nietzsche
Texto: Iván Rodrigo García Palacios
 Para no olvidar, Spinoza era el filósofo de cabecera de Lou Andreas Salome.
Por ello, a todo lo anterior es necesario agregar la importancia que en Así habló Zaratustra tienen el Superhombre (“Übermensch“) junto al bruniano y espinoziano “espíritu de la tierra” (“Erdgeistes“), esto dice Zaratustra:
“¡Mirad, yo os enseño el superhombre!
El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenas! Son envenenadores, lo sepan o no” (Así habló Zaratustra, I, Prólogo, 3, traducción castellana de A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 1972, p. 34).
(“Seht, ich lehre euch den Übermenschen!/Der Übermensch ist der Sinn der Erde. Euer Wille sage: der Übermensch sei der Sinn der Erde! Ich beschwöre euch, meine Brüder, bleibt der Erde treu und glaubt Denen nicht, welche euch von überirdichen Hoffnungen reden! Giftmeister sind es, ob sie es wissen oder nicht“. (Kritische Studienausgabe, edición de Giorgio Colli y Mazzino Montinari, DTV-De Gruyter, Munich-Berlín 1999, vol. 4, pp. 14-15)
Para ello, las autorizadas explicaciones e interpretaciones filosóficas que se han realizado sobre esos dos motivos y los autorizados análisis sobre las conexiones entre Fausto y Así habló Zaratustra, como ya lo han mostrado otros 2.
El término Superhombre (“Übermensch“) es de Goethe, como luego lo será de Novalis, Heine y una reminiscencia de Platón 3.
Ese Superhombre (“Übermensch“) de Goethe, junto con el bruniano y espinoziano “Espíritu de la tierra” (“Erdgeistes“), aparecen ya en De noche (“Die Nacht“), primer poema de la primera parte de Fausto, en el diálogo entre Fausto y el Espíritu:
Fausto: […] (Hojea el libro a desgana y descubre el signo del espíritu de la tierra)
¡Qué diferente es ahora este símbolo para mí!
Espíritu de la tierra, te me acercas”.
(“Faust: […] (er schlägt unwillig das Buch um und erblickt das Zeichen des Erdgeistes.) / Wie anders wirkt dies Zeichen auf mich ein! / Du, Geist der Erde, bist mir näher“).
[…]
Espíritu: […] ¡Qué lastimoso espanto se apodera de ti, oh superhombre! (“¡Welch erbärmlich Grausen/Fast Übermensch dich!“).
La exclamación de Zaratustra bien se corresponde con el lamento de Fausto y la respuesta del Espíritu. Un pensamiento abismal para el profundo sentimiento de un enamoramiento de imposible realización que bien se corresponden tanto para Fausto como para Zaratustra.
Bien conocía y recordaba Nietzsche la vida y obra de Goethe, por lo que no es de extrañar que en ese diciembre de 1882 se identificara con Goethe quien, en su momento, también se enfrentaba a los conflictos y a la rivalidad con Schiller, como él con Paul Rée, pero por el amor de Lou. Y, en cambio, para Nietzsche si era motivo de envidia el que Goethe, que para aquella época vivía en “concubinato”, si había encontrado en el amor de Christiane Volpius la sensualidad y el apoyo doméstico e incondicional, tal y como lo había deseado para él y se lo había propuesto repetidamente a Lou Andreas Salomé, casi hasta el punto de la imposición, lo que bien pudo ser uno de los motivos para que ella lo rechazara definitivamente.
En 1808 y luego de varios aplazamientos, Goethe publica la primera parte de Fausto.
No pretendo desentrañar la urdimbre de conexiones que emparentan Fausto y Así habló Zaratustra, esa labor ya la han realizado otros más autorizados. Mi propósito es también humilde y pasional: deseo mostrar algunas de las circunstancias vitales de Goethe con las que Nietzsche se identifica en aquel momento de diciembre de 1882 y por las que lanza ese lamento de Fausto y se identifica con el Superhombre (“Übermensch“) que en su dolor rechaza la vida y teme su eterno retorno.
Como bien se sabe, Fausto es una obra que Goethe escribió durante casi toda su vida y en distintas épocas críticas de su existencia, desde los primeros esbozos de su juventud, en los cuales resuma su experiencia existencial e intelectual, sus dramáticos amores de juventud, sus lecturas formativas de los clásicos griegos y las más apasionadas manifestaciones del “Sturm und Drang” (tormenta e ímpetu) que bien se avenían con el enigma y misterio de la leyenda de Fausto, ese personaje al que Goethe reinterpretaría a su aire y genio.
Desde esa primera versión: Fausto primitivo o “Urfaust” (1765-1771), hasta las publicaciones de la primera parte (1808) y de la obra completa con sus dos partes (1832), Goethe escribe Fausto en circunstancias críticas de su existencia, circunstancias críticas que, para la hipótesis descabellada que estoy proponiendo, son los espejos en los que Nietzsche mira su desasosiego y desesperación de diciembre de 1882.
Nietzsche por su parte, escribe la primera parte de Así habló Zaratustra en los diez primeros días de febrero de 1883. Las restantes tres partes las escribirá, la segunda, a mediados de 1883, la tercera, en abril de 1884 y, la cuarta, en abril de 1885.
Nietzsche identifica los motivos y a la protagonista de su tragedia amorosa, Lou Andreas Salomé, con Helena y Margarita de Fausto. La Margarita que pregunta a Fausto por su actitud frente a la religión:
“JARDÍN DE MARTA
(MARGARITA y FAUSTO.)
MARGARITA
Prométemelo, Enrique.
FAUSTO
Con todas mis fuerzas.
MARGARITA
Di, ¿cómo estás con la religión? Aunque eres un hombre bueno de corazón, me temo que no le das mucha importancia.
FAUSTO
¡Déjalo, niña! Ves que para ti soy bueno: por mi amor doy cuerpo y sangre; no quiero sustraerle a nadie sus sentimientos ni su Iglesia.
MARGARITA
Eso no me gusta, se debe tener fe.
FAUSTO
¿Se debe?”
(Marthens Garten
Margarete. Faust.
Margarete:
Versprich mir, Heinrich!
Faust:
Was ich kann!
Margarete:
Nun sag, wie hast du’s mit der Religion?
Du bist ein herzlich guter Mann,
Allein ich glaub, du hältst nicht viel davon.
Faust:
Laß das, mein Kind! Du fühlst, ich bin dir gut;
Für meine Lieben ließ’ ich Leib und Blut,
Will niemand sein Gefühl und seine Kirche rauben.
Margarete:
Das ist nicht recht, man muß dran glauben.
Faust:
Muß man?
(Johan Wolfgang Goethe, Fausto).
Tal y como lo hiciera la misma Lou en los días y noches felices del idilio de Tautemburg. Esto escribe Lou en su Mirada restrospectiva, esa memoria que escribió sobre sus relaciones con Nietzscne:
En una de mis cartas a Paul Rée desde Tautenburg la del 18 de agosto, ya puede leerse: “Muy al comienzo de mi relación con Nietzsche le escribí a Maldiwa que éste era una naturaleza religiosa, despertando con ello la más fuerte resistencia de su parte. Hoy quisiera subrayar doblemente esta expresión” “Veremos el día en que se presente como heraldo de una nueva religión, y será entonces una religión que reclute héroes como discípulos. Cuán igual pensamos y sentimos al respeto, y cómo nos quitábamos cabalmente las palabras y los pensamientos de la boca. Literalmente nos matamos hablando estas tres semanas, y lo notable es que, de pronto, él soporta ahora charlar cerca de diez horas al día.” “Es extraño que con nuestras conversaciones vayamos a dar involuntariamente a los abismos, a aquellos lugares de vértigo a los que alguna vez uno ha llegado trepando solo, para asomarse a las profundidades. Constantemente hemos escogido los senderos de las gamuzas, y si alguien nos hubiese escuchado habría creído que eran dos diablos conversando” (Lou Andreas Salomé, Mirada restrospectiva).
Y esta es una de las notas que escribió Nietzsche para Lou sobre los escritos que ella le ponía a su consideración en aquellos días de Tautemburg:
“La mujer más débil transformará a todo hombre en un dios, y de la misma manera obrará con las costumbres o la religión: por un proceso de sacralización las verá como algo intocable, definitivo y adorable. Es evidente que el sexo débil es más importante que el sexo fuerte en el origen de las religiones. Así serán las mujeres si se las deja solas, desde su debilidad no cesarían de crear “hombres”, o también “dioses”. Y como puede suponerse, ambos parecerían: ¡monstruos de fuerza!” (Friedrich Nietzsche, Lou v. Salome, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 152).
Mucho después, en 1894, en el estudio que Lou escribió sobre la obra de Nietzsche analiza el mismo asunto con mayor profundidad.
Además, lo ya dicho, Nietzsche le envidia a Goethe su vida sensual y doméstica con Christiane Volpius, la que él soñaba realizar con Lou. También, debe recordarse que, para el momento de la publicación de la primera parte de Fausto, Goethe mantenía una soterrada rivalidad con Schiller, equivalente a la que afectaba a Nietzsche con Paul Rée por el amor de Lou.
Nietzsche, como Fausto, también quiso realizar un pacto con Mefistófeles mediante el cual se le concediera el acceder a la Verdad, el conocimiento y el elevarse en el “Eterno femenino” y, por supuesto, el poder para conquistar el amor de Lou.
Similares a los de Fausto, son pues, el enamoramiento, el estado físico y anímico, los pensamientos y los anhelos que afectaban a Nietzsche en diciembre de 1882, los que se mantendrán en la escritura de Así habló Zaratustra y hasta el final de su vida lúcida.

***

Así empieza la primera parte de Fausto, con el lamento que Nietzsche hace suyo, como se podrá notar en la lectura completa del poema:
De noche
En un angosto cuarto gótico de techo alto y abovedado.
Fausto: (inquieto, en un sillón frente al pupitre).
He estudiado, ¡ay!, filosofía,
jurisprudencia y medicina,
y también, ¡por desgracia!, teología;
profundamente, con apasionado esfuerzo.
Y heme aquí ahora, ¡pobre loco!,
tan cuerdo como antes […].
(Nacht.
In einem hochgewölbten, engen gotischen Zimmer Faust, (unruhig auf seinem Sessel am Pulte).
Faust:
Habe nun, ach! Philosophie,
Juristerei und Medizin,
Und leider auch Theologie
Durchaus studiert, mit heißem Bemühn.
Da steh ich nun, ich armer Tor!
Und bin so klug als wie zuvor […])
.
(Goethe, Fausto, I, primeros versos del poema: De noche).
En las cartas escritas, enviadas y no enviadas, Nietzsche, melodramáticamente, expresa su despecho amoroso, su adolorida situación y los delirios de su mente, hasta el punto de atribuirse para sí mismo la situación de Fausto, tal y como se los escribe a Paul Rée y Lou von Salomé en Berlín, en sus cartas de Rapallo, hacia el 20 de diciembre de 1882:
“[…] Pues piensan ambos que soy a fin de cuentas un semi enajenado que sufre de jaquecas, a quien la prolongada soledad le ha trastornado completamente la cabeza” (Friedrich Nietzsche, Correspondencia, vol. IV, Trotta, Madrid, 2010, p. 303).
Ese es el fáustico Superhombre (“Übermensch“), esa visión en la que Nietzsche se encarna, dolorido y maltrecho, en diciembre de 1882. Sin embargo, un poco más de un mes después, es traspuesto, en Así habló Zaratustra, en el Superhombre (“Übermensch“) “del porvenir”, capaz de soportar, en la gracia de su “voluntad de poder”, “el eterno retorno de lo mismo”, para de ahí en adelante convertirse en enigma y perderse en el laberinto que Nietzsche no podrá resolver ni superar y con el que se silenciará en la locura. La leyenda de la muerte de Homero se repite.
Es ya cerca del final que Nietzsche, en Crepúsculo de los ídolos, intenta retornar a ese primer Superhombre (“Übermensch“) y a ese su origen goethiano, pero un paso más allá, en el abismo, y el modelo será César Borgia 4 (4).
Ya demasiado tarde:
“A quien un dios quiere destruir, antes lo enloquece” (“Quem deus vult perdere, dementat prius”)
Ariadna, Eros, Dionisios y Apolo, y, por supuesto, Fausto, han perpetrado su trágica venganza.

Notas

2 T. K. Seung, Goethe, Nietzsche y Wagner. Their spinozan epics of love and power, Lexington Books.
3 Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche, Biografía, 3. Los diez años del filósofo errante:
“SOBRE EL SUPERHOMBRE: Desde Naumann siempre se ha recordado cómo la expresión «superhombre» ya aparece en Novalis, Heine y Goethe. En sus fundamentos la idea ya está esbozada en el platonismo. Nietzsche mismo remite a esta fuente en un apunte de los años ochenta, donde él reproduce, recortándolo tendenciosamente, un párrafo platónico (Theages 126ª): «Cada uno de nosotros desea, en lo posible, ser el señor de todos los hombres, y preferiblemente dios.» En la formulación plotínica posterior la idea se lleva hasta sus últimas consecuencias: el anhelo y la tarea de los que filosofan es volverse «semejantes a Dios»
4Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos, Aforismos 49 y 37, respectivamente.

Publicado por originalmente en Lector Ludi