Despedida de la milonga y surgimiento del tango (2)

“Hay un vaso de ginebra. En el puerto se oye un ruido. Hay un vaso de ginebra a medio llenar. En el puerto se oye un ruido que anuncia el momento de descansar. Pero hay un vaso de ginebra a medio llenar que es alzado y bebido por un gaucho cansado. Ha terminado la jornada de trabajo y el gaucho lleva ya, vacíos, dos vasos de ginebra. ¿Qué se oculta tras ese vaso vacío? ¿Lo que en un tiempo estuvo lleno? o ¿lo que hay por llenar?” tango1

Por: Camilo Peláez

En su afán por no abdicar, el gaucho, el payador y la milonga –que los reúne a todos ellos–, deben recibir los embates[1] de un fenómeno que trae consigo todo un séquito de elementos que hará más difícil su resistencia. Aún no finalizado el siglo XIX, la milonga tambalea entre las guitarras y las improvisaciones de los payadores que, en su tonada sosegada y febril, no encuentran cómo versar aquello que está sucediendo.

Lo que en la milonga se contaba ya no le basta al “hombre” decimonónico, hay algo que falta, no solo en términos letrísticos, sino musicales. La vertiginosidad con la que estaba finalizando el siglo no correspondía a la calma con la que la milonga contaba lo que ocurría. De esta manera, el discurso de la milonga –y todo lo que en ella habita–, se empieza a desplazar hacia otras esferas –aunque más que desplazar, sería retornar a la anchurosa pampa donde su discurso sí atiende a los hechos que en ella ocurren–. Por consiguiente, de esas figuras que con la milonga surgieron –gaucho y payador–, algunos regresaron a la pampa para ensillarse en el caballo y otros para seguir repentizando su entorno. No obstante, aquellos que se quedaron en el puerto irían –como casi todo lo que en él había–, transformándose a tal punto de no recordar su origen para hacer parte de otro; incluso más fecundo y extenso que aquel que abandonaron.

Sabemos pues que la milonga cede su lugar en el puerto para regresar a la pampa fruto de un fenómeno al cual no fue capaz –¿o no quiso?– oponerse; mas ¿cuál es ese fenómeno? Fruto de una “modernidad” precipitada posterior a los procesos de descolonización, ese fenómeno –acompañado de otros factores[2]–, se llama tango, palabra harto ambigua en su etimología pero que Sábato –reconciliando otras aproximaciones–, supo precisar su origen en África, donde la palabra tango es utilizada para referir un lugar cerrado en el cual se baila[3]. De allí que el tango sea inicialmente, no solo en su etimología sino como género musical, netamente bailable.

Foto: Archivo General de la Nación Argentina.
Foto: Archivo General de la Nación Argentina.

Y aquí es donde hallamos la primera disyuntiva. Si bien la palabra tango nos remite a un contexto de candombes, donde el baile se convierte casi en un festejo y exaltación al cuerpo, en el baile del tango, como género musical, ocurre lo contrario. Lo que para unos era motivo de jolgorio, en el tango se había convertido en motivo de intimidad y discreción. El inicial tango bailable, antes de ser adornado con todos los firuletes[4] que con el tiempo se le irían añadiendo, gozaba de sencillez y claridad. Además, ¿cuánto virtuosismo se podía esperar de dos hombres que bailaban entre sí? En su primer momento, el tango se bailaba entre varones, mientras las mujeres –algunas-, esperarían su turno algunos años para entonces ser tomadas por un varón que las llevara a bailar. Y es acá, con la consolidación de una forma de baile, que la milonga “cae” frente al tango, puesto que aquellos payadores y gauchos que se quedaron en el puerto –mezclándose con los inmigrantes vascos e italianos–, han comenzado su proceso de transformación; un cambio que no sería por menos insignificante y que traería consigo la formación de nuevas figuras –ahora para el tango- y, por ende, una manera distinta de abordarlo.

En el último lustro del siglo XIX el tango ya había encontrado su forma de baile: austera, próxima e íntima. No obstante, en las orillas del puerto hay una figura que emerge con prontitud para fortalecerlo. Orillero por su origen, así se le conoce inicialmente al compadrito y, en términos bastantes técnicos, como el gaucho urbanizado. Junto a él, una figura poco reconciliadora con la primera: el malevo. Sus nombres, en el mejor de los casos, podrían sugerirnos algo, pero aún existiendo diferencias tan pronunciadas la 2confusión entre sí es muy recurrente. Compadrito se le llamaría equívocamente –al igual que al gaucho–, al delincuente. Sin embargo, será el que haciendo alarde de su virtud como bailarín y su percha, quien buscará a aquella mujer que esperando consigue bailar con un varón, aunque de este solo tenga la labia ya que no es amigo de blandir el cuchillo como parte de su vestuario. A quien no puede faltarle el cuchillo, y es hábil en el arte de blandirlo y hacer valer su utilidad, es al malevo. Este, a veces referenciado como orillero y otras como sujeto de la ciudad, no es tan percatado de su pinta y tiende a suscitar riñas, precisamente, con los compadritos.

Bien decía Borges: “… se trenzaba todavía el orilleraje y alguna cara de varón quedaba historiada, o amanecía con desdén un compadrito muerto con una puñalada humana en el vientre.”[5] Con todo y eso, había dos puntos donde el malevo y el compadrito convergían: el arrabal y la mujer. En uno se encontraba el otro. En el arrabal, el compadrito encontraba sus dos placeres: bailar y conquistar a una mujer; mientras que el malevo, pendenciero en su forma de actuar, igual encontraba los suyos: la mujer y la riña. Y, pese a esta forma de encontrarse el compadrito y el malevo, el tango y su baile se ven favorecidos, ya que de algunos pasos que el malevo usaba para blandir el puñal, los adopta el baile como movimientos clave; algo parecido a lo que Quevedo se refería con “una danza de espadas”, eso es el baile del tango.

Entre ochos, sentadas y corridas[6], que al malevo le sirven para atesorar su puñal en el vientre de un compadrito, a este le funciona para traer en su mano el cuerpo de una  mujer que bailará con él al compás de unos instrumentos que se escuchan en el fondo de un boliche[7]. En su comienzo, los instrumentos del tango aún no incluyen al piano, ni al invasivo bandoneón. Son en su origen, la guitarra –como forma nostálgica de recordar la pampa–, la flauta y el violín. El piano llegará rápidamente conviviendo con la flauta que, con la llegada autoritaria del bandoneón será totalmente olvidada, y dará paso a una instrumentación propia del tango.

De esta manera ya no es la milonga ni los payadores ni los gauchos, y mucho menos la pampa. Es ahora el tango, el compadrito, el malevo, el puerto, el arrabal y, en este último, la mujer; elemento que hará más compacto al tango y, cual caja de Pandora, lo hará regocijarse en sus males. El gaucho que, en el abdicar de la milonga se quedó en el puerto, ahora ve en el arrabal un lugar para desahogar sus penas y disimular el cansancio de la larga jornada de trabajo. Hay un vaso de ginebra y en el puerto se oye un ruido. Hay un vaso de ginebra a medio llenar y en el puerto se oye un ruido que anuncia el momento de descansar. Pero hay un vaso de ginebra a medio llenar que es alzado y bebido por un gaucho cansado. Ha terminado la jornada de trabajo y el gaucho lleva ya, vacíos, dos vasos de ginebra. ¿Qué se oculta tras ese vaso vacío? ¿Lo que en un tiempo estuvo lleno? o ¿lo que hay por llenar? Las dos cosas, lo que en un tiempo estuvo lleno ya no está y lo que hay por llenar en el vaso se colma solo con sus lágrimas.

(Continuará…)

[1] Entender embates en todo su significado. En especial aquel que lo refiere como los golpes impetuosos del mar.

[2] Ver el fenómeno conocido como “Ida y vuelta”, en el cual se da una influencia recíproca entre algunos géneros musicales de Europa y Latinoamérica.  Además, a esos “factores” hay que anexar la cantidad de inmigrantes que se precipitaron a  Argentina.

[3] Tango, Discusión y clave. Sábato, Ernesto, Ed Losada. 1963

[4] Firulete: Adorno, mudanza exagerada en un bailarín. Diccionario de lunfardo.

[5] Evaristo Carriego, Borges Jorge Luis, pág 25. 1930

[6] Recomiendo escuchar la canción Así se baila el tango, en la versión de Alberto Castillo.

[7] Boliche: Cantina. Diccionario de lunfardo.