Toda guerra es un fratricidio. Una disputa, en su mayoría, entre pueblos hermanos. Una hoguera de rencores que consume las entrañas de quienes la viven, un camino lleno de cadáveres, una ciudad para huérfanos y viudas.

 

Por: Jorman S. Lugo

La salsa es mucho más que música para bailar: sus letras narran la vida del latino en medio de escenarios adversos: discriminación, pobreza, marginalidad. Pero su cantar no es lastimero. La sonoridad y las letras reflejan actitudes que se rebelan contra las adversidades.

Aquellos hombres y mujeres en su camino encontraron guerras, bloqueos e invasiones. Vieron que todo estaba siendo quemado por el fuego de lo absurdo. Fiel a su estilo el movimiento dejó que los soneros se encargaran de pedir libertad. Impuso los trombones para rechazar las tropas invasoras; propuso los pianos contra los que derramaron sangre. Sin perder vigor, se opusieron a un mundo que pretendió devorarlos.

Pero, ¿cómo sonaría un conflicto bélico orquestado por latinos?

Alfredo Guzmán hace un álbum junto a su orquesta llamado Melodías soviéticas en ritmos cubanos donde incluye, entre otros temas, el inicio de una guerra. La canción arranca con unas trompetas que alertan, que despiertan a los reclutas. Sigue con una marcha alegre hacia el campo de batalla. De repente, el entusiasmo se ve interrumpido por disparos. El caos, la desesperación, el deseo de sobrevivir. La muerte. Al final, las trompetas y el saxo muestran soldados abatidos, volviendo mutilados de un conflicto que no iniciaron.

Con el estallido de la guerra Willie Colón convoca a las multitudes para gritarle No “A los que resuelven problemas, con agresión y bombardeos”. Sabe que su postura es incómoda, pero no va a retroceder. En su pedido va más allá, poniendo el foco en los que sufren el conflicto muriendo en el frente mientras que los generales, en la retaguardia, solo mueven las fichas del tablero.

En medio del conflicto la sociedad cambia sus dinámicas. Se divide. Lo que para algunos es un sinfín de oportunidades para otros es un Mundo negro  lleno de rencores, odios, maldad. La humanidad se convierte en un mensaje de destrucción y pesimismo.

 

Entre esperanza y desesperación

Perdidos el rumbo y la confianza en el ser humano, otros, como Nelson Feliciano, invocan los poderes divinos y ruegan para que descienda una Luz del cielo y acabe con todo el sufrimiento.

Desde Panamá una voz conversa con la humanidad en busca de explicaciones. El lamento camina a ritmo de guajira y en su queja se pregunta “¿hasta dónde nos vas a llevar, por tu trágico sino, humanidad? ¿Cuál será tu destino?”. El canto es más cercano al desengaño, por saberse parte de una raza destructora, que al desprecio de la misma. Es sentirse partícipe del teñido de sangre en el mundo; es entender que las campanas que doblan por alguien, en realidad, doblan para todos. Es sentirse impotente frente a la humanidad y saber que al estar frente a ella, solo un abrazo o un beso sangrante se le puede dar, porque las perlas del llanto le sirven para acrecentar su collar.

Toda guerra es un fratricidio. Una disputa, en su mayoría, entre pueblos hermanos. Una hoguera de rencores que consume las entrañas de quienes la viven, un camino lleno de cadáveres, una ciudad para huérfanos y viudas.

Johnny Zamot recurre al hastío para oponerse a matar. ¿Por qué asesinar a los hermanos? ¿Cuál es el motivo para mutilar una familia? ¿Qué pasará con las mujeres de los que mueren en el frente? ¿Por qué alguien ordena semejante barbaridad?

Tecato se adhiere a Zamot. Pero en su guaguancó no hay esperanza. Los trombones y el teclado vaticinan que La paz nunca será.

En Nueva York se sufre por el Caribe. Los músicos con raíces latinas sobrellevan la discriminación y la marginalidad mientras ven las patrias de sus padres enfrentarse a disputas e invasiones. Algunos, como Eddie Palmieri en compañía de Ismael Quintana, utilizan el sonido del tambor para pedir Justicia.

The Brooklyn sounds hace un llamado por la libertad teniendo como base trombones potentes. La fuerza de su mensaje es lo sonoro: deja ver que, en medio del afán y el estrés propios de las grandes ciudades, se pueden hacer pausas para la reflexión.

El desgaste que genera la guerra en las sociedades es infinito. Va mucho más allá de las destrucciones arquitectónicas o los impuestos para sostener económicamente el conflicto. Tiene que ver con sentirse vulnerable, perdedor; tiene que ver con tener un miembro de la familia mutilado física y psicológicamente; tiene que ver con que los vivos, los que se quedaron en casa, tienen que enterrar a los que regresan.

Eso es a lo que Dax Pacem le canta. “No vaya, no vaya pa’llá/Si quiere llegar acá en pedazo”. El tono íntimo de la canción explora el drama familiar y cotidiano de las madres que tienen hijos en medio de la guerra. Es una suerte de súplica filial que se pregunta ¿Cuándo viene la paz para tener nuestra familia completa?

Frankie Dante refuerza la idea de Pacem mostrando con crudeza “cómo caen los muchachos en la batalla”. En los pregones insiste en que el mal pronto se va a acabar si las madres no mandan sus hijos a pelear.

Manny Oquendo también quiere que todo termine pronto. Pero su foco es distinto. En su canto dialoga con los desafortunados, los que perdieron todo, a los que ninguna guerra beneficiará. Además, hace visible a los desamparados, mostrando que para ellos todo podría estar mejor en una sociedad en paz. Un mundo mejor, más justo, sin racismo ni peleas absurdas sería mejor para todos, por eso en el coro repite ¿Cuándo se acabará? ¿Cuándo llegará ese día?

Antes de terminar toda guerra las sociedades deben surcar travesías que sacan lo mejor y lo peor de cada una. Muchas veces, el reto más grande, el que demanda más energía, es el último. En esos casos, la mayor parte de la sociedad debe manifestarse de manera contundente para que todo termine y poder volver a empezar.

Rubén Blades da fe de ello escribiendo una canción musicalizada por Bush y su nuevo sonido. Muestra el momento decisivo de la liberación del pueblo panameño que estuvo bajo la invasión estadounidense. En sus líneas habla de la valentía y la dignidad de un pueblo que no se rindió. “Orgullosa, sobre el plomo voy flameando mi bandera en blanco, azul y con rojo sangre de ¡Ascanio Arosemena!”. Es una canción hecha para no olvidar a los que dieron su vida a cambia de la libertad de una nación.

En Puerto Rico también levantan su voz contra la intervención de Estados Unidos en la isla. La orquesta Amistad canta por El Estado liberal, para que las tropas extranjeras salgan de San Juan y Ponce, para que la gente no adopte otras costumbres, otros idiomas. Hace un llamado a la soberanía. El estilo de la orquesta es inconfundible. Los trombones se complementan con los teclados, creando una atmósfera densa, pesada y a la vez íntima.

Pero el éxodo de las tropas invasoras no es inmediato. El reclamo debe ser constante si se quiere ser efectivo. Fania All Stars se suma a Bush y La Orquesta Amistad y compone una guajira para exigir que Vieques, un islote puertorriqueño, quede libre de explosiones. No quieren que su territorio sea utilizado como lugar de experimentos. No quieren fuerzas armadas extranjeras alterando el orden del Caribe.

Las guerras nunca son iguales en todo el mundo. Cada lugar tiene su característica diferencial. En Colombia el conflicto es silencioso. Afecta más indirecta que directamente a la sociedad. Joe Arroyo lo experimenta y habla en su canción de una sociedad que le teme a ese enemigo mudo que ataca de manera despiadada e impredecible. La tranquilidad cotidiana se pierde y en las casas “Las puertas están selladas, las ventanas están trancadas”. Ya no se puede caminar tranquilo por ningún lado y nadie sabe nada, nadie ha visto nada.

¿Cuántos conflictos armados podrían evitarse si se eligen mejores gobernantes? ¿Si se escogieran líderes capacitados para solucionar las diferencias evitando las armas? ¿Cuántas muertes se evitarían?

En Presidente Dante, Frankie se lanza para gobernar el universo latino. Su propuesta busca unificar a la sociedad alrededor de la cultura. La economía la enfocaría en la inversión social y el beneficio comunitario. Las familias verían crecer a sus hijos. Sí Dante fuera presidente, la milicia no existiría y la guerra no tendría lugar porque los jóvenes estarían donde pertenecen: en sus casas. Sería posible vivir en paz.

Al final la salsa fue el periódico del latino. En sus páginas se resistió. Sus historias se encargaron de mostrar la dignidad que hizo fuerte al Caribe y que le permitió sobrevivir al tiburón que acechaba para devorarlo.