…cuando el padre en términos “edípicos” quiere esconder que algo anda mal en la casa o que algo no se ve bien, aunque lo hijos seguirán expresándose, protestando, estallando de diversas maneras y cuando ese padre, llámese Estado, llámese padre de familia -llamémoslo en el simbolismo lo que le queremos otorgar- pierde las herramientas del Nomos, de la ley, estamos entrando en la represión, en el territorio de una violencia de hecho.

VERÓN

Por: Alan González Salazar

La transformación en los ritos y los usos culturales, la filosofía después del Holocausto, Derrida, Nietzsche, los inmigrantes; temáticas estas caras a la sociedad contemporánea y puntos de reflexión para el pensador de ciudad que es Alberto Verón Ospina ( Pereira, 1965… ), quien diera a conocer a generaciones enteras de estudiantes los principales postulados de Walter Benjamin; es invitado a interpretar precisamente los cambios sociales que signan nuestra ciudad, Pereira, que se nos presenta, en sus palabras, como una metrópoli sitiada por la vigilancia y el consumo.

  • Se hace urgente un análisis de la protesta estudiantil en Colombia, signada por hechos violentos que han dejado múltiples víctimas.

Sería bueno preguntarse ¿qué ocurrió con los estudiantes que con una papa bomba perdieron sus extremidades en la Universidad Tecnológica de Pereira, o ese joven caleño  a quienes le estallaron unos explosivos que llevaba en su morral hace unos años?; habría que preguntarse ¿cuáles son las condiciones de represión social que engendran una sociedad donde eso pasa?, ¿cuál es el nivel de represión?, y no estoy hablando solamente del Esmad ni de policía, estoy hablando también de represión cultural, de conservadurismo, de pacatería.

Cuando los estudiantes de la UTP (Universidad Tecnológica de Pereira, en la actualidad en un paro que cumple dos meses) pintan un muro y al otro día ese mismo muro aparece completamente en blanco, ahí no solamente se está hablando de un tema de limpieza o de blanqueamiento de las paredes, estamos  hablando de un profundo temor a la crítica en lo que consideramos nuestra propia casa; y cuando el padre en términos “edípicos” quiere esconder que algo anda mal en la casa o que algo no se ve bien, aunque lo hijos seguirán expresándose, protestando, estallando de diversas maneras y cuando ese padre, llámese Estado, llámese padre de familia -llamémoslo en el simbolismo lo que le queremos otorgar- pierde las herramientas del Nomos, de la ley, estamos entrando en la represión, en el territorio de una violencia de hecho.

ALBERTO VERÓN

 

  • ¿En retrospectiva, su generación ha creado una visión de ciudad, ¿cómo es el panorama hoy?

Sin duda hay unas “mejoras”, si “mejoras” es que podamos sentarnos en unas sillas más cómodas o que tengamos más cafés y no estemos obligados solo a ir a la cantina, o que tengamos un museo de arte moderno, o que ya haya subvenciones para ciertas actividades culturales; uno quisiera que esas mejoras no fueran coyunturales sino políticas, que se lograran manejar a mediano plazo, porque sin duda, eso contribuye a la formación de la gente.Estamos en una ciudad, en una sociedad y en un tiempo sumamente competitivos.

En 1987 o en 1990 éramos cuatro, cinco o seis gestores culturales jóvenes en la ciudad, hoy se presentan 30, 36 o 100 gestores; obviamente hace 25 años no teníamos una carrera de filosofía, literatura, etnoeducación o de sociología cerca. Todo ese ámbito de sueños de la sociedad era todavía más reducido, de todas maneras en 25 años y gracias a la información que nos permeó de nuevos relatos, los que eran niños hace 20 años encontraron otros imaginarios con los qué identificarse, ya que sus padres, seguramente, no pensaron que sus hijos, aunque fueran de un origen humilde, podían ser poetas, artistas o escritores. En este momento hay una ebullición de subjetividades que van con el mismo crecimiento del número de habitantes de la ciudad, en consecuencia sigo pensando ¿qué tipo de crecimiento productivo puede tener la ciudad para que esas personas no tenga necesariamente que irse, para que no sean expulsadas por la ciudad y puedan crear desde ella sin tener que emigrar?

Porque lo que estamos diciendo es que una ciudad necesita gente que la cuente, gente que la poetice, gente que la teatralice, gente que la pinte. No podemos quedarnos en la nostalgia de unos relatos ideales del pasado, cuando hoy seguimos produciendo seres capaces de crear mitos. La educación se tiene que orientarse a estimular los sujetos para que cuenten su ciudad, que narren su entorno, porque lo sabemos en términos de terapia: un sujeto que esté escribiendo o frente a un computador creando algo, presentará menores funciones destructivas, es decir, en términos de un costo social, una mejoría en la vida. Hace 24 años éramos Gustavo Colorado Grisales, Rigoberto Gil Montoya, Guillermo Constaín Piedrahita, Lilian Salazar Chujfi, y aunque ellos son de una generación mayor que la mía, también los siento cercanos, como mis amigos.

Participamos de un proyecto común que fue el Suplemento Cultural del Diario del Otún, Las Artes. En ese suplemento se creó un grupo que hoy tenemos en edad más de 40 años, casi hasta 60, de manera que ya estamos hablando de la generación mayor de la ciudad. Nosotros expresábamos lo que pensábamos, lo que sentíamos, no era solamente el periódico donde se muestra la programación cultural de la semana, era un espacio de reflexión, como lo es hoy, creo que allí se aprendieron cosas, ese fue el referente entre 1992 y 1999.

Pereira por muchos años se sintió un “Patito feo”, el barrio obrero de Manizales. Experimentó cierto complejo de inferioridad ante la capital de Caldas, o ante la “ciudad culta manizaleña”. El pereirano aparecía como el pariente con plata pero con mala educación, y en parte era porque esa élite pereirana no se había podido proyectar, además de que era una élite más joven, las mismas condiciones que marcaron el territorio que iba a ser capital de un departamento: Pereira, lo que es Risaralda, pues era distinta a la región caldense.

Entonces mientras se iban construyendo todo esos cambios, el pereirano experimentó el complejo del “patito feo”, de hecho también estaba todo el tema del imaginario de la mujer o de que el hombre pereirano era un hombre “lobo”, de mal gusto, kitsch. Lo interesante es que esos correlatos no son completamente falsos, debido a que todo relato tiene algo de verdad en su trasfondo. Ahora bien, con los años hay una clase dirigente nacional, una élite, dela misma generación del presidente Gaviria, que se posiciona en ese momento de la historia y que muestra un aspecto de la ciudad. Si nos ponemos a observar con detenimiento, los pereiranos han estado en momentos importantes de la vida pública cultural de la nación y Pereira misma tiene unas características sumamente interesantes. Entonces ¿por qué desaparecer la huella de lo pereirano?, ¿por qué hacerse bogotano o por qué hacerse ciudadano del mundo rápidamente?, ¿por qué una escritora como Alba Lucía Ángel no pisa suelo pereirano? Cuando uno se encuentra con ese tipo de cosas, lo que se observa es que la ciudad está muy preocupada por construir sus héroes, pero lo importante de los héroes es que pertenezcan a todos los grupos de la sociedad. Afortunadamente la realidad desborda los diques o los límites que se quieran imponer.

Presentado en bogotá el número de la revista cuadernos de filosofía latinoamericana de la Universidad de Santo Tomas (1) (1)

 

  • Pensar Pereira en este siglo que amanece, ahora que cumple 150 años, ¿qué celebra?

El tema de las celebraciones son estrategias para construir memoria, no sé si llamarla memoria histórica o memoria política; es decir, los marcos de la memoria son marcos colectivos, entonces el grupo que tiene el poder, construye los elementos de memoria que se quieren recordar, creando unos dispositivos de recordación. Esos dispositivos los administra el grupo dominante o quien tiene los medios para manejarlos en la sociedad, estos dispositivos necesitan de unos contenidos, recordemos que un problema que tienen nuestras élites o por lo menos la local, es que tienen dificultad para contarse a sí mismas, entonces necesitan de sujetos externos que los cuenten.

En este momento ese grupo dominante pereirano tiene unos relatos con los cuales se identifica o desde los cuales cree tener una identidad, a través de la memoria, y me refiero al bambuco, a la poesía de Luis Carlos González, recientemente a un novelista como Alfonso Mejía Robledo, lo cual hace surgir la pregunta ¿por qué Alfonso Mejía Robledo sí, y por qué no otros? o ¿por qué no Silvio Girón Gaviria? Bueno, esa pregunta se puede responder porque Alfonso Mejía Robledo es de más antigüedad; pero yo apunto hacia otra cosa, cuando se crean esos dispositivos de memoria, es gracias al grupo que estimula la existencia de los mismos, un interés porque ciertas cosas se resguarden, surgiendo una nueva pregunta: ¿cuáles son las cosas que se olvidan? Hay que recordar que entre memoria y olvido existe una relación, no todo lo podemos recordar, hay muchas cosas que son olvidadas, y tal vez en esa franja de lo olvidado uno podría entrar a revisar, ¿qué es lo que los grupos que dominan la tribu, los grupos que dominan el pueblo, o los grupos que dominan la política de la ciudad en un momento determinado, quieren que se olvide o quieren que se les recuerde?

Entonces el tema de Pereira en estos 150 años es el tema de la fundación y es un tema de la fundación antioqueña, nosotros no nos queremos parecer al Cauca que es lo que yo diría la parte olvidada o la parte oculta de la historia; lo que yo te quiero señalar es que las memorias tienen intereses, son dirigidas, porque es desde la memoria que un grupo social se legitima.Yo siento que los 150 años que se celebraron de Pereira, fueron los 150 años de lo que hoy es el centro de Pereira, la Pereira de hace 80, 70, 60, 50 años es solamente el Centro, hoy existen varias Pereiras (Cuba, Gamma, Villa Santana, incluso Dosquebradas) y los 150 años de Pereira no tocan ¡No tocan esas nuevas Pereiras de la migración, esas nuevas Pereiras del desplazamiento, esas nuevas Pereiras de todo ese proceso de construcción, esos nuevos gustos, esas nuevas estéticas! Por eso digo que afortunadamente la realidad le gana a los afanes de museificación, concentración o solidificación de una memoria. Así, la celebración de los 150 años de la ciudad deja en claro que hay una gran preocupación por canonizar, por legitimar, por enterrar, por sacralizar unas fechas, unos personajes, un momento y creo que eso está bien para el museo y está bien para la historia y está bien para los libros, pero eso nunca arañará o llegará a alcanzar la velocidad de la misma realidad, una realidad tan diversa, tan mutante, tan compleja, que nos está hablando desde distintos lugares de la ciudad, desde jóvenes que tienen diferentes experiencias de la vida.

 

  • Sus inquietudes literarias en la juventud lo vincularon al mundo poético, el trabajo posterior se concentró en la investigación. ¿Qué le sucedió al poeta?

En 1981 o 82, tenía yo 17 años, entré a participar del taller literario Luis Vidales que funcionaba en lo que fuera la casa de la Amistad Colombo-Cubana, de este taller hacían parte Silvio Girón Gaviria (ya fallecido), el poeta José Vega Bravo (también fallecido);  José Rozo Gauta, historiador; Víctor Fernando Naranjo, que creo que aún vive en Londres; Nelly Arias de Osa. Yo era de los pequeños, también recuerdo que estuvo el poeta Luis Vidales en la fundación oficial del taller literario. Luego, en ese mismo contexto 1982-83, con un amigo, Juan Carlos Velásquez, que es hoy un hombre de medios de comunicación en Medellín, creamos una hoja literaria que se llamó El Elefante Rosado, allí empezamos a publicar poemas con ilustraciones, se publicaron poemas de Liliana Herrera, de Gustavo Colorado, míos, ilustraciones de William Cardona, de Juan Carlos Salazar, nombres que han seguido en la producción cultural del país. Paralelo a la experiencia del Elefante Rosado, yo era director de un Cine Club Juvenil que funcionaba en el teatro Comfamiliar. Esa relación cine club-Literatura ya estaba muy presente, lo mismo en la generación anterior a nosotros, la de German Ossa, de Víctor Naranjo.

  • ¿Qué siguió luego de esa experiencia literaria inicial?

Luego, en 1984, me voy a Manizales, empiezo a estudiar Filosofía y Letras. Para esa misma época empiezo a publicar en La Patria de Manizales, allá también entré a trabajar como periodista, fui llamado por Orlando Sierra e ingresé acompañado de Wilson Escobar, que hoy es crítico de cine y de teatro. Empecé a hacer arqueología de lo que estaba pasando en Pereira en los años 30 y reedité artículos de la Pereira de esos años, incluso descubrí una publicación en revista del libreto de la película “Nido de Cóndores”, la encontré en Variedades; el libreto era de Alfonso Mejía Robledo. Luego Rigoberto Gil empezó a trabajar de una manera muchos más académica y sistemática esos años 20 en la ciudad. Para ese momento yo estaba leyendo a Walter Benjamín, Baudelaire, al Paris de finales del Siglo XIX, y todas esas lecturas marcaron mucho el enfoque, la recepción de la Pereira que estaba haciendo por esos años. Para 1996 empecé a enseñar filosofía en la Universidad Libre y en la Universidad Católica, y paralelamente estaba haciendo periodismo cultural, siendo esta una época muy bonita de mi vida, y empecé a redescubrir la filosofía, la mejor manera de aprender es enseñar. En 1999 gané el concurso del Instituto de Cultura de Pereira con un libro de poemas “Paisaje urbano del siglo que amanece”. Ya en 2000 ingreso a la Universidad Tecnológica de Pereira como profesor de planta y tengo una nueva experiencia que es enseñar en la Licenciatura de Etnoeducación y Desarrollo Comunitario. A mediados del mismo año empecé a publicar en un periódico, Le Monde diplomatique, que se edita en Bogotá, eso coincide con el viaje que realizo a España para desarrollar mis estudios doctorales. Publico dos libros:” Walter Benjamín. Pensador de la ciudad. Usos y recepciones en América Latina” y “Filosofía y memoria, el regreso de los espectros”, el cual fue editado en Manizales con Hoyos editores y luego empezando esta nueva década del 2000 publiqué un libro sobre el tema de memoria y víctimas que titula “Víctimas y memorias / relato testimonial en Colombia”. Espero dar a conocer en su momento este otro capítulo que se abre.