Y es precisamente esta cultura la promotora en el mundo de una horrorosa necesidad de protección bélica, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde comprar un arma no es menos difícil que comprar una caja de cereales.

SEBASTIÁN AGUILAR 3Por Sebastián Aguilar

Ante la dramática escena del tiroteo –el más mortal en la historia de Estados Unidos– ocurrido el pasado domingo en el club Pulse de Orlando, Florida, los ojos de todos se dirigieron nuevamente a la presunta nación más poderosa del mundo. Una masacre tocó de nuevo territorio americano, esta vez involucrando a la comunidad LGBTI, reabriendo la discusión sobre el uso y la posesión de armas en la sociedad norteamericana.

Omar Siddique Mateen, estadounidense de 29 años y ascendencia afgana, es el nombre que emerge en todas las noticias que relatan la peor matanza a tiros que ha sufrido ese país; eventualmente y en el marco del conflicto Mundo vs ISIS, se determinó que el móvil del crimen fue, sin lugar a dudas, una enfermiza homofobia que llevó a que el susodicho, en un ataque de odio, se enlistara como un simpatizante más del Estado Islámico.

El hecho causa revuelo por infinidad de asuntos que van desde los derechos humanos hasta la politización de la masacre y la cultura del miedo, que es, al fin y al cabo, una de las causales por las que se ha teñido esta tragedia de cuestiones religiosas, políticas y, naturalmente, islamofóbicas.

Y es precisamente esta cultura la promotora en el mundo de una horrorosa necesidad de protección bélica, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde comprar un arma no es menos difícil que comprar una caja de cereales.

En su pronunciacimiento como Presidente, luego de la masacre, Obama manifestó su preocupación aludiendo a sucesos como el de Columbine en el 99, recordándole a los americanos: “cuan fácil es para alguien poner sus manos en un arma que le permite dispararle a la gente en una escuela, un templo de oración, un teatro o una discoteca”.

Más allá de si el atentado fue un crimen de odio hacia la comunidad homosexual o un verdadero acto terrorista, se debería reconsiderar la facilidad que se tiene en este mundo de resolver las diferencias y los disgustos con violencia, porque es ahí donde radican todas las masacres.