De la pampa al puerto y del puerto a la ciudad: origen del tango

El presente artículo hace parte de una propuesta amplia que tiene por nombre “La mujer en el tango”. Si bien del presente tema se han escrito numerosas y significativas reseñas, son escasas aquellas en las que se hace una mirada histórica al fenómeno social del tango para analizar a la mujer, no solo desde el ojo masculino, sino desde el femenino. Miradas que no son por menos inocuas o innecesarias, ya que la mujer en el tango constituye gran parte del eje temático del mismo. De ahí que sea válido hacer el recorrido histórico, pensando en el por qué y el cómo surge la mujer y qué hace que se convierta en una constante en las letras del tango. Asimismo, surge la siguiente incógnita: ¿se puede pensar en el tango sin la mujer? Estas y otras inquietudes pretenden hallar una respuesta en los siguientes diez artículos, los cuales tendrán –para hacer más ameno el proceso de lectura–, un pequeño diccionario de lunfardo en los artículos en que este se utilice. No obstante, teniendo en cuenta la extensión de este proyecto –e intentando ser sensato con los pocos cuantos que leerán estos textos–, abro el espacio para que me sea corregido algún error, ya sea por desacato a algún hecho que consideren relevante o por el infortunio del tipo de texto bajo el cual escribo este tema y que me exige ciertas precisiones en cuanto a extensión.

1 PORTADA

Por: Camilo Peláez

Cuando comienzo a pensar ¿cuál es el origen del tango? Recuerdo que este se encuentra en el lenguaje en que lo estoy pensando: la palabra. Antes del tango fue la palabra y después de ésta la milonga. Contrario a lo que piensan muchas personas que vivieron en la época en que este ritmo no estaba elevado en un lugar sacro ni era objeto de tertulia para los tinterillos del intelecto, el tango no es la madre de la milonga, sino al revés: de la milonga, prematura en su nacimiento y en su final, tiene origen el tango. No obstante, ¿cuál es el nacimiento de la milonga?(1) Las letras que voy combinando, una a una, para formar posteriormente palabras son la fuente más próxima a la milonga. ¿A qué me refiero? Etimológicamente hablando, milonga quiere decir: palabra(2) , y por extensión palabrerío, pero no en el sentido peyorativo del término (abundancia de palabras vanas y ociosas), sino viéndolo como una forma de discurso, de contar algo y por qué no –esto en un sentido moderado–, de apalabrar, no tanto el mundo, sino los hechos que en él ocurren –esto será justificado, precisamente, en el discurso sobre el que versa la milonga–. De allí que se diga, entonces, que toda milonga es una palabra, mas no toda palabra puede ser milonga.

En este sentido, precisar los parámetros bajos los cuales se inscribe el discurso de la milonga en una sola fórmula sería caer en un gran error. Pienso, más bien, que en la milonga no se encuentra un solo discurso, sino un mismo objeto sobre el que se observa el mundo y se hallan diversas formas de apalabrar los hechos que en él ocurren. Apalabramiento que tendrá como espacio, básicamente, la anchurosa pampa de matices y relieves, de aspectos sencillos pero relevantes. Una pampa que no solo valdrá para justificar las letras de la milonga, sino para que en ella se genere el gaucho (3) , gente india y mestiza que utilizaba la extensa llanura para aislarse de la sociedad colonizada y también para hacer parte de procesos bélicos que ayudarían a una futura descolonización. Aspecto último de suma relevancia, puesto que en él se evidenciará el discurso de la primera milonga de la cual se tenga registro y es conocida como Milonga Rosista (1854):

Dicen que viene del norte / las tropas del general;
Con mucho galón dorado / que a Rosas quieren voltear / (…) (4)

2 Juan Manuel Rosas
Juan Manuel de Rosas.

Discurso que versa acerca de la llegada del general Juan Manuel de Rosas, quien fuera vencido por Justo José de Urquiza. Es acá, precisamente, donde cobra sentido lo planteado con anterioridad: la milonga no apalabra el mundo, pero sí concierta los hechos que ocurren en él, ya que sin acontecimientos no podría ser tal. De esta manera, lo que el milonguero hace, no es en mucho diferente a lo realizado por los antiguos aedos griegos (5). El milonguero –en ocasiones referenciado como el gaucho o payador–, se valía de todo lo que el contexto le brindaba para crear los versos en compañía de su guitarra que, posteriormente, darán cuenta del momento histórico en que se vivía. De allí que, en esta primera milonga, lo que se canta sea un suceso político-bélico y por eso anunciábamos que reducir las letras de la milonga a una sola fórmula sería un error, puesto que estaríamos desconociendo los otros discursos que con el paso de los años se fueron consolidando.

Siguiendo, pues, con la búsqueda del discurso de la milonga, cabe aclarar que los siguientes 20 años se irían en un cantar bélico (1850-1870). Esto hasta que la milonga logre desarticularse de los otros géneros que la influenciaban (6) y en el decenio de 1870-1880 se consolida como milonga pampeana. En esta, el discurso de la milonga tiene nombre y apellido: Gabino Ezeiza. Después de 1880 él se encargará de hacer de la milonga y su discurso una repentización de la pampa y, por si fuera poca cosa, incluir al payador en el género como figura central. Gabino establecerá en la payada un método de pregunta respuesta donde ganará el más ingenioso que, contrario a la dialéctica donde ganaba casi siempre el que formulaba la pregunta, en las payadas el que gozaba del ingenio era el que respondía, como lo demuestra el morocho Ezeiza cuando le preguntan por una ciencia oculta y canta:

Al que me mete metempsícosis / le contesto en estilo vario, / le contesto en estilo vario: / ¿por qué al mandarme la pregunta / no me mandó también el diccionario?

No obstante, este proceso de elocuencia y picardía discursiva en la pampa se vio afectado tempranamente por el fenómeno de la modernidad –que en términos latinoamericanos no ha sido la más satisfactoria–. Modernidad que iría dejando más llena de silencio y de vacío a la pampa, trayendo al gaucho y al payador hacia el puerto, y por ende a la invasiva y precipitada ciudad, donde estos no encontraban el viento y la infinitud que su tierra les brindaba. En consecuencia, aquello que los payadores pudieran improvisar de su pampa o de alguna situación en especial, ya no lo encontraban ni les era tangible en lo que ahora era su realidad, sino que debían acudir a los recuerdos y a la memoria para poder tener cercanía con algo tan lejano. Indudablemente, esta transformación generaría en el discurso de la milonga un cambio severo.

3 GABINO EZEIZA
Gabino Ezeiza

Ya establecida la milonga pampeana con la intervención célebre de Gabino Ezeiza, la milonga debía afrontar el reto de no perecer ante la modernidad. Propósito que con poco éxito logró llevar a cabo. La ciudad iba hilando sus trazos esquemáticos en la construcción de civilización mientras relegaba al puerto y a los barcos de carga a gran parte de mestizos e indios que otrora habitaron en la pampa –sin contar a los inmigrantes en un principio españoles y luego italianos, portugueses, alemanes y judíos–. Por consiguiente, en ese afán de los payadores y gauchos por no abdicar frente a una situación desconocida, nuevas formas y figuras empiezan a emerger del puerto y comienzan a radicarse en la ciudad.

(Continuará…)

1.La distinción que hago entre nacimiento y origen no es un mero recurso técnico para la sinonimia. Con esto pretendo aclarar que en la milonga hablaré de nacimiento debido al crisol de géneros musicales que la conforman y la dan como fruto en un fenómeno musical llamado Ida y vuelta -que consiste en la influencia que recibían algunos géneros musicales de Latinoamérica por parte de los europeos y viceversa-. Y me referiré al tango en términos de origen ya que hemos localizado a la milonga como la causa o fuente que lo genera.
2.“Diccionario de vocábulos brazileiros”, pág. 94
3. El gaucho aparece en los discursos históricos a partir del siglo XVIII. Después, todo lo relacionado con él se verá evidenciado en procesos de orden político-militar y posteriormente en la milonga. Ambiguo en su etimología, el gaucho remite a aspectos de “delincuencia”. (Rodríguez, Ricardo. Historia social del gaucho, 1982)
4. Horvath, Ricardo: “Esos malditos tangos”. Editorial Biblos, 2006
5. Distingo el aedo del rapsoda en cuanto el primero componía y se valía de un instrumento (la lira) para cantar los poemas, mientras que el segundo restringía su labor a la recitación de poemas anteriores sin instrumento.
6.Ver nota 1.