El Biznizman

En Colombia, el trafico de armas ilegales es un mercado que mueve millones de dolares al año.  Acá han hecho negocios bélicos desde el israelí Yair Klein que armó e instruyó a las A.U.C, hasta el ruso Viktor But, que por medio de Vladimiro Montesinos envió un cargamento de fusiles a las FARC. Con Donald Trump al poder, la situación de los traficantes de armas podría tomar un giro inesperado.

 

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Por: Diego Firmiano

Se le puede disparar a cualquiera, menos al cartero, es una ley romántica y  al ex-militar ruso Viktor Anatolyevich But, llamado “el cartero más eficiente del mundo” no le dispararon sino que lo despojaron de su oficio y le quitaron las cartas.  ¿Su encomienda? Vender y enviar armas para alimentar las guerras internas de África, Medio Oriente y Colombia.

 Su último día en libertad, en el 2008, negociaba en Tailandia misiles, fusiles y otras armas, con un agente encubierto de la D.E.A (Wim Brown) -quien que se hacía pasar por un alto jefe de las FARC-  para, según el “guerrillero” que hablaba un acento cubano medio arrastrado, matar gringos. Es obvio que le faltó sentido común a But para saber que la guerrilla colombiana no mata gringos, mata colombianos. Y que las FARC no compran armas a los rusos sino a los mismos norteamericanos, además a delivery.

 

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El señor But, que además es apodado el mercader de la muerte, fue por mucho tiempo considerado un mito en el mercado negro de las armas. En los años 90 y entrado el nuevo siglo algunas autoridades se preguntaban sobre quién era ese hombre que hacía posible la guerra al llevar municiones y armas a los lugares de conflicto. Hollywood alistó sus armas con una película interpretada con Nicolás Cage y Jared Leto `The Lord of War` y una empresa editorial lanzó un libro titulado “Merchands of Death”, escrito a dúo por Douglas Farah y Stephen Braun, que sospechosamente fue superventas en las librerías anglosajonas.

 

El comerciante

Pero en el fondo, el ruso era un comerciante neutro y no un conspirador como siempre lo vio Estados Unidos quien monitoreaba sus movimientos financieros subrepticiamente. Un hombre con talento para los negocios que veía un nicho empresarial sin explorar y que s041211_bout_vl-widecin vacilar lo atendía. Su carrera comienza cuando da un brinco del comunismo al capitalismo, después de la disolución de la U.R.S.S, y empieza a importar de los países socialistas alimentos hacia Rusia: cerveza, Coca Cola, dulces, ropa. Hasta que, en 1993, junto a su amigo Sasha Kibkalo, establece una pequeña empresa de aviones en Bruselas con un plan de negocio simple: arrendar aviones de carga abandonados de la antigua Unión Soviética.

Pero ante un eminente quiebre económico de esa sociedad, se separó de su socio y  amigo y  viaja a Sharjah, Emiratos Árabes, para hacer negocios libres.  Ciudad que había sido en alguna manera, el Hong Kong del comercio del Golfo Pérsico. Allí con tan solo 300 dólares establece una flota de envío de productos hacia la madre Rusia, y con el pasar del tiempo (no mucho), ya movía millones de dólares en el mercado y se consolidaba como uno de los empresarios más prometedores de Asia.

 

África

Fue al estallar las sangrientas guerras civiles en los países sudafricanos, que el señor But ve otra inmensa oportunidad de negocios. Así es que se establece en Pietersburg (hoy Polokwane) Johannesburgo, y funda una base operativa de negocios con la excusa de transportar animales salvajes a coleccionistas privados, además de enviar diamantes a Europa y maquinaria para construcción. En tres meses de llegar a Sudáfrica ya había abierto una ruta nueva de mercado en ese continente, pues abogaba por “zonas de libre comercio en todo el mundo”. Algo así como después de liberarse del puño opresor de Joseph Stalin, prefería la mano invisible y rica de Adam Smith.

Negocia armas y aviones con los gobiernos de Angola, Liberia, El Congo, Sierra Leona, Uganda cobrando en dolares y diamantes y promete abastecerlos de sus necesidades primarias. En su afán de lucro y viendo la demanda, también surte a la oposición de material bélico, es decir a los guerrilleros, entre ellos el famoso Jonás Savimbi y otras facciones del FNLA.  Las armas negociadas por But eran de segunda mano, las que habían quedado en desuso a raíz del desplome de la U.R.S.S.

 Los norteamericanos empezaron a interesarse en él a raíz de que autoridades sudafricanas elaboraran un informe a la O.N.U en el año 2000 donde confirmaban que But tenía cinco pasaportes, vivía (en ese entonces) en los Emiratos Árabes Unidos, casado, y según parecía, era un alto agente de la KGB.  Para Estados Unidos este era el perfil de un hombre que debía ser capturado, porque abastecía de armas no solo a los gobiernos legales, sino a los rebeldes u opositores de esos mismos gobiernos.

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Tailandia

Así fue que empezó a elaborarse la operación “claro y limpio”.  Inteligencia norteamericana sabía que Viktor But tenía dos aviones en el Congo que deseaba vender, y la D.E.A contactó a uno de sus socios, al también ruso  Andrew Smullian para que acordaran con él una reunión, donde guerrilleros de las FARC, negociarían armas para la causa revolucionaria. El encuentro se dio en Tailandia en un prestigioso hotel céntrico.

 Ya en el interior, en una oficina espaciosa y aparentemente privada, se encontraban sentados Ricardo (Win Brown) y Carlos (Robert  Zachariasiewicz), los supuestos compradores de armas de las Farc; y en el otro Andrew Smullian y Viktor But. Las negociaciones duraron algo más de una hora, y la conversación que entablaron fue clave para conseguir la confesión del Ruso, sobre el tráfico de armas para la guerra:

Ricardo: “now we need friends, Viktor. I want to kills those gringo sons of bitches. They´re not going kill us in our sleep anymore. How can we defend ourselves with a rifle against a Black Hawk of an Apache. We´ve been fighting and that´s the reason we want to kill them.

Vicktor: “I´ve  understood the situación, well, very urgent, because they´re killing your people  and you don´t have. Ok, let´s  make a list of your needs

Luego entró inteligencia Tailandesa y los capturó.

 

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25 años de prisión

Para nadie es un secreto que el Pentágono también tiene su portafolio de armas y, ejecutivos que venden estas armas en completa ilegalidad para desestabilizar gobiernos que no tengan afinidad con sus intereses expansionistas. Caso conocido fue el del traficante armenio Sarkis Soghanalian, quien trabajo para la C.I.A bajo la administración de Ronald Reagan contratado para vender armas a Irán cuando esta se enfrentaba contra Irak en los años 80 y 90; o el israelí Yair Klein, quien entrenó las guerrillas paramilitares de Colombia, llegando al país recomendado por el gobierno de los Estados Unidos. 

Así es que no hay duda que el “mercader de la muerte” quedó envuelto entre el tira y afloja político entre Washington y Moscú.  Hoy con la llegada de Donald Trump al poder y sus relaciones simpáticas con el gobierno de Putin, quizá se reabra el caso de But, el “Biznizman”, ya que, desde una corte federal de New York fue condenado desde el 2010, a 25 años de prisión.

@DFirmiano