi al borde del suicidio y temiendo el eterno retorno de su vida? 1
Como todos los pensamientos abismales de Nietzsche: el eterno retorno, la muerte de dios y la voluntad de poder, el delSuperhombre (“Übermensch“) también tiene un origen más encarnado y pasional; los que también están conectados con las lecturas y personajes que lo afectaron profunda e íntimamente en cada uno de sus momentos. Como bien se sabe, tanto el motivo del Superhombre (“Übermensch“) como los del eterno retorno de lo mismo y el de la voluntad de poder, se trasformarán en enigmas sin solución y laberintos sin salida, pese al empeño de Nietzsche por darles un desarrollo filosófico pleno y sistemático.
Los estudiosos de la obra y de los escritos de Nietzsche, tienden a ignorar esa primera mención que hace Nietzsche del Superhombre (“Übermensch“), en diciembre de 1882. Quizás porque es apenas una exclamación desesperada y sin ninguna otra anotación que la explique y desarrolle como acostumbraba para los pensamientos que consideraba importantes. Quizás, porque en ese momento era sólo un lamento que le permitía corresponder su lastimoso estado físico y anímico. Vaya a saberse.
Lo cierto es que, por múltiples convergencias y consideraciones, aquel motivo y aquella visión pueden ser conectadas con la visión de un más noble antecedente con el cual Nietzsche pretende elevarse y superase en su lastimosa situación a través de otra tragedia, la del “más grande de Alemania”: Goethe, al que admiraba desde su temprana juventud y al que, como tantos otros, consideraba su maestro y modelo de imitación y de superación.
Y en ese momento de su existencia Nietzsche se sintió cual Goethe en sus conflictos con Schiller y en su lucha por escribir y concluir la primera parte de su poema Fausto; ese poema y esa escritura que para Nietzsche serán espejo de sus padecimientos y escrituras en extraña sincronía, como que hacía poco lo había considerado tanto para el aforismo 341, sobre el eterno retorno como para el 342, sobre Zaratustra, en la Gaya ciencia.
Al igual que Goethe, quien escribió los primeros fragmentos de Fausto en 1772-73, a los 24 años, en medio de aquel enamoramiento por Lota (Charlotte) Buff, la prometida de su colega y amigo Kestner, el jurista y hombre mayor con el que entabló amistad en su época de aprendizaje en Wetzlar, momento y lugar en el que la tragedia también da origen a la obra más célebre de Goethe. Las desventuras del joven Werther, que tiene como motivo el suicidio de otro de sus colegas, igualmente enamorado de Lota. Después, en 1800 y en los años siguientes y hasta la publicación de la primera parte de Fausto, en 1808, Goethe luchará con la escritura del poema, labor en la que apenas logra entusiasmarlo la amistosa presión de su todavía amigo, Schiller. Pero a diferencia, para aquellos tiempos la situación sentimental de Goethe era otra y si bien, era socialmente complicada su relación con Christiane Volpius, su vida doméstica afectiva y sensual, le era satisfactoria.
Nietzsche debió recordar al admirado Goethe en ese diciembre de 1882 y le debió parecer evidente la simetría entre ambos. Debió recordar que catorce años antes se había encontrado por primera vez con Richard Wagner y que poco después inicia sus visitas a la casa de los Wagner en Tribschen, cerca de Lucerna, y se enamora de Cosima. Escribe el ensayo El nacimiento de la tragedia, como una explicación de la misión musical y filosófica de la obra de Richard Wagner, y como una manifestación de su admiración por el hombre. Igualmente, regala a Cosima algunos originales de sus escritos sobre la cultura griega y, en particular, escribe los fragmentos de Empédocles, lo que se proponía ser un poema para expresar su enamoramiento por Cosima, inspirado en la vida y en el poema de igual título de Hölderlin.
Pero también sus recuerdos le debieron mostrar el trágico contraste entre su situación de padecimiento y desasosiego, con aquella de Goethe que, para los primeros años del 1800, disfrutaba una satisfactoria situación afectiva, doméstica y sensual con Christiane Volpius, la misma que él habría pretendido con Lou Andreas Salomé.
Un mes y medio después, Nietzsche emprenderá la escritura de Así habló Zaratustra, cuya primera parte concluye en los diez primeros días de febrero de 1883.
Así se pueden establecer las correspondencias entre Goethe, Lota (Charlotte), Christiane, con Nietzsche, Cosima, Lou Andreas, Empédocles, Fausto, Zaratustra
 Continuará el martes próximo

NOTAS
1 Friedrich Nietzsche, Lou v. Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, pp. 189: “No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Que les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante 20 días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo -prometo- sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella”. Esta carta, de la que quedan dos versiones, así como otras anotaciones de Nietzsche de los días previos a la navidad de 1882, son tanto o más dramáticos y dolorosos en la expresión del despecho de Nietzsche por el rechazo de Lou y, lo peor, porque ella prefirió permanecer con Paul Rée.