Texto leído durante la presentación de la edición crítica de la novela Rosas de Francia, de Alfonso Mejía Robledo, realizada por Rigoberto Gil Montoya y César Valencia Solanilla.

9447171510_363dc7d600_z

Imagen tomada de: http://farm8.staticflickr.com

Por: Yusleiby Mosquera* 

En este mundo tan diverso, se han escuchado un sin fin de historias de amor, unas vividas en medio de locura, otras entre la pasión y el desenfreno y unas pocas simplemente se viven en un acto tan abstracto y personal que permite hacer realidad cualquier idea, acción y deseo, por muy descabellado que parezca. 

Pretendo demostrar en las siguientes líneas lo majestuoso del amor en la obra Rosas de Francia, del escritor Alfonso Mejía Robledo, haciendo un contraste entre la época del romanticismo y nuestra época actual.

El amor de hace algunos siglos era rotundamente sentimental y psicológico, el más simple cortejo era la mayor y mejor forma de expresar los sentimientos.

“Algo más hondo, más poderoso, algo indescifrable influía en el alma de Ricardo. Los ojos y la sonrisa de Lucila Pinar no podía olvidarlos un momento y sentía el aroma de la gran rosa de Francia que había colocado entre un vaso de cristal, muy cerca de la cabecera de su cama.

Lucila, desde la misma noche en que le había sido presentado Ricardo y en que le había conocido tan intensamente en sus estrofas, no pudo dormir en paz y despertó al día siguiente con el final de una estrofa de su poema entre sus labios”.

En la época de Lucila y de Ricardo la pureza del amor era realmente evidente. Sin necesidad de llegar a lo atrevido, la pasión era mucho más fuerte, el contacto más íntimo se daba entre sus corazones, sus conversaciones más sinceras eran a través de miradas y el beso más profundo era en la frente. “…Y, acercándose a Lucila, con una lágrima en los ojos, imprimió un beso en la frente de la que tanto amaba y se alejó rápidamente…”

Alfonso Mejía Robledo. Imagen tomada de: http://4.bp.blogspot.com

Alfonso Mejía Robledo. Imagen tomada de: http://4.bp.blogspot.com

En nuestra realidad más inmediata este sentimiento de amor es demostrado de una manera más espontánea, haciendo quizá que se vea menos puro. Impregnado del contacto físico, sin ningún tipo de inhibición, atado a circunstancias, afanes, desventuras, que han ido a través del tiempo, desechando lo bonito de este sentimiento.

Cuando hablamos de un amor marcado por la prohibición, tal fue el caso de Lucila y Ricardo, nos encontramos con unos personajes que traspasaron esta barrera, pero lo hicieron a través del diálogo y de la sinceridad, expresando con sus palabras ese respeto que también merecían los otros.   Hoy, en la mayoría de los casos, hablamos de amores prohibidos pero que son fruto de relaciones extramatrimoniales, con los cuales nunca se podrán alcanzar los sueños ni los ideales.

Quiero finalizar hablando de esa entrega total, de ese amor tan puro y verdadero, de esas ganas de batallar que ambos alimentaron, de ese amor reflejado en esos nobles e inmensos sentimientos que perduraron a pesar de la distancia, y que unió dos almas jóvenes y radiantes acompañado siempre de las más hermosas rosas de Francia.

*Estudiante de la I.E. Jaime Salazar Robledo, grado 10.