Esta enseñanza acerca de Lo Esencial es fundamental para la mente del ser humano, ya que se ha perdido de vista, y es tan trascendental su conocimiento y aplicación a todas las actividades humanas, que daríamos un salto cuántico con respecto a nuestro desarrollo.

 

 Por: Jorge Triviño

Consuelo de Saint Exupéry escribió el precioso libro: Memorias de la rosa, para relatar las experiencias que tuvo con su esposo, el piloto Antoine de Saint Exupéry. En él, describe —como solo ella pudo hacerlo— las relaciones amorosas y tormentosas con quien llamaba amorosamente: Tonio.

Las descripciones que hace desde el momento que lo conoció en la República Argentina son bastante amenas y conmovedoras en algunas ocasiones, debido a la forma de vivir y a los amoríos del aviador.

 

Antoine y Consuelo durante uno de los días felices del matrimonio. Foto / Cortesía.

Sorprende que haya sido capaz de convivir con aquel genio, de comportamientos tan extraños, como tener de mascota a un puma, viajar constantemente, cambiando de domicilio; lleno de amigos amantes de la alegría, del juego, la risa y del buen vino.

Lo siguió a través de América hasta Europa y, al final, hasta los Estados Unidos de Norteamérica.

Era una paloma atormentada tras su adorado palomo.

Hay una descripción de él, al final de su libro —que nos deja perplejos—, pues hay que leer más de doscientas cincuenta páginas para saber algunas cosas interesantes.

“Lo amaba por su torpeza, por sus andares de poeta, por su aspecto de gigantón que escondía un alma sensible. Sabía desplazar objetos pesados sin esfuerzo y al mismo tiempo tenía la gracia de recortar en un papel fino aviones que lanzaba al cielo desde lo alto de una terraza, y que planeaban sobre las casas vecinas…

       Olvidaba su estatura de árbol, siempre se golpeaba la cabeza con el dintel de las puertas, inevitablemente. Cada vez que entraba en un taxi se hacía un chichón en la frente, sonreía y declaraba que aquello era un entrenamiento para caídas más graves.”[1]

       Esta descripción —roza apenas con la delicadeza— que Consuelo hace para hablar de él, pues lo adoraba a pesar del sufrimiento que tuvo al compartir su vida.

Antoine de Saint Exupery. Ilustración / Fidel Martínez

Renunció a una pensión que le dejara su esposo, el escritor Enrique Gómez Carrillo, y a sus derechos de autor, por ir tras el piloto y escritor.

Sus obras anteriores a El Principito como: Vuelo nocturno y Viaje al sur, no le habían dado tanto renombre a Antoine de Saint Exupéry.

 

Nacimiento en una pesadilla

Hay un escrito de Madame Blavatsky acerca de la llegada a la tierra de un ser que toca las lindes de la fantasía, pero al que hay que hacer referencia, por la importancia y trascendentalismo que tiene en la vida del autor francés.

        “Con el estruendoso bramido de un torrente y envuelto en ígneas nubes que cubrían el firmamento de disparadas lenguas de fuego, descendió entonces de inconcebibles alturas, relampagueando a través de etéreos espacios, la carroza de los hijos del fuego, de los Señores de la Llama, que venidos de Venus posaron sobre la “Isla Blanca” risueñamente tendida en el seno del mar de Gobi.

Estaba la isla reverdeciente de follaje y radiante de matizada floración, como si la tierra ofreciese la más amorosa y galana bienvenida a su llegado rey, el Kumara Sanat, “El doncel de diez y seis estíos”, el de la perpetua juventud, “perpetua y virginal juventud”, el nuevo gobernador de la tierra”[2]

        Esta narración sería de poca importancia para la literatura, si no fuera porque Exupéry tuviese lo que llamó un panne en el desierto de Gobi.

Cuenta a su esposa Consuelo que tuvo una pesadilla, de la cual surgió su obra clásica.

Ese Principito o Príncipe del mundo, en realidad es el gobernador del mundo actual. Se dice que su residencia es el interior de la tierra, y que Shambhala es una de varias puertas de entrada.

Las enseñanzas dadas por este Petit Prince, son en verdad, invaluables, como veremos en el siguiente pasaje en el que se cita al zorro:

“—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”[3]

 

Esta enseñanza acerca de Lo Esencial es fundamental para la mente del ser humano, ya que se ha perdido de vista, y es tan trascendental su conocimiento y aplicación a todas las actividades humanas, que daríamos un salto cuántico con respecto a nuestro desarrollo.

Los Rosacruces la han tenido como una de las más importantes en el desenvolvimiento de sus facultades, y Arnold Krumm Heller, la enuncia en su hermosa obra Rosa esotérica.

 “Busca lo Esencial. ¿Sabes tú qué es lo Esencial?, lector querido. Escucha…

       Todas las cosas en la Naturaleza, todo cuanto ves y no ves, todas las formas cristalizadas y aun aquellos que tu pobre retina no alcana a divisar, tienen un punto esencial, una substancia íntima, un espíritu alado, inconsútil, por el que viven y se desenvuelven.

       Todo lo demás es secundario, accesorio, no inútil, porque la inutilidad no existe dentro de la magna obra del Universo”[4]

        A buscar lo Esencial, nos invita la vida, ya que, por la falta de capacidad de búsqueda de Lo Esencial, los seres humanos han fracasado en su intento de llegar a la cima de la realización.

La ausencia de ideales, el escaso cultivo de la sensibilidad, y el carácter endeble, han hecho mella en la psiquis de los seres humanos que no encuentran un derrotero fijo, una brújula que les guíe en el sendero de evolución. Se han descarriado y como zombies siguen a sus ídolos de barro.

Han hecho estatuas de limo que creen contener todo cuanto buscan. La ciencia materialista les parece más perfecta en sus lineamientos y por eso la creen a pie juntillas, sin meditar un poco antes de hacerse seguidores. La religión con sus engañifas que prometen un cielo eterno, si siguen sus preceptos literalmente les ofrecen una recompensa más allá de esta tierra, por unas cuantas monedas.

Los políticos, con su palabrería, les infunden confianza y prometen el cielo y la tierra juntos, pero su egolatría es tan perversa como nociva.

Un ejemplar subastado con imágenes originales de Saint Exupery y autografiado por el autor.

Transformación

Si cada uno se dedicara a pulir la piedra bruta de su personalidad, transformando el barro en pedernal, se lograría un perfeccionamiento mayor en poco tiempo.

Si se cultiva el carácter en grado sumo, se tendría la fuerza para mover el mundo con ese apalancamiento. Nada se opone a una voluntad férrea atizada por el fuego del amor.

Los hombres que poseen firmeza de carácter, amalgamado con el amor hacia un ideal, triunfarán indefectiblemente. Nada les es imposible, pues un acero templado jamás se rompe ante las dificultades, jamás se tuerce y nunca se inclinarán ante el poder avasallante.

Los prototipos de los héroes tienen esa magia de despertar por simpatía a otras almas. Todos, de niños y de adultos, nos identificamos con ellos, y por eso sufrimos cuando les venos sufrir, lloramos cuando lloran y reímos cuando sabemos de sus triunfos frente a las dificultades que tuvieron que vencer.

Si buscásemos la Esencia de las cosas, nunca nos dedicaríamos a la fabricación de armas, sabiendo que muchos seres humanos en todos los continentes se acuestan sin comer, que muchos mueren de inanición y de sed.

Jamás nos dedicaríamos a utilizar el poder en favor de los potentados, de los terratenientes y de los regímenes totalitarios.

Tendríamos como prioridades el alimento, la educación, la salud, los servicios básicos de los más necesitados y la cultura y la recreación.    Protegeríamos las cuencas hidrográficas, los bosques, las selvas, el patrimonio histórico.

Los arquitectos, pensarían más en el beneficio colectivo, en vez del personal. Los médicos, los artistas, los ingenieros, los abogados, es decir, los profesionales, pensarían menos en su peculio, pues se verían recompensados si obrasen para el bien de la colectividad.

Los medios de comunicación no estarían en favor de aquellos que ponen el dinero como fundamento de su quehacer; a cambio, delectarían con artículos que enaltecieran y elevaran el sentido divino de la sociedad, darían a conocer la verdad como la base de su labor y advertirían de los peligros nefastos de la mentira y del engaño.

Si se busca lo Esencial dentro de cada ser —en el interior—, en su corazón, hallarían la perla más preciada, pues no tendrían que luchar con sus pensamientos egotistas.

Los grandes iluminados han hecho énfasis en esta verdad, pero el utilitarismo, el cortoplacismo y el afán de réditos económicos han cegado a la humanidad.

Es bien sabido que nuestra estancia aquí y ahora, es muy corta, aunque sean cien o más años de vida, y que solo nos llevaremos como equipaje aquello que hayamos sentido y comprendido sobre nuestra existencia, nuestro planeta y nuestro universo.

Todo lo que amamos debemos dejarlo atrás: nuestros seres amados y todas posesiones por las cuales luchamos denodadamente.

El pensamiento que utilizamos todos los días nos parece menos importante, al igual que nuestro sentir y nuestros deseos. Ilustración / Daniel Blanco

En busca de lo Esencial

Lo Esencial es invisible e intangible. Solo se capta con el alma, con nuestro sentir, y la mayoría de las veces, acallamos esa voz silenciosa, misteriosa y sutil.

El pensamiento que utilizamos todos los días nos parece menos importante, al igual que nuestro sentir y nuestros deseos.

La electricidad, el magnetismo, la fuerza de gravitación, las fuerzas electro químicas y las fuerzas de la naturaleza, son poderosísimas, paro carecemos del sentido de comprensión necesario. Las usamos y las aprovechamos a nuestro favor, pero no entendemos a cabalidad su poder.

La ciencia moderna ha encontrado que el centro cardíaco tiene consciencia de sí mismo y de su entorno circundante, pero la incredulidad y nuestra aherrojada mente nos engaña con su sentido separatista. El corazón es un músculo involuntario, que será un día voluntario.

“En la alegoría árabe se nos dice que Aladino (El Ego) friccionaba suavemente la lámpara maravillosa y que al instante se le aparecía el genio para servirle en todas sus nobles aspiraciones. Igualmente el estudiante  debe palpar con su pensar y su sentir esa divina lámpara que palpita tras su pecho,”[5]

       Ya los alquimistas han enunciado esta verdad trascendental, pero la ciencia oficial la ha negado.

Afortunadamente la inteligencia ya no se cataloga por conocimientos de carácter mental; existen ocho tipos, según el doctor Howard Gardner: Inteligencia lingüística, Inteligencia musical, Inteligencia espacial, Inteligencia lógica-matemática, Inteligencia corporal-kinestésica, Inteligencia Intrapersonal, Inteligencia Interpersonal e Inteligencia Naturalista.

Los seres humanos hemos trasegado a través del tiempo y del espacio, encontrando cosas nuevas, pero hemos olvidado que todo cuanto buscamos se tiene dentro de sí mismo.

Pero no nos apartemos de otras enseñanzas dadas por Exupéry en su obra El principito.

“El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.”[6]

       “Lo que me emociona tanto en este principito dormido es su fidelidad por una flor, es la imagen de una rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, aun cuando duerme… Y lo sentí más frágil todavía. Es necesario proteger a las lámparas. Un golpe de viento puede apagarlas.”[7]

Dejó las siguientes palabras a su amada Consuelo, antes de partir, para nunca más volver:

“No estés celosa de las palomas que, en el exilio, aquí, han venido a arrullarme en francés y me han acompañado con todos nuestros amigos hasta tu puerta. No podía deshacerme de ellas. No las maltrates. El amor que no echa raíces es ruidoso, pegajoso, y yo me voy, se acabó. Cuando esté lejos, habrá otros rostros, otros amigos y otras palomas, ya lo sabes. Pero tú eres distinta.

Mi casa está en tu corazón, y allí me quedaré para siempre.”[8]

 

Ilustración en acuarela original de El principito.

Terminaremos diciendo como nuestro poeta colombiano Porfirio Barba Jacob: Exupéry “Era una llama al viento y el viento la apagó.” pero nos dejó una obra llena de belleza y sabiduría.

[1] DE SAINT EXUPERY. Consuelo. Memorias de la rosa. Ediciones B.S.A., Barcelona, España. 2000. Págs. 260,261

[2] Fraternidad Rosacruz Antigua. Folleto. El pelícano. Págs. 6-9

[3] De Saint Exupéry. Antoine. Editorial Círculo de lectores. 1981. Pág. 72

[4] Heller Krumm. Rosa esotérica. Editorial Kier s.a. Santa Fe 1260. Buenos Aires. 1976

[5] Rojas Israel. 46 lecciones de endoterismo. Aula Rosacruz Luxis Rakokzy. Palmira 1980

[6] Obra citada. Pág. 74

[7] Obra citada. Pág. 78

[8] De Saint Exupery. Consuelo. Memorias de la rosa. Ediciones B.S.A., Barcelona, España. 2000. Págs. 260,261